Rotura de lanza por los libros (y editoriales) minoritarios

10:54 pm July 23rd, 2008

Vuelvo sobre algunos flecos a los que no he podido atender. Al releer el artículo de Félix Romeo en ABCD 854 del 14 de junio, no quiero dejar pasar la oportunidad de romper una lanza, virtual y simbólica, por los autores y editoriales que menciona, además de añadir algunos otros de mi cosecha (pido desde ya disculpas por los que omito, por puro desconocimiento y, como ya he justificado en mi página “Acerca de mí“, porque esto no deja de ser un blog fragmentario, por lo que invito a los interesados/as a enviarme todas las referencias que deseen. En muchas ocasiones, estas editoriales operan desde lo que con visión bastante centralista se ha dado en llamar la “periferia”).

Pues bien, aclarado esto, paso a mi labor de difusión viral de los libros mencionados por Romeo y algunos otros míos:

Se trata, por ejemplo, de KRK ediciones (en la que trabaja Ricardo Menéndez Salmón), Impedimenta de Madrid, que ha publicado, por ejemplo, un delicioso libro de Andrés Ibáñez El perfume del cardamomo, Atalanta de Vilaür (Gerona), que ha publicado El terremoto de Chile (Das Erdbeben von Chili) de Heinrich von Kleist, con tres de los mejores relatos de uno de los románticos alemanes imprescindibles (por cierto, felicidades por el diseño de la página web). También Libros del Asteroide de Barcelona, que han publicado Vientos amargos de Harry Wu y Carolyn Wakeman. De mi consecha añado a vuelapluma Gens ediciones de Madrid, donde trabaja Sergi Bellver, conocido bloger y profesor de escritura creativa. No quiero dejar pasar aquí la labor de editoriales de auténtica calidad, que debido a su arraigo en el mundo editorial español, casi han perdido la aureola de independientes, aunque lo fueron, y mucho, en sus inicios: Siruela, Trotta, Lengua de Trapo, Hiperión o incluso Anagrama y muchas más, que, por cierto, no necesitan ya de ninguna promoción mía para seguir afianzándose. Como decía al principio, esta lista es muy limitada. Existen en este momento multitud de editoriales que están realizando en España una labor encomiable. No hace falta más que echar un vistazo a los libros publicados en el ISBN para que se haga evidente la enorme diferencia con respecto al panorama que teníamos hace 10 años. Hoy en día se publican libros muy especializados, verdaderas pequeñas joyas de la edición. Lo único que lamento es no tener tiempo para poder leerlos todos.

Esta tarea de difusión debe seguir: si estás de acuerdo con esta lista: PÁSALO. De nada.

Ricardo Menéndez Salmón y “Vientos amargos”

1:26 pm July 21st, 2008

Leo en el número 854 de ABCD del 14 de junio el artículo de Ricardo Menéndez Salmón Vientos amargos, acerca de la obra homónima de Harry Wu y Carolyn Wakeman, libro de 1994 publicado en España recientemente por la editorial Libros del Asteroide.

Menéndez Salmón demuestra su interés por el problema del mal, que tan bien ha tratado en su última novela Derrumbe, de la que prometo una reseña en breve, relacionando el libro de Wu con la excelente novela de Romain Gary Las raíces del cielo (por la que obtuvo el Premio Goncourt en 1956). Mientras Gary relata el modo en que su personaje Morel burla los límites de su encierro en un campo de concentración alemán, el personaje Chen Ming de Wu asiste a la horrible pesadilla de ser troceado y cocinado vivo. Desde una extraña forma de vida tras ser devorado desea probar un pedazo de sí mismo para ver a qué sabía. Ming es uno de los pobladores del Laogai, la red china de campos de trabajo en la que se reeducaba, antes, durante y después de la Revolución Cultural, a los disidentes chinos. Lo que me interesa son las relaciones que establece Menéndez Salmón entre esas obras que extienden hacia el Este, es decir, ahora ya a todo el mundo (recordemos América Latina, Oriente Medio, Europa, la URSS y ahora China o Camboya) y Memorias de la casa muerta de Dostoievski, como obra fundadora de la literatura concentracionaria. En esa saga me vienen también a la memoria (aunque bastante de estas obras no tengan como tema central los campos de concentración) obras como Matadero número 5 de Kurt Vonnegut, por supuesto Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn, Si esto es un hombre de Primo Levi, Vida y destino de Vassily Grossman o, de modo mucho más sutil los relatos de escritores tan densos como Kafka (en tanto que precursor de toda la literatura del terror anómico), o como Thomas Bernhard o Ingeborg Bachmann acerca de la evolución de la sociedad austriaca tras la caída del nazismo. Estas obras trazan un retrato desolador y espeluznante del totalitarismo rampante del siglo XX. Como dice Menéndez Salmón:

[...] Un mundo en el que el absurdo se ha convertido en norma y en el que las categorías de la realidad han quedado abolidas; un mundo cuya existencia devuelve a la literatura su ancestral valor como testimonio y que consagra Vientos amargos como un libro dolorosamente necesario.

Hay dos temas especialmente importantes en el artículo, y por extensión, en las obras que comenta Menéndez Salmón, que me parecen de particular relevancia para la creación literaria actual. El primero que menciona es el del absurdo como norma en el que la realidad queda abolida. Los métodos dictatoriales descritos en Vientos amargos son la cristalización de los terrores que Kafka predijo indirectamente en sus obras más oscuramente simbólicas, como El proceso o El castillo. Lo que en Solzhenitsyn o Grossman se convierte en un retrato hiperrealista y desolador, en Kafka era una metáfora posible y en Bachmann era el relato de las consecuencias psicológicas de la represión feroz de un mal cometido y no purgado, y de las consecuencias sociales para una sociedad que nunca se ha enfrentado a su pasado más oscuro. La literatura actual, desde la perspectiva de una pérdida de sentido galopante, debe encontrar una nueva manera de mantener el recuerdo terrible de las guerras y dictaduras del siglo XX.

Esto lleva necesariamente al segundo tema que menciona Menéndez Salmón: la literatura como testimonio. En contra del famoso adagio de Adorno que afirmaba que no había literatura posible tras Auschwitz, la literatura está obligada a ser testigo activo del terror y actualizarlo constantemente en la conciencia del mundo. Un tema diferente es cuál es hoy en día el método y el estilo adecuado para prestar ese testimonio. Otro tema sería la capacidad real de la literatura para provocar un cambio en la conciencia del mundo. Pero estos serán temas para otro post.

Josef Winkler gana el Premio Büchner

1:54 pm June 19th, 2008

Breve reseña, dentro de la labor autoimpuesta de informar más en España acerca de las novedades de literaturas extranjeras como la alemana o austriaca, para destacar la concesión del Premio Georg Büchner (el más prestigioso de la literatura en lengua alemana) al escritor austriaco Josef Winkler, autor de novelas que tematizan los estragos de la educación católica tradicional en los niños de su entorno rural de nacimiento en Carintia.

Vínculos interesantes acerca de esta noticia:

Josef Winkler en la Wikipedia alemana. Se trata de una entrada bastante breve, aunque ofrece un primer acercamiento al autor.

Noticia de la concesión del premio en El País, Süddeutsche Zeitung, Tageszeitung, Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Debate en medios alemanes acerca de la concesión del premio: en Die Welt, litblogs.net, zintzen.org, Die Zeit. El anticlericalismo y la homosexualidad del autor han provocado una polémica, fundamentalmente de raíz ideológica, entre los partidarios y los detractores de su obra.

Fin de Feria y nueva narrativa española

9:00 pm June 18th, 2008

El domingo finalizó la Feria del Libro y he de decir que ha sido para mí una de las más interesantes que he vivido. Vaya por delante que este juicio es radicalmente subjetivo y no tiene nada que ver con la Feria en sí, que puede haber sido o no más dinámica que en ediciones pasadas. Pero a pesar de todo, me ha quedado la impresión de que están soplando vientos de cambio en la literatura española (sé que la Feria del Libro, y el mundo del libro en general, no se reduce a la literatura, pero éste es el aspecto que más me interesa de ella). Y creo que Internet tiene bastante que ver con esta renovación. Durante los primeros años de esta década (decidme si me equivoco), la Feria parecía estar monopolizada por los grandes popes de la literatura, los autores consagrados y los productores de best-sellers de gran difusión, abocados a la absurda carrera de los records de ventas publicitados en la famosa lista ya felizmente abolida (estoy seguro de que habrá mucha gente de acuerdo conmigo y, entre ellos, sobre todo, por haberlo expresado en multitud de ocasiones en su columna, mi admirado Manuel Rodríguez Rivero). Pero esto es ya un tema antiguo, agua pasada que no mueve molino.

En la Feria de este año, a pesar de la aparición permanente de los grandes autores, también ha habido una presencia activa de autores menos mediáticos, de autores aún no consagrados, pero que han irrumpido con fuerza en el mundo literario y empiezan a ganar una presencia activa en debates que, en muchas ocasiones, tienen lugar en la red a través de los blogs especializados como éste que mantienen un número de visitas creciente y sirven para reemplazar de un modo mucho más dinámico el antiguo papel de las revistas literarias. La creación y mantenimiento de esta clase de revistas ha sido siempre una tarea tremendamente complicada por la necesidad de buscar fuentes de financiación externas que compensasen su escasa difusión y la sempiterna debilidad de las ventas de los escasos ejemplares disponibles. La nueva cultura de las bitácoras en línea permite alcanzar una difusión y un intercambio de ideas infinitamente mayores y, por supuesto, mucho más dinámicos. La posibilidad de realizar comentarios a las entradas, es decir la interactividad inmediata entre autor y lector está cambiando de manera decisiva el paisaje de la creación literaria. Por lo menos una buena parte de los nuevos autores que están alcanzando reconocimiento y empiezan a ser fichados por grandes editoriales han tenido presencia en Internet y han aprovechado e integrado las nuevas tecnologías y la ciencia desde hace varios años. Es el caso, por ejemplo, de Agustín Fernández Mallo o Ricardo Menéndez Salmón, entre otros, con los que tuve la ocasión de tener un breve intercambio de ideas durante la Feria. Fernández Mallo mantiene una bitácora abierta (El hombre que salió de la tarta) y ambos utilizan Internet como foro de debate y amplificador de sus ideas y obras. Un ejemplo muy interesante de ese debate abierto acerca de los caminos que debe y puede tomar la literatura en la era digital y en un mundo cada vez más fragmentado y complejo, con unos rasgos dominantes postcapitalistas y, para intentar definir sociológicamente el arte de nuestra época se me ocurre el término after-postmodernos, es decir un paso más allá, tanto en experiencias sociales y psicológicas, de lo que representó el postmodernismo en los años 80 y 90 del siglo pasado. Existen blogs especializados en el debate estético e ideológico literario, como Afterpost, por ejemplo, que hace poco organizó unas jornadas literarias en Málaga en las que intervenieron los ya citados Fernández Mallo y Menéndez Salmón (véase la página de la editorial KRK, de la que es editor y donde ha publicado algunos de sus libros), además de Jorge Carrión, Manuel Vilas, Javier Calvo, José Luis Brea, Vicente Luis Mora, Germán Sierra y Robert-Juan Cantavella.

Los resúmenes colgados en Internet permiten que los que no pudimos asistir tengamos la ocasión de seguir el debate y sus consecuencias mediante la lectura de los comentarios: algo impensable hace pocos años, en los que las actas de Congresos podían tardar varios años en ver la luz. Varios de los participantes tienen profesiones científicas o están muy interesados en las nuevas tecnologías y representan a una nueva generación para la que Internet no representa una herramienta más, sino el medio acuoso en el que nadan como peces desde su nacimiento. En mi caso, pertenezco a la generación de Mallo y Salmón, para la que Internet fue un descubrimiento fundamental, pero ocurrido casi al finalizar la juventud. Mis intereses por la ciencia son antiguos (véase por ejemplo mi post sobre Einstein), aunque no poseo formación específicamente científica, sino una mezcla de formación humanística y técnica. En cualquier caso, lo que me parece verdaderamente destacable es el carácter multidisciplinario y polifacético de estos autores, y su capacidad de integrar la visión científica en las hasta ahora cerradas salas a otras disciplinas de las que adolecían las humanidades. Desde hace varias décadas ha habido ámbitos del saber, como la filosofía de la ciencia o la literatura comparada, que han ayudado a superar la endogamia permanente de las visiones académico-universitarias de las humanidades. No puedo sino saludar con entusiasmo esta tendencia, ya que la nueva literatura no puede renunciar a reflejar (aunque este verbo no me satisface por completo; no se trata del espejo que se coloca al borde del camino, ni siquiera del espejo móvil que acompaña al autor) la complejidad del mundo actual. Siempre me han fascinado las visiones futuristas de la ciencia-ficción y (como ya ha quedado claro, espero, en mi post dedicado a “2001, una odisea del espacio” en un artículo de Andrés Ibáñez, otro interesante autor con una visión novedosa de la literatura) lo que pueden aportar a la comprensión de nuestro mundo. En ese sentido, para mí la literatura no puede renunciar a ser una manera creativa de aprehender el mundo en el que vivimos (con matices, un poco al modo que defendía José Ángel Valente hace muchos años en Las palabras de la tribu, aunque modernizado para tener en cuenta todas las nuevas posibilidades de la tecnología), además de intervenir intelectualmente en la búsqueda de nuevas vías.

Otros dos factores que ejemplifican el desarrollo novedoso de la literatura, y que no quería dejar de mencionar aquí, son la multiplicación de los talleres literarios y las escuelas de escritores y las nuevas “editoriales” de autopublicación disponibles en Internet. En lo que respecta a las escuelas de escritores, en España están casi siempre alejadas del entorno académico, a diferencia de lo que ocurre en las universidades anglosajonas, sobre todo americanas, en las que las titulaciones de Creative Writing forman parte desde hace años de la panoplia de títulos disponibles. Muchos de los nuevos escritores americanos han pasado, en distinta medida y con mayor o menor aprovechamiento, por alguna de esas clases. En nuestro país, los cursos de escritura han conocido una expansión razonablemente importante en los últimos años, buena prueba de ello es la oferta existente (sólo algunas de ellas: Fuentetaja, Escuela de Escritores, Escuela de Letras). En mi opinión, su influencia es, en general, bastante positiva en la llamada democratización del arte, aunque no todos los aprendices de escritores lleguen a o deseen siquiera publicar en el futuro, y en la formación del gusto y la extensión de la base activa de “buenos lectores”.

Por otro lado, la progresiva extensión de las editoriales a la carta, como Lulu.com o Bubok, en las que es posible autopublicar las propias obras sin grandes costes, limitando el número de ejemplares impresos a la demanda y dando al autor la mayor parte de los ganancias por los derechos de autor que se reciben por la venta de ejemplares al precio que ese mismo autor desea. Es cierto que esta forma de publicación no tiene, yo diría que sólo por ahora, el prestigio social de la publicación clásica de una obra a través de los canales habituales, en los que se asegura una cierta calidad, cuyo valor puede compararse al de la revisión inter pares de los artículos científicos, y que junto a obras interesantes se publican de este modo libros carentes de la menor sustancia artística objetiva, pero también permiten escapar a la tiranía creciente del mercado, en el que la literatura, yo diría que obscenamente, comercial impide evidentemente la publicación de gran cantidad de obras meritorias, pero difícilmente comercializables, y democratizar el reparto de las ganancias por los derechos de autor y la salida al mercado de libros con un público objetivo que queda sistemáticamente fuera del alcance de las editoriales (un ejemplo sería un libro especializado en tratamientos de alguna enfermedad crónica; el público existe, pero el precio de una publicación tradicional lo hace inviable para las editoriales al uso).

El último asunto sería la progresiva transformación del libro en sí mismo por la irrupción del libro electrónico, aún precario, pero que terminará imponiéndose con toda certeza en el futuro. Varios artículos aparecidos en los últimos meses dan cuenta de esta evolución (véanse sobre todo estos artículos de Jesús Ruiz Mantilla y Javier Celaya (DosDoce.com). Es cierto que Kindle y sus imitaciones o competidores son aún muy rudimentarios y no sustituyen el placer en sí mismo que provoca el tacto del objeto libro. Como objeto, ya se ha dicho muchas veces que el libro es perfecto, pero por muchas razones (como que el papel consume recursos naturales y no es tan versátil como su nuevo competidor computerizado), terminará siendo un objeto de museo, para mayor placer de los bibliófilos.

En resumen, las posibilidades que se abren ante nosotros me parecen ciertamente estimulantes, aunque todas las transformaciones supongan unos riesgos nada desdeñables. Si la civilización en su conjunto no desaparece, el futuro será inevitablemente, un porvenir interconectado. Todo ello supondrá un cambio del mundo editorial que aún no podemos vislumbrar, pero que tendrá consecuencias innegables sobre la literatura.

Los escritores secretos

11:14 am June 12th, 2008

Durante estas últimas semanas, en las que la efervescencia literaria que crea la Feria del Libro de Madrid, con sus apariciones estelares, carruseles de firmas, conferencias, novedades y noticias editoriales, lleva la literatura al primer plano de la actualidad (con permiso de la crisis económica y la Eurocopa), los escritores más mediáticos copan los escasos lugares bajo los focos. Es normal, cuestión de mercado, de promoción de la lectura, incluso del carácter más o menos abierto de los diversos autores. Es conocido que hay muchos escritores capaces de fantásticas verborreas en sus escritos y que, en el contacto directo, no aciertan a expresarse verbalmente con la capacidad que se les suponía por sus obras. Existen escritores tímidos, huidizos, huraños e incluso misantrópicos, mientras que otros colegas parecen sublimarse al contacto con el público, tanto si se supone lector como si no, y florecen con la lujuria de plantas tropicales ante las cámaras o la simple atención de los medios.

Hace poco hemos seguido la polémica acerca de la literatura comercial y la relación de las ventas de un libro con su calidad literaria. Como en casi todo, no existe, ni mucho menos, correlación directa entre las ventas de una obra y su calidad, pero esto no es nuevo. ¿Quién se acuerda hoy de muchos de los ganadores del Premio Planeta en los 70, por ejemplo? No obstante, y esto se olvida con harta frecuencia, bastantes de los escritores que obtienen el éxito en vida y que gozan de unas ventas importantes, serán reconocidos como clásicos en el futuro. En resumen, la relación entre calidad literaria y prestigio social es misteriosa y depende de muchos factores que un autor no puede controlar.

Pero sobre el fondo de este paisaje velado por el ruido mediático de las Ferias y los saraos (literarios o no), si miramos fijamente al horizonte, podemos avistar las figuras minúsculas de los creadores desconocidos, o casi. Los artistas que crean, en el silencio de sus casas o no, las obras que posteriormente podrán venderse o no, pero que conforman en su conjunto lo que puede denominarse el “arte verdadero”: son los escritores (o pintores, escultores, cineastas…) secretos, que sienten la pulsión de la creación y responden a ella con toda la energía y el talento de que son capaces. Muchos de estos escritores están inéditos, luchan con o contra su impulso creativo, dudan de su capacidad, rompen obras casi terminadas, reescriben cien veces un capítulo, pasan por crisis, dudas o sequías creativas, abandonan el arte y vuelven después a él. Muchos de ellos nunca publicarán: algunos encerrarán sus obras bajo llave en un cajón apartado, otros continuarán creando en silencio sin intentar nunca la publicación y bastantes, en fin, abandonarán su impulso creativo y se conformarán con desempeñar cualquier trabajo para sobrevivir. Son los grandes olvidados del arte.

Pero también existe una pléyade de grandes artistas, de escritores muy dotados, en ocasiones los auténticos genios, aquellos que perdurarán con toda seguridad y serán admirados en el futuro para que asistamos a lo que podríamos denominar la “paradoja Van Gogh”, la del artista trágico, incluso suicida, sin ningún éxito en vida, que unas décadas después de su muerte es saludado por todos como un genio indiscutible cuyas obras alcanzan un valor incalculable. A medio camino de esta paradoja, no por su falta de talento, sino porque su vida no alcanzan un cariz tan trágico, se encuentran los escritores que han conseguido publicar sus obras, habitualmente espaciadas durante décadas, que disfrutan de un reducido círculo de lectores iniciados, pero que prácticamente nunca logran el reconocimiento general. Algunos de estos escritores aparecen en este artículo de El País, que ha suscitado esta reflexión. Son, entre otros, Gonzalo Hidalgo Bayal, Ramiro Pinilla, Antonio Pereira, Alberto Méndez o José María Pérez Álvarez. Todos ellos, excepto Méndez, tristemente fallecido, son creadores de cierta edad que han ido tejiendo su obra con perseverancia y determinación durante décadas. Son algunos de los escritores a los que aludía Enrique Vila Matas en su libro Bartleby y compañía.

Este post quiere ser un homenaje a todos ellos y a los muchos otros que, más secretos aún, siguen creando simplemente porque son auténticos creadores. Larga vida al arte.

Ingeborg Bachmann y el premio que lleva su nombre

10:40 pm June 9th, 2008

Se acumulan los temas y estas semanas de Feria del Libro me ha faltado tiempo para escribir entradas en mi bitácora. Empiezo a recuperar algo del tiempo perdido escribiendo una referencia rápida a una información que he recibido de Bernhard Neumann. Se trata del premio Ingeborg Bachmann, un importante premio literario en el ámbito germanoparlante, que está planeando extenderse al nivel de toda Europa. Se trata de un formato novedoso para un premio literario y creo que es muy interesante ofrecer aquí los vínculos del premio Ingeborg Bachmann para todas las personas interesadas (los enlaces son multilingües):

http://bachmannpreis.orf.at/bachmannpreis

http://bachmannpreis.eu/es

Con esta introducción, aprovecho para recomendar vivamente la obra de esta, simplemente maravillosa, escritora austriaca del siglo XX. He aquí tan sólo unos pocos vínculos a las obras que están publicadas en España y que siguen (hasta donde yo sé) vivas. Leer a Ingeborg Bachmann es entrar en contacto con uno de los proyectos literarios más fascinantes del siglo pasado, que aún sigue enseñándonos hoy, día a día, frase a frase.

Página de La Central con las obras vivas de Bachmann en castellano y catalán.

Página de la Wikipedia española con un breve artículo sobre Bachmann.

Para los que puedan leer el idioma materno de la autora, esta página de la Wikipedia alemana, como página de inicio para una investigación más en detalle.

Pero sobre todo, es imprescindible leer sus obras, en particular:

Malina, El caso Franza y Requiem por Fanny Goldmann, tres novelas luminosas y oscuras al mismo tiempo, sin olvidar sus relatos recopilados en Ansia y otros cuentos y, para terminar, sus poemas de Invocación a la Osa Mayor. O si se prefiere, también pueden leerse estas obras en sentido inverso. Como dice siempre mi admirado Manuel Rodríguez Rivero cuando ofrece consejos de lectura: de nada, queridos.

Novedades editoriales sobre el nazismo

4:36 pm June 2nd, 2008

Probablemente como deformación profesional (ya que soy germanista y he estudiado especialmente la primera mitad del siglo XX), me han interesado las últimas novedades editoriales sobre el nazismo que se presentan con motivo de la Feria del Libro. En este artículo en El País de hoy se reseña el nuevo ensayo del historiador Fabrice D’Almeida El pecado de los dioses (Taurus) sobre las relaciones de la alta sociedad germana y los nazis. D’Almeida opina que resulta fascinante seguir las peripecias de Hitler, Göring y los demás nazis por los grandes salones de Munich o Berlín. La idea de la pureza racial, subrayada en el régimen por Göring (aunque desde luego inspirada en primer lugar por el mismo Hitler) , es “la clave del nazismo, [...] un concepto muy de los nobles: mejor cuanto más puro sea tu linaje.”

No he leído aún el libro, por lo que me reservo mi opinión, pero me parece interesante el propósito que declara D’Almeida: intenta desenmascarar “el mecanismo del pelota, del lameculos, que hace que la gente pierda de vista sus valores morales.” En mi opinión, este mecanismo funcionó a pleno rendimiento en la Alemania nazi y produjo el desastroso efecto del encanallamiento y la ceguera ante la desmesura de la barbarie que impidió una reacción interior más eficaz ante el horror. Creo que aún no se han estudiado con rigor suficiente los mecanismos psicológicos colectivos de los alemanes entre 1933 y 1945; arrojar algo más de luz sobre este proceso permitiría comprender mejor el verdadero significado del régimen nazi y prevenir su reproducción en el futuro. En este contexto, es curioso que D’Almeida descalifique la operación Walkiria, el intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 por parte de militares de alta graduación como “pura supervivencia entre depredadores. ‘En realidad, sólo pensaban que Hitler los llevaba a la derrota y que tenían que eliminarle’”. Con algunos matices, creo que aunque es cierto que los participantes en aquel atentado fueron militares aristócratas, sus intenciones iban más allá de esa imagen de pura supervivencia y lucha bestial por el predominio del depredador en la manada, si bien es cierto que los conjurados no pueden ser, ni mucho menos, sospechosos de bolchevismo. La complejidad de los hechos se refleja parcialmente en el recuento del último superviviente de la operación Walkiria, Philipp Freiherr von Boeselager, en su libro Queríamos matar a Hitler (Ariel).

Otras novedades sobre el mismo tema son Nazis y buenos vecinos (Machado Libros), de Max Paul Friedman, sobre el maltrato de los estadounidenses a los alemanes en América; una biografía de Leni Riefensthal, la cineasta de los nazis, de Circe; Dictadores (Tusquets), la comparación entre Stalin y Hitler realizada por Richard Overy y Conversaciones con Albert Speer (Destino), recopiladas por Joachim Fest, uno de los más respetados biógrafos de Hitler (Joachim Fest, Hitler: una biografía, Planeta). En otro post, escribiré en detalle acerca de esta biografía y su traducción, que lamentablemente presenta graves defectos que dificultan en gran medida su lectura.

En este contexto de los procesos psicológicos de los alemanes durante el nazismo, me ha resultado especialmente interesante la entrevista en El Mundo a Bruno Ganz (el actor suizo que interpretó a Hitler en El hundimiento, por cierto basada en el libro homónimo de Joachim Fest), en la que afirma que “Alemania ya puede ver en Hitler no sólo al ser diabólico sino la persona”. Ganz ha recibido un homenaje precisamente en el Hay Festival de Gales y ha declarado lo siguiente:

P. Un intento de recrear un Hitler real, quiere decir, en las antípodas de ‘El gran dictador’…

R. Exacto. Era hora de dar una visión diferente de la de Chaplin. Su película es una obra maestra, por supuesto, pero tiene la estética de aquel periodo y había llegado el momento de hacer otra cosa.

P. ¿No se arrepiente de haber creado un Hitler que inspira compasión? Cuando uno ve ‘El hundimiento’, no puede evitar sentir pena por ese hombre solo, viejo, vencido y traicionado por sus hombres de confianza en sus últimos días.

No. No me arrepiento. Creo que Alemania es hoy lo suficientemente madura como para ver en Hitler no sólo el personaje diabólico sino también la persona que hay detrás de él. En este punto, uno tiene que examinar lo que los testigos dicen de él.

P. Se refiere a quienes estuvieron en el búnker con él.

R. Sí. Muchos han escrito su experiencia en libros que uno puede leer y todos tienen una fascinación por el personaje y dicen que en muchos momentos tenía un lado tremendamente humano. No soporto esa visión radical sobre él que lo pinta como si fuera el diablo.

P. Pero lo era… R. Sí, pero siempre he creído que debía de haber algo ahí que atraía a las personas cercanas más allá de la ideología y desde luego ese sentimiento ha influido mucho en la forma en la que lo he interpretado.

P. ¿No cree que para los alemanes fue siempre más fácil demonizar a Hitler que aceptar su propia responsabilidad en el Holocausto?

R. Es probable. Para aquellos que lucharon en la guerra con uniformes nazis era mucho más fácil crear una caricatura de Hitler y pensar de alguna manera que ellos no eran culpables. Decir algo así como: “Lo único que hicimos fue seguir a un demonio. No tiene nada que ver con nosotros como pueblo o como nación”.

Las dos ideas fuerza de esta entrevista son la imagen de Hitler (la compasión que puede inspirar su figura humana) y la posición de los alemanes con respecto a él. Ahí radica precisamente la dificultad y la complejidad del asunto para emitir un juicio que trate de evitar la mediatización y los caminos trillados del pensamiento. Para mí, el hecho de ver a un Hitler humano no implica dejar de condenarle por sus crímenes atroces, sino que significa ser consciente de que sus actos no tienen nada de inhumano o diabólico; son, desgraciada y ya inevitablemente, los actos de un ser humano, con todas las implicaciones de esta afirmación. Este es, para mí, el punto realmente terrorífico de Hitler, su radical humanidad, aunque deformada hasta su completa “Verzerrung”. Por otro lado, la relación de los alemanes con la figura de Hitler es el otro polo de atracción al que apunta Ganz: la descalificación del dictador como diabólico ha impedido hasta ahora reflexionar en profundidad sobre la propia responsabilidad de las personas en tanto que sujetos activos y pasivos de la historia, aunque ya ha habido numerosos debates sobre esa responsabilidad. Parece que siempre existe un poso último que se escapa a la aprehensión. Un tema apasionante que sólo hemos empezado a vislumbrar.

Juan Goytisolo, Ruiz Zafón y la literatura comercial

9:53 am May 31st, 2008

Ya lo sé: este título parece un oxímoron (parcial), una contradictio in terminis (de uno de los términos, claro), pero viene a cuento de la declaraciones de Juan Goytisolo (cuyo eco ha recogido El País) en una entrevista concedida anteayer al diario italiano Corriere de la Sera, en las que se muestra, a priori sorprendentemente, favorable a la literatura comercial, como pueden representarla Carlos Ruiz Zafón en España o Dan Brown a escala global en todo el planeta. La razón que da parece, en principio, muy acertada y me hizo reír porque refleja la otra cara del espejo, la realidad oculta que se obvia al criticar la “literatura comercial”, los “fenómenos editoriales” pensados quizás “únicamente” para ganar dinero. Leamos sus palabras:

“Jamás me he repetido”, precisó el escritor, que preguntado por los libros de gran éxito, como los “best seller” de Carlos Ruiz Zafón y Dan Brown subrayó que “esos son fenómenos literarios, productos editoriales que siempre han existido y gracias a los cuales las casas editoriales pueden permitirse el lujo de publicar textos literarios, y escritores como yo podemos existir”.

Goytisolo agregó que “sabe bien” cómo funciona ese tema y por ello añadió: “bienvenida sea la literatura de consumo, sería de mal gusto si un parásito criticase el cuerpo del que se alimenta.

El escritor aseguró que hoy día es “difícil” publicar textos literarios y como prueba precisó que si en esta época mandase bajo un nombre falso su libro “Don Julián” a una editorial, “seguro que lo rechazarían”.

Juan Goytisolo

La imagen del parásito me parece especialmente hilarante, aunque me resulta difícil aceptar sin protestar la idea de que los llamados escritores “de calidad”, con proyectos literarios para minorías o simplemente fuera del gusto mayoritario, probablemente por pura incomprensión, sean parásitos de los que basan su proyecto literario en vender la mayor cantidad posible de libros. Es la realidad editorial del mercado, que para publicar los libros de mayor calidad debe “antes” amasar dinero mediante la publicación de los proyectos comerciales, pero eso no significa que el escritor “literario” sea en modo alguno un parásito del comercial. Se trata, simplemente, del reconocimiento de la realidad tal como es, dominada por la omnipresencia del valor mercantil del producto antes que cualquier otra consideración. Lo malo es que, no sé por qué, la risa se me ha quedado congelada al pensarlo dos veces. Por ejemplo, da ciertos escalofríos pensar que Goytisolo mismo reconoce que hoy en día no se podría publicar su “Don Julián”. Entonces uno puede pensar, porque es algo pesimista y le gusta autoflagelarse, que si ahora no podrían publicarse obras como esas, seguramente existen muchos autores con categoría literaria que no pueden acceder a la publicación. O que los lectores que leen las obras de los escritores comerciales (y que han gastado su dinero en ellas), ya no tendrán dinero, ni comprarán las obras de los escritores “literarios” porque ni siquiera llegarán a publicarse. Pero claro, esto es ver las cosas desde un punto de vista pesimista y rebelde. Cuando uno lleva, como Goytisolo, muchos años conociendo cómo funciona el mundo editorial y después de todo ha conseguido ya que se publiquen todas sus obras, probablemente es mucho mejor tomarse a chirigota el estado real del mercado editorial. Las cosas son como son y hay que aprestarse a lidiar con el toro tal y como sale de toriles (válgame la metáfora taurina, a mí que nunca he ido a los toros). Veremos cuál es la reacción de otros escritores a estas opiniones.

Desde aquí, quiero subrayar mi respeto por Juan Goytisolo, autor al que leí con gran fruición en mi época universitaria y al que siempre he defendido del ninguneo feroz al que se le ha sometido en España, pero sospecho que estas declaraciones son una nueva provocación de esas que siempre le ha gustado regalarnos, que sus afirmaciones son irónicas como han sido muchas en el pasado. Sus muchos artículos anteriores defendiendo la obra de autores no comerciales parecen indicar claramente que estamos ante una boutade. Como digo, me gustaría ver las reacciones que provocan estas palabras ahora que empieza la Feria del Libro en Madrid.

A estas declaraciones se contraponen curiosamente, superponiéndose en el tiempo y en el sentido de una manera muy curiosa, las realizadas por Ruiz Zafón también en una entrevista al diario El País en estas vísperas de Feria. Leamos alguna de las frases más polémicas:

R. No hay nada en ese mundo [el mundillo literario] que pueda interesarme, para mí es exactamente como la asociación de amigos de la zarzuela; no tengo un interés particular, ni para mal ni para bien, en hacer capillitas o tomar cafés… eso es mucho de aquí. Se participa en estas cosas por necesidad, no por gusto, los autores se involucran porque así sobreviven: un trabajito por aquí o por allí; todo lo que se dice en esos ámbitos es por intereses disfrazados de principios. He tenido la buena fortuna de poder pasar de lado de todo eso. El supuesto mundillo literario es 1% literario y 99% mundillo. Uno entra en él, insisto, porque no tiene más remedio, porque quien tiene remedio, no entra. [...]

R. En el contexto español, haberme decidido tras La sombra… a hacer un libro donde se juega con el género fantástico, lo negro y todo eso es quizá la decisión menos comercial que podía tomar. Sé que todo lo que viene de los géneros está mal visto en este país. [...]

P. Quizá eso explica la fluidez de su prosa y de sus diálogos y el dibujo de unos personajes que se describen hablando…

R. Exacto. Los personajes deben definirse a través de sus acciones y sus palabras, no echando un rollo patatero en un párrafo inmenso. Eso es básico en la construcción dramática. Y aquí estamos tan acostumbrados a que esto no se haga… Lo triste es que la narrativa profesional y con decoro esté ahora en las series de televisión.

P. ¿Alta literatura en televisión?

R. El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera. Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose. [...]

R. Lo que me interesa de Barcelona como escenario es la que va de la revolución industrial a la Guerra Civil. Desde entonces, en Barcelona no ha pasado nada particularmente interesante en ningún aspecto, y desde hace unos años, cero absoluto. No veo nada sobre lo que escribir. [...]

R. Cuidado, yo no estaba en la gran superficie: he llegado después. Durante el primer año y medio de vida de La sombra del viento me harté de oír que era uno de los libros menos comerciales que se podía hacer en el panorama editorial español. Esta situación en EE UU ya ha sucedido, y allí lo que ha acabado ocurriendo es una depuración del mercado, que ha dejado unos independientes muy fuertes que le dan una caña brutal a los grandes superficies comerciales y que saben de verdad de libros, sin tonterías. El que ha desaparecido es el librero independiente pequeño muy esnob. Pasa en todo, y pensar que eso no tocará a los libros es de ilusos.

Aquí hay bastante material para alimentar la polémica (dentro de las reacciones que ya han provocado sus palabras, me parece especialmente irónica ésta de Vicente Luis Mora). Yo puedo coincidir con Ruiz Zafón en rechazar el mundillo literario en lo que tiene de más superficial, pero nunca las relaciones que se establecen entre los escritores “de verdad”, porque producen un enriquecimiento necesario. Otra cosa son muchos personajes que se mueven también alrededor de los que realmente crean literatura y la aman por sí misma, por “amor al arte”. Pero es una falsa ingenuidad afirmar que el género fantástico y la novela negra son lo menos comercial que se puede escribir.

Y pongamos las cosas en su sitio: decir que la alta literatura se esconde en las series de televisión es desconocer, primero, que la narrativa televisiva no tiene nada que ver con la narrativa literaria y, segundo, que el diálogo es tan sólo uno de los recursos narrativos que puede emplear el escritor. Los “rollos patateros” son los párrafos largos escritos por malos escritores, pero los párrafos largos escritos por grandes escritores son, simplemente, ARTE, con mayúsculas.

Aniversario de la muerte de Juan Ramón Jiménez

8:55 pm May 29th, 2008

Hoy se cumplen 50 años de la muerte en Puerto Rico de Juan Ramón Jiménez (véase una breve introducción en el siguiente artículo de Wikipedia). Varios diarios españoles se hacen eco de la noticia, pero subrayan que esta importante efemérides de uno de nuestros escritores más importantes del siglo pasado, transcurra sin un solo acto institucional. Me parece triste y grave, considerando los fastos de que han disfrutado, con todo merecimiento, otros poetas como Lorca, Alberti y muchos otros. Por ello, resulta inexplicable que uno de los renovadores más constantes de la poesía española, Premio Nobel y referencia tanto de la generación del 27 como de todas las muchas que le siguieron, no merezca ni un solo acto.

Su sobrina-nieta, responsable del legado juanramoniano, explica lo mucho que queda por hacer para conservar su obra. La tarea de digitalización de su legado, por ejemplo, es ingente (200.000 manuscritos) y faltan recursos para realizarla.

Sólo espero que desde las administraciones se fomente su lectura y se contribuya a su conservación, siguiendo el ejemplo de todos los grandes países de nuestro entorno con sus máximas figuras literarias. Resulta duro reconocerlo, pero algo así no ocurriría nunca en Francia o Alemania. En sus universidades y administraciones se cuida como oro en paño el legado cultural propio.

Por ahora, sólo nos queda seguir leyéndole y escuchándole:

Por ejemplo, escuchando este archivo de audio de El País, Juan Ramón Jiménez: Dios deseado y deseante

O leyendo algunos de sus poemas en esta página.

¡Larga memoria a Juan Ramón!

Albert Einstein, la religión y las amantes

11:33 pm May 25th, 2008

Durante estas últimas semanas se han publicado noticias variadas sobre Albert Einstein, en particular acerca de sus opiniones sobre la religión y en relación con las amantes que tuvo. Especial relevancia ha tenido una carta que escribió al filósofo Eric Gutkind en 1954 (recordemos: poco antes de su muerte en 1955), en la que Einstein escribe lo siguiente (véase la publicación original en el diario The Guardian):

La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de escogidos. Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (…) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (…).

La argumentación de Einstein es meridianamente clara y no ofrece lugar a dudas. Merece especial atención su concepto de la religión como una superstición infantil y su opinión acerca de la igualdad esencial del pueblo judío con respecto a los demás, siendo él mismo un significado judío. En el libro canónico acerca del tema de la religión escrito por Max Jammer: Einstein and Religion se mantenía con matices que Einstein mantuvo una relación algo ambivalente con la religión y, es cierto que existen pasajes de sus escritos o declaraciones en las que parece considerar el fenómeno religioso desde una perspectiva global y espiritual, aunque siempre crítica respecto a las religiones oficiales (la católica y la judía formaron parte de su formación). Sin embargo, la postura de la carta a Gutkind me recuerda a la visión de Freud en sus ensayos El malestar en la cultura y El porvenir de una ilusión, en los que descalificaba decididamente la religión. Estas cartas iluminan con una nueva luz las opiniones íntimas de Einstein y parecen confirmar, aunque quizás no de forma definitiva, su escepticismo frente a la religión en su madurez.

Albert Einstein en 1953

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Otro apartado antes relativamente desconocido en la vida de Einstein es el que concierne a sus relaciones extramatrimoniales, bastante abundantes, según parece. Esta nueva visión del genial físico se basa en 1.400 cartas que la Universidad Hebrea de Jerusalén publicó hace dos años. El estudio de estas cartas ha suscitado la publicación este mismo año de dos ensayos biográficos dedicados a los aspectos personales del físico:

Einstein, a biography, del escritor alemán Jurgen Neffe, y
Einstein, his life and the universe, del periodista y antiguo directivo de Time Walter Isaacson

Acerca de este tema, véase el interesante artículo de Luis Miguel Ariza: “También Einstein era relativo“.

Resulta curioso que un hombre al que se suponía ensimismado en sus teorías físicas universales y no especialmente agraciado físicamente, pudiera desarrollar una vida amorosa tan intensa como se ha descubierto recientemente. Las últimas biografías nos presentan a un Einstein peor padre y esposo de lo que uno esperaría de un genio ético amante de la paz que, sin embargo, escribió una carta al presidente de los Estados Unidos para aconsejar la fabricación de la bomba atómica. Einstein se arrepintió de ello posteriormente, pero durante la Segunda Guerra Mundial consideró que debía evitarse a toda costa que la Alemania nazi desarrollara la bomba antes que los países democráticos aliados.

Recuerdo bien la biografía, ya bastante anticuada, de Desiderio Papp, Einstein: Historia de un espíritu, publicada en Espasa Calpe, que leí durante mi adolescencia y que forjó en mí una imagen idealizada del gran científico, del genio inmarcesible e impoluto. Es cierto que después iría descubriendo casos como la relación de Sartre y De Beauvoir, sobre los que se desató una gran polémica en los 90 al publicarse testimonios de antiguas amantes de ambos. Y son multitud los casos de grandes artistas o científicos con vidas personales de muy dudosa moral. Dentro de todos los casos conocidos, la figura de Einstein se erige con una calidad humana no tan excelente como se creía, aunque quizá tampoco tan deficiente como parece sugerirse ahora. Actuó como un hombre poseído por pasiones como la lujuria, los celos, la soberbia o la ambición. No tengo un juicio definitivo sobre él, pero me sigue pareciendo admirable en muchos aspectos.