Las sorpresas de la correspondencia (León Tolstói y Rilke)

5:30 pm September 26th, 2008

Lo acabo de leer y no puedo resistirme. Dentro de pocos días se pone a la venta la Correspondencia del gran Tolstói en España (editorial Acantilado NOTA 1) y en un artículo de Abel Grau y otro de Carles Geli leo las sorpresas que nos depara la lectura de este volumen (contiene 387 cartas de las aproximadamente 10.000 que se han conservado). Estoy seguro de que la lectura de esas cartas merece la pena de principio a fin del volumen, pero en los dos artículos se han destacado algunos pasajes que sorprenden a los amantes de la literatura, o incluso les provocan un desagradable sobresalto a su sensible corazoncito.

Tolstói escribe en una carta a su tía Alexandra Andréyevna Tolstaia, en febrero de 1873:

“No piense que no fui sincero cuando le dije que en este momento Guerra y paz me resulta repugnante. Hace unos días tuve que echarle una mirada para decidir si debo hacer correcciones para la nueva edición, y soy incapaz de transmitirle el arrepentimiento y vergüenza que sentí al revisar muchos de los pasajes. Era un sentimiento semejante al que experimenta una persona cuando ve las huellas de una orgía en la que participó” NOTA 2

Y dos años después, escribe a Nikolái Strájov acerca de Anna Karénina:

“Ahora me voy a poner a la aburrida y trivial Anna Karénina y le ruego a Dios que me conceda la fuerza que necesito para sacármela de encima lo más rápidamente posible”

Con tanta literatura de medio pelo editada en el mundo en tantos siglos, tantos volúmenes de best-sellers nefastos e infumables y va uno de los genios de la literatura universal y defenestra en dos palabras sus propias obras maestras. Ver para creer. ¿Qué pasaba por la mente de Tolstói para renegar así de la literatura? Según nos cuenta la editora y traductora del volumen, Selma Ancira, Tolstói ya había abandonado prácticamente la literatura y sólo se dedicaba a la pedagogía y a servir de referente moral, empezando por sí mismo y todos los que le rodeaban, haciendo gala de un ascetismo espartano. Tolstói intentaba por todos los medios cambiar la situación del campesinado ruso con diversas iniciativas y se permitía regañar a George Bernard Shaw por ser demasiado irónico o dar consejos acerca de la no violencia al mismísimo Gandhi. A los literatos o amantes de la literatura nos desagrada esta postura, pero hay que reconocer que Tolstói no hace más que llevar hasta sus últimas consecuencias sus convicciones más profundas. Lo que nos resulta desolador es que un genio de la literatura termine por tenerla en tan baja estima, aunque no le falten razones para declarar su inutilidad o incluso su impudicia y muchos escritores hayan mantenido una postura ambivalente respecto a sus obras a lo largo de la historia, pero la actitud de Tolstói sigue sorprendiendo por su radicalismo. Abandonó la literatura como lo hizo Rimbaud, por suerte sólo mucho después de haber escrito todo lo que su talento le permitió.

Esta noticia me ha recordado mi primer encuentro con Tolstói en la adolescencia, cuando leí La muerte de Ivan Illich, antes que ninguna otra de sus obras. Aquel breve relato de una agonía me impresionó profundamente. Por ello, durante el tiempo que más tarde dediqué a estudiar a Rilke, sentí gran curiosidad al encontrar en la correspondencia de Rilke una carta en la que describía su encuentro con Tolstói en su retiro de Yásnaia Poliana, durante el segundo viaje de Rilke a Rusia, y creo que viene a cuento traerla a colación ahora.

En esa carta del 20 de mayo de 1900, escrita en Tula a Sofia Nicolaievna Schill, Rilke relata su encuentro con el novelista ruso, acompañado de su compañera Lou Andreas-Salomé. Aquella carta nos descubre a un Rilke aún tímido e inseguro que encara su visita al gran pope con angustia y expectación. Allí descubrimos al Tolstói que ya había renegado hacía mucho tiempo de toda su obra, retirado al campo y ejerciendo de referente moral universal. Sin embargo, las dificultades del encuentro, mediatizado por los problemas familiares y domésticos del “conde”, como le llama Rilke, siempre tan atento a los títulos nobiliarios, no impiden un paseo de los dos visitantes con Tolstói que Rilke relata con estas palabras:

“Das Gespräch geht über viele Dinge. Aber alle Worte gehen nicht vorn an ihnen vorüber, an den Äußerlichkeiten, sie drängen sich hinter den Dingen im Dunkel durch. Und der tiefe Wert von jedem ist nicht seine Farbe im Licht, sondern das Gefühl, dass es aus den Dunkelheiten und Geheimnissen kommt, aus denen wir alle leben. Und jedesmal, wenn in dem Klange des Gesprächs das Nichtgemeinsame bemerkbar wurde, ging irgendwo ein Ausblick auf auf helle Hintergründe tiefer Einigkeit.”

Mi traducción:

“La conversación trata de muchas cosas. Pero ninguna de las palabras pasa por delante de ellas, de las menudencias, sino que se abre paso por detrás de las cosas en la oscuridad. Y el valor profundo de cada una no es su color a la luz, sino la sensación de que procede de las tinieblas y los secretos de los que todos nosotros vivimos. Y cada vez, cuando en el sonido de la conversación se hacía patente lo no común, una perspectiva se elevaba en algún lugar hacia claros motivos de profundo acuerdo.”

Pequeño homenaje de una correspondencia a otra. Y mis felicitaciones a Selma Ancira por este trabajo. Editar y traducir estas cartas, de las que muchas suponen una novedad mundial por hacerse directamente de los originales conservados en el Museo Tolstói y sin las tachaduras de la censura, es una tarea ímproba y, como ya he comentado en otras ocasiones, no siempre bien valorada ni remunerada.

**************************************

NOTA 1: No tengo inconveniente en hacer publicidad de esta editorial independiente, que dirige Jaume Vallcorba y que se avala por sí misma con los títulos de su excelente catálogo. Véase, por ejemplo, su edición de los Ensayos de Montaigne o las Conversaciones con Goethe, de Eckermann, por poner sólo unos pocos ejemplos. No tengo el placer de conocer a Vallcorba y no recibo nada por este post.

NOTA 2: Por cierto, el título del artículo induce a confusión y no refleja con precisión el punto de vista de Tolstói. No se trata de que Tolstói se sintiera como después de una orgía al LEER Guerra y paz, sino que la novela le resulta repugnante como “las huellas de una orgía en la que participó”.

David Foster Wallace, in memoriam

9:34 pm September 20th, 2008

Leí en todos los diarios acerca de la muerte de David Foster Wallace el día 15. Ha sido un suicidio y al enterarme me embargó un sentimiento de profunda tristeza. Pensando en su vida y su obra, me duele especialmente ser consciente de que un escritor con el talento de Wallace no vaya a seguir regalándonos nunca más con sus novelas. Recuerdo La broma infinita (Infinite Jest) y su retrato de ese dolor inasible, de ese malestar indefinible que se ha convertido en el santo y seña de las personas que habitan en las sociedades opulentas de Occidente. Wallace lo diagnosticó ya en 1996, cuando yo vivía en Michigan y podía palpar cada día la realidad americana, porque aquellos signos preocupantes, aquel “malestar de la cultura” occidental se empezó a manifestar en primer lugar en la muy rica, pero al mismo tiempo muy contradictoria, muy heterogénea, y ahora ya muy desestructurada sociedad estadounidense. En Europa, aquellos signos tardaron algo más en llegar, aunque actualmente todo lo que Wallace sentía, aquella soledad infinita que era como una inmensa broma del peor gusto, se sienta casi en cada vivienda, sobre todo urbana, de cualquier ciudad europea. PERO NADIE ha sido capaz de contarlo, de relatarlo como él.

David Foster WallaceFoto de Marion Ettlinger

Quizás ante todo eso, o tal vez por razones estrictamente personales, asociadas a su infancia, a su vida, a sus expectativas, Wallace no encontró ninguna otra salida que “quitarse la vida” (extraña expresión ésta, cómo puede uno imaginarse que sea posible quitarse eso, cómo hemos de comprender el sentido de este sintagma), que ceder finalmente a una pulsión de muerte contra la que llevaba años luchando. Como muchos otros lectores, me sorprendió en un principio saber que él, el autor cáustico, irónico y francamente divertido Wallace, luchase desde hacía tiempo contra esa fuerza oscura que pretendía succionarle, una potencia que se ocultaba en su propia mente y que ha terminado absorbiéndolo antes de tiempo, mucho antes de lo que desearíamos. Eligió la horca, la soga. Me invade un pudor extraño al evocar esa elección, hacer referencia a las muertes oscuras en celdas, a las muertes públicas en el Salvaje Oeste, pero este método de acabar con la propia vida me parece que tiene mucho que ver con el grado de auténtica desesperación que debía experimentar Wallace en los últimos tiempos y, al mismo tiempo, es algo profundamente norteamericano. Por otro lado, la elección del método de suicidio está estrechamente relacionada con el grado de violencia que se desee ejercer contra uno mismo.

En Estados Unidos, esta muerte sorpresiva ha generado una gran conmoción colectiva, pero los artículos, necrológicas o posts dolientes se han multiplicado en todo Occidente y, en menor medida, en todo el mundo.

Sirva este post como pequeño homenaje desde mi atalaya a este gran autor. Incluyo una selección de vínculos a blogs y a artículos que merecen una visita.

Pequeña selección de links

Obituario de Eduardo Lago en El País

Obituario de Andrés Ibáñez en ABC

Obituario en Los Angeles Times

Blog Diario de lecturas de Vicente Luis Mora

Blog La librería

Blog El ojo fisgón

Blog Masacre en los jardines de Alvy Singer

Blog El rincón de Alvy Singer

La ambición de los científicos (Craig Venter, James Watson y otros)

11:48 pm September 14th, 2008

Como este blog no se limita al ámbito literario, también tienen cabida aquí temas científicos que afectan a la sociedad y la cultura en general. He leído con gran interés el artículo “El reino de Einstein y la patria de Venter” de José Manuel Sánchez Ron en El País del 30-8-2008.

Sánchez Ron, uno de nuestros más eminentes historiadores de la ciencia, introduce su perspectiva con una cita de 1918 de… Albert Einstein!!!:

“En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento.”

Como bien señala el autor, esta idea de Einstein sorprende por su idealismo, en un sentido llano, y no responde, salvo contadas excepciones en reductos rabiosamente aislados, a la realidad científica, ni en nuestros días, ni tampoco en los de Einstein. Pensando sobre ello, creo que quizás Einstein se vio liberado de los sinsabores de la lucha feroz en las universidades o centros de investigación mientras reflexionaba en bastante soledad acerca de los conceptos físicos que le llevaron a realizar sus primeros descubrimientos, que fueron capitales para el desarrollo de la teoría de la relatividad. Puedo imaginarme a Einstein, bien protegido en su aburrida oficina de patentes en Berna, reflexionando acerca de las paradojas no resueltas por la física del siglo XIX para encontrarles una solución. Quizás, para su personalidad tímida hubiera sido contraproducente haber empezado sus investigaciones en cualquier universidad alemana de su época. Así, resulta paradójico que sus años de existencia gris y anodina probablemente le protegieran de un modo que él nunca pudo sospechar. Posteriormente, cuando Einstein desarrolló su carrera en las mejores universidades americanas, ya era una figura indiscutible y accedió directamente a las cátedras más eminentes.

Este ideal perseguido por Einstein, contrasta, según relata Sánchez Ron con mano maestra, con los entresijos de la investigación científica actual y, en particular, con las trayectorias de Craig Venter, el padre de la secuenciación del genoma humano, y de James Watson y Francis Crick, codescubridores de la estructura del ADN. Venter participó desde muy pronto en el proyecto público del Genoma Humano, liderado entonces por sus otros dos colegas. Sin embargo, Venter se separó bastante pronto de aquel proyecto para empezar a trabajar con los fondos privados de fundaciones y empresas privadas antes de fundar su propia compañía, Celera Genomics, con la que conseguiría ser el líder de la secuenciación y terminarla antes que sus rivales. Venter, además de ser, sin duda, un gran científico, posee una habilidad sorprendente para moverse en el complejo mundo de las inversiones científicas y los patrocinadores y conseguir financiación para sus proyectos. Hace poco, Venter ha publicado su perspectiva sobre esta historia científica en su autobiografía: A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). Uno de los aspectos más sobresalientes de este libro es, probablemente, el relato de la “ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira” que achaca a sus rivales Watson y Crick. Como reconoce Sánchez Ron, se trata tan sólo de una parte de la historia, pero el simple relato, comparado además con el libro de Watson The Double Helix (La doble hélice), en el que salen a la luz tácticas poco limpias que le permitieron realizar el descubrimiento de la doble hélice del ADN, traza un retrato de la investigación científica que, para mí, resulta preocupante.

El descubrimiento de aquellos entresijos de la investigación también nos produce un escalofrío al pensar en las consecuencias que la investigación sobre el genoma puede tener en el futuro sobre la vida humana. Creo que tenemos que ser conscientes de que será inevitable que la investigación biológica siga avanzando hacia la creación de la vida artificial. Esto tendrá, con certeza, considerables consecuencias sobre la vida humana y cambiará de forma radical nuestro lugar en el planeta. Probablemente, no veremos aún en los próximos cien años la creación de vida artificial inteligente, pero el ser humano tiene la terrible cualidad de querer alcanzar siempre aquello que primero imagina y después desea. Ocurrió con algo tan normal hoy como la aviación, y también, en un sentido mucho más terrible, con la bomba atómica. Debemos pensar la ciencia y sus consecuencias sobre la sociedad desde este convencimiento imparable y aceptarlo. Pero sería deseable que la investigación estuviera siempre en manos de personas con una ética intachable y que fuera posible separar el dinero, la ambición personal y las pasiones humanas más bajas de las que habla Sánchez Ron de los fines y objetivos científicos en sí. Sin embargo, saber lo que ahora sabemos acerca de Watson, Venter y la investigación biológica nos hace temer que quizás, en contra del espíritu que refleja la cita de Einstein, esta perspectiva esté, cada vez más, en trance de desaparecer.

Günter Grass: “Die Box”

11:29 am September 9th, 2008

Después de Pelando la cebolla (Beim Häuten der Zwiebel), el volumen de sus memorias que levantó una agria polémica en Alemania (sobre todo por el enfrentamiento de Grass con Joachim Fest, conocido, entre otras cosas, por su monumental biografía sobre Hitler) debido a la confesión de Grass acerca de su pertenencia a las Waffen-SS en los últimos meses de la guerra, cuando el autor contaba 17 años, acaba de aparecer en Alemania su último libro: Die Box - Dunkelkammergeschichten, cuyo título podríamos traducir como “La caja - Cuentos de la cámara oscura”, un curioso texto autobiográfico que, como no podía ser de otra manera, también ha generado polémica, aunque, como veremos, por razones bastante distintas a las del anterior.

La primera acogida crítica en Alemania oscila entre la decepción, la ironía y la constatación de que, por lo menos en esta ocasión, Grass intenta huir de las revelaciones escandalosas y trata de presentar otra parte de su historia personal desde una perspectiva diferente. A falta de la obra en sí, las reseñas que he leído giran curiosamente alrededor de un par de puntos capitales, aunque por supuesto, algunos críticos los contemplen con más benevolencia, o los consideren más positivos estética o literariamente, que otros.

Estas características son, básicamente, las siguientes:

  • Estrategia de ocultación, de “Kuddelmuddel” (desbarajuste, embrollo)
  • Estrategia de confirmación, “Zustimmungsmaschine” (máquina de confirmación)
  • Narcisismo, creación de un mundo de cuento, negación de la introspección freudiana
  • Estrategia narrativa tendente a confirmar sus opiniones o ponerlas en boca de sus hijos

Primera recepción crítica en Alemania

Aporto un resumen crítico de las reacciones en los medios alemanes más importantes:

En el Süddeutsche Zeitung, reseña de L. Müller titulada Die Zustimmungsmaschine:

El autor de esta reseña destaca ya desde el título la impresión algo inquietante que puede provocar en el lector la lectura de este nueva entrega autobiográfica: la cámara y todo el artefacto funciona como una “Zustimmungsmaschine”, es decir como una “máquina de confirmación” en el sentido de que confirma y está de acuerdo con todo lo que propone la figura paterna de Grass, reunido con todos sus hijos para relatar la vida de la familia. Para L. Müller, Grass envuelve hábilmente la “forma autobiográfica” escapando tanto a la tradición de San Agustín como a la de Rousseau, para evitar que sus confesiones puedan criticarse como “ser histórico” al modo que lo fueron sus confesiones de haber sido miembro de las Waffen-SS. La persona que acepte leer el libro como si fuera adoptado por la familia de Grass puede sentir placer en su lectura, pero aquella que se niegue a ello experimentará un sentimiento cada vez más inquietante.

En el Stuttgarter Zeitung, reseña de Julia Schröder titulada Die Box - Dunkelkammergeschichten:

Schröder opina que “Die Box” es una obra tardía que tematiza una despedida melancólica del autor, que con la alegría que siente ante sus hijos reunidos, reúne muchos de los temas que le caracterizan tanto a él mismo como a su obra: el gusto por las fábulas, la imagen del pater familias, el placer de reunirse juntos ante la mesa. Pero también señala que el libro, al igual que Pelando la cebolla, es una obra en la que se intenta ofrecer el amor que se retuvo en un principio, como destaca la autora, “a pesar de todo el escepticismo”.

“Die Box” ist ein melancholisch abschiednehmendes Alterswerk des Einundachtzigjährigen, das - zur Freude wohl vor allem seiner vielköpfigen Lesergemeinde - vieles von dem versammelt, was Grass, sein êuvre wie seine Person, ausmacht: das Vergnügen an der Fülle der Fabeln, das Bild des Pater familias, die Schar speisend mit Selbstgekochtem, des Wanderers durch die Äonen, der sich - einer der gar nicht so raren selbstironischen Augenblicke - gut vorstellen kann, wie zu Höhlenmenschenzeiten sein hungriger Familienclan ihn knusprig brät und schmatzend verzehrt. Es ist aber ebenso, wie “Beim Häuten der Zwiebel” auch, ein Buch, in dem vorenthaltene Liebe nachentrichtet werden soll - aller Skepsis zum Trotz.

En el Tageszeitung, reseña de Dirk Knipphals titulada Ein Gesamtkunstwerk:

Este crítico de un diario que se confiesa de izquierdas, aunque independiente, relata una lectura de la obra en Hamburgo y la expectación que sigue despertando la figura de Grass, su magnetismo, aunque al enjuiciar la obra también destaca su “narcisismo”. De todos modos, también destaca la prosa del autor y señala que no se puede esperar de él una introspección de tipo freudiano, contra la que Grass siempre se ha declarado expresamente. En su lugar, Grass se crea un mundo de cuento.

En Die Zeit, reseña de Andreas Maier titulada Und Vater fand endlich Ruhe:

En este artículo, Maier (ya lo refleja el título) viene a decir que la distinción de los niveles narrativos: un texto básico sencillo, cronológico, directo, se enmascara mediante la técnica del cuento y del préstamo de la voz del padre a los hijos, que en realidad, no existen como narradores separados, pues no deja de ser el autor el que relata e incluso, como se reconoce y menciona en el texto, pone las palabras en boca de los hijos. Maier también menciona la falta de verdadera introspección que destila el texto, aunque al final no lo califica de modo estrictamente negativo, al afirmar que el texto refleja que Grass se ha adaptado a su propia historia, la ha aceptado y ya no va más allá. Dada la edad del autor, el crítico no se lo reprocha (frase interrogativa al final).

En Die Welt, reseña de Eckhard Fuhr titulada Was Günter Grass seinen Kindern zumutet:

Este crítico también subraya que Grass pone sus propias palabras en boca de sus hijos. En su conclusión final, opina que este texto le deja un regusto amargo:

“Kommende Woche erscheint sein neues Buch “Die Box — Dunkelkammergeschichten”. Ähnlich wie “Beim Häuten der Zwiebel” thematisiert Günter Grass die eigene Biografie. Diesmal lässt er sie aus der Sicht seiner Kinder und einer alten Kamera erzählen. Es bleibt ein bitterer Nachgeschmack.”

Habrá que esperar a una lectura más extensa y a su traducción a diversos países para hacernos una idea global del significado de esta segunda entrega de sus memorias en la obra de Grass.

La muerte de Wolfgang Vogel

6:40 pm September 3rd, 2008

En El País del 30-8-2008, leo en Obituarios la noticia de la muerte de Wolfgang Vogel con una interesante semblanza de Juan Gómez. Hoy en día pocas personas, por lo menos en España (muchas más en Alemania) recordarán quién fue Wolfgang Vogel. El pasado día 22 de agosto murió en Baviera, a la edad de 82 años. Durante la guerra fría, Vogel fue el artífice de los intercambios de prisioneros entre ambos bandos entonces enfrentados. Vogel, abogado y representante personal del secretario general del SED (el partido comunista único de Alemania Oriental) disfrutaba de amplios poderes para negociar con su gran Mercedes dorado los intercambios de espías y disidentes previo pago de grandes cantidades de dinero (entonces marcos) por parte de la RFA. En las zonas de sombra que proyectaba el muro de Berlín, Vogel se movía con gran habilidad. En su haber se cuentan las liberaciones de Rudolf Abel, Gary Powers, Günter Guillaume y Anatoli Sharanski, entre otros muchos. En su debe se rumorea su habilidad para embolsarse también sumas millonarias. Con la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, la estrella de Vogel palideció y fue acusado de chantaje por parte de algunos de los prófugos a los que, según la acusación, presionó para que renunciaran a sus propiedades antes de abandonar Alemania Oriental. El tribunal lo declaró inocente de chantaje, pero culpable de falsificación de documentos y perjurio.

El puente de Glienicke

Muchos de aquellos intercambios tuvieron por escenario el puente de Glienicke (en alemán, Glienicker Brücke), situado muy cerca de Potsdam, a las afueras de Berlín. Las arcadas de hierro de ese puente, situado en una frontera entre las dos repúblicas alemanas algo alejada de núcleos de población, vivieron espectaculares intercambios de personas que jugaron importantes papeles o cumplieron misiones que cambiaron la historia. Rudolf Abel fue el agente del KGB que posibilitó con sus informaciones los primeros ensayos atómicos soviéticos que terminarían enjugando la ventaja norteamericana en armas nucleares. Es curioso cómo los actos de determinadas personas tienen consecuencias impensables en los equilibrios planetarios de poder. Otro intercambio célebre fue el de Günter Guillaume, espía al servicio de la RDA que supo ganarse la confianza del canciller federal Willy Brandt hasta convertirse en uno de sus más íntimos colaboradores. El descubrimiento de su traición le costó la carrera política a Brandt, que nunca más volvió a la política activa.

En la fotografía junto al puente de Glienicke de 1997 que se nos muestra en la noticia, el rostro de aquel anciano refleja de modo admirable la ambivalencia de su papel: benefactor de muchos a costa de muchas renuncias, al mismo tiempo que el propio Vogel aumentaba su poder y sus beneficios personales. Un papel tan doble y tan éticamente contradictorio como el de los agentes que ayudó a escapar. Un carácter adecuado y perfectamente adaptado a la situación histórica que le tocó vivir. Un personaje de un tiempo muy oscuro. No puedo evitar un escalofrío al contemplar su rostro y pensar en las cloacas de aquellas negociaciones, en tantos sufrimientos y renuncias, aunque su efecto último fuera beneficioso. En puridad, durante muchos años Vogel fue uno de los nexos más importantes entre dos mundos enfrentados en una guerra sorda y silenciosa que estuvo a punto de llevar al mundo a la destrucción nuclear en varias ocasiones.

El lago Wannsee

Pero desde un punto de vista meramente geográfico aún existen, si cabe, paradojas mayores en el lugar que alguien, no sé si el propio Vogel, eligió para los intercambios: el puente de Glienicke se halla a escasos 4 kilómetros de otro lugar histórico que marcó de modo indeleble la historia del siglo XX: el lago Wannsee, en cuya ribera oeste se celebró el 20 de enero de 1942 la conferencia que selló el destino de los judíos europeos, donde se decidió en una reunión ultrasecreta la puesta en marcha de la solución final, el Holocausto, el exterminio planificado en los campos de concentración. Así vemos cómo en esos hoy idílicos parajes se concentran dos fragmentos capitales de la historia de Alemania (y del mundo) en el siglo XX. Hace dos años estuve por última vez en Berlín y acudí a aquel lago tranquilo para intentar descubrir si podía sentir aún, asomado a sus riberas, el vínculo ominoso mientras contemplaba melancólicamente sus aguas. Pero para mi sorpresa, no tuve ninguna revelación, ningún indicio. Durante un tiempo me pregunté si esta experiencia reflejaba únicamente mi falta de sensibilidad, mi ausencia de genuina imaginación para representarme el significado de las decisiones que allí se tomaron, o si era congruente con la creciente tendencia a ignorar la historia y a no aprender de nuestros errores que creo percibir en nuestro tiempo. Por el bien de la humanidad, espero que la paz que entonces sentí fuera sólo el reflejo de mi cansancio momentáneo, de cierto embotamiento de los sentidos que sufren las personas agotadas y necesitadas de vacaciones.

Blogs recomendados para el Blog Day

11:45 am August 31st, 2008

Para cumplir con mi deber de bloguero en el Blog Day, propongo los siguientes 5 blogs como mis recomendados:

Diario de lecturas, de Vicente Luis Mora: simplemente excelente. Un blog que parte de un concepto claro, ambicioso: “En este blog se intenta una lectura crítica de literatura -y otras cosas- alternativa a la común: buscamos una crítica para el siglo 21 en tiempo real.” Fin de la cita: en estas palabras se condensa admirablemente la intención de este blog. Lo mejor es que el autor cumple con escrupulosa puntillosidad lo que promete manteniendo un elevado nivel intelectual. Ójala hubiera muchos más blogs así.

Bitácora de Sergi Bellver: interesante blog en el que el autor deja transpirar por todos los poros su pasión por la literatura.

Der Umblätterer: bitácora alemana mantenida por el Consortium Feuilletonorum Insaniaque, compuesto por 6 blogueros que escriben cada uno sobre temas diferentes que cubren los ámbitos de la alta cultura y la cultura popular. Está en alemán, lo que limita su difusión en el ámbito hispanohablante, aunque acaban de introducir entradas en español para subrayar su vocación paneuropea. Este es precisamente el rasgo que me parece más destacado y que entronca con la vocación de mi propio blog.

Pensamiento en imágenes, blog de José Luis Molinuevo: bitácora que reflexiona con un elevado nivel intelectual acerca del significado de las imágenes en el arte y en nuestra sociedad. Investigación semiológica y semiótica en estado puro.

Afterpost, interesante blog de otro colectivo de autores acerca de las nuevas tendencias literarias en España. Muy destacable su informe acerca del encuentro de Narrativa mutante de Málaga celebrado en junio de este año.

El nuevo trabajo de Guillermo Arriaga: “The burning plain”

11:47 am August 30th, 2008

Me felicito por una noticia que todos los cinéfilos debemos saludar: que tras la polémica ruptura del tándem del director Alejandro González Iñárritu y del (hasta ahora) guionista Guillermo Arriaga (Amores perros, 21 gramos y Babel), este último haya presentado ya su primera película de autoría exclusiva. Las primeras reseñas de su presentación en el Festival de Venecia han sido muy positivas (véase por ejemplo el siguiente artículo de Carlos Boyero). Coincido plenamente con el análisis de Boyero. Tras la sangrante ruptura entre estos dos excelentes creadores mexicanos, era importante que cada uno pudiera seguir su camino y continuara desplegando su arte para los que hemos asistido con regocijo a esta trilogía. Arriaga, a falta de poder ver todavía su obra, parece haberlo conseguido. También coincido con Boyero en que sería importante que González Iñárritu también pudiera superar esa ruptura y siguiera creciendo como director, sin que su talento tuviera que soportar las consecuencias del reciente divorcio profesional.

De estos tres films, aun cuando la calidad de los tres me parece rayar a gran altura, yo destacaría sobre todo la intensidad casi insoportable de Babel, en particular por la capacidad de mostrar sus historias paralelas desde una perspectiva internacional, o para definirla con un lenguaje más actual, su capacidad de reflejar la verdadera globalización, con relatos que son a la vez particulares y comunes a toda la humanidad. En mi retina han quedado grabadas las imágenes de aquel Tokio nocturno y la expresión de soledad infinita de la portentosa actriz japonesa Rinko Kikuchi, que realmente consigue traspasar las fronteras de la interpretación para ofrecernos un pedazo de realidad en bruto. No se me ocurre un elogio más grande para esta película.

En otro orden de cosas, quisiera mencionar la presencia en esta nueva película de Arriaga de la actriz Charlize Theron. Hace poco tuve la ocasión de verla en En el valle de Elah y pensé en lo mucho que ha trabajado esta mujer espectacular para demostrar que en modo alguno se trata únicamente de un bello rostro, sino que es una verdadera actriz. Sólo nos queda esperar al estreno para comprobar si el resultado artístico de esta conjunción de talentos colma nuestra expectativas.

El Joker y los nuevos villanos (del arte)

11:13 am August 27th, 2008

En las últimas semanas me han interesado varios artículos que trataban el tema del mal, no en nuestra sociedad, sino en el arte, en la representación artística, aunque en último término, dichas representaciones tengan como referente último a la sociedad en su conjunto. Uno de esos artículos (El País, 13-8-2008) hablaba acerca de la novedad que significaba la interpretación del Payaso (Joker) en la última película de la saga de Batman (El caballero oscuro), realizada por Heath Ledger. Según el autor, Toni García, este Joker representa al “malvado moderno, despiadado y brutal”. Yo añadiría que el personaje del Joker resulta especialmente aterrador por su nihilismo, porque es un villano que avanza un paso más en la falta de sentido, en el absurdo radical, en la tendencia maníaca a la destrucción, o en lenguaje psicoanalítico, hacia la pulsión de muerte, hacia el tánatos.

Dentro del ámbito cultural español, el film ha recibido críticas positivas y otras no tanto, que reprochan a Christopher Nolan su grandilocuencia, su teatralidad. En otros artículos se ha comparado la interpretación de Jack Nicholson con la de Ledger y debo decir que ésta última me parece enormemente superior. Después de ver esta interpretación, no puedo sino lamentar aún más su muerte y echar de menos los papeles que podría habernos regalado en el futuro. No existe en esta interpretación una sola gota de histrionismo de más, porque el personaje está trabajado desde sus motivaciones profundas, aunque haya que decir que ese mérito también corresponde, en muy primer término, al guión, escrito por Christopher junto con Jonathan Nolan, basado en la recreación del personaje que aparece en la recuperación que del mismo hace Frank Miller.

Una vez vista la película, por otro lado, el guión me parece, como ya se ha destacado en otras críticas, rayar a gran altura. Toda la trama trasciende con mucho el límite de las típicas historias de superhéroes, para convertirse en una representación en esperpento de la sociedad actual. Esto se hace evidente desde la misma elección de los escenarios (auténticas ciudades norteamericanas actuales, sobre todo Chicago, lejos de la negrura de, por ejemplo, Batman returns). Aunque la ciudad sigue llamándose Gotham, vemos escenas de Nueva York o Chicago con rascacielos actuales, y la trama pone en escena a fiscales, políticos, policías y la mafia con Batman y el Joker, que en ocasiones parecen incluso actores de una trama ligeramente paralela, como desplazada en ocasiones del núcleo central.

El resultado es una película notable, teniendo en cuenta que se trata de una producción comercial destinada a romper las taquillas, y que va más allá del cine de género y me recuerda sensaciones como las que pueden producir en una persona sensible Blade Runner o La naranja mecánica. Es un poco pronto para afirmar que The Dark Knight puede ocupar un lugar tan destacado como estas dos películas (en mi opinión, no llegará a ocuparlo, pero la interpretación de Heath Ledger sí permanecerá en nuestra memoria y en nuestra retina). En cualquier caso, la filiación, sobre todo con la película de Kubrick sí resulta evidente por las declaraciones del propio Nolan y otras de Kubrick referidas al personaje de Malcolm McDowell:

“Existe una identificación psicológica a un nivel básico. Él está dentro de todos nosotros y en muchos casos reconocerlo conlleva cierta dosis de empatía en la audiencia, pero al mismo tiempo hace que algunos espectadores se sientan enfadados y poco cómodos”. Eran palabras de Stanley Kubrick a la revista Sight & Sound en la primavera de 1972, a propósito del villano de su película más polémica: La naranja mecánica.

Su reflexión no ha perdido vigencia y de hecho marca el decálogo básico del malvado moderno encarnado en 2008 por Heath Ledger y El caballero oscuro (que se estrena hoy en España): “La inspiración para el Joker proviene directamente del personaje de Malcolm McDowell en La naranja mecánica”, afirmaba Christopher Nolan, director del filme. “El Joker puede ser un anarquista aunque dice muchas verdades y el espectador no puede dejar de sentir curiosidad por quién es”, acotaba Nolan.

La comparación de una de las escenas de “ultraviolencia” de la película de Kubrick revela la similitud de ambos en el espíritu que resulta tan sorprendente. Y de modo implícito, esta sorpresa que hoy nos asalta revela el carácter pionero del cine de Kubrick, ya que fue capaz de expresar hace más de 30 años lo que hoy nos parece absolutamente actual. La cuestión del mal me sugiere muchas bifurcaciones que serán el tema de otro post.

Para terminar, propongo un par de links muy interesantes acerca de The Dark Knight:

En el blog Der Umblätterer (acerca de las novedades y tendencias culturales desde una perspectiva alemana e internacional)

La página de la Wikipedia inglesa acerca de The Dark Knight, con una compilación pormenorizada (tan pronto!!) de la recepción crítica

La página de la Wikipedia inglesa acerca de la serie de películas de Batman desde sus inicios.

Breno Mello: El “Orfeo negro” de Marcel Camus

10:26 am August 9th, 2008

Hace poco saltó a los diarios la noticia de la “triste muerte” (éste es el término que empleaban en el artículo de El País del 18 de julio) de Breno Mello, protagonista de Orfeo Negro, la famosa película de Marcel Camus, ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1959 y de un Oscar en 1960. El término me resulta algo chocante. No sé si podemos calificar su muerte de triste o alegre, aunque sí fue, desde luego, solitaria, ya que su cadáver tardó varios días en ser encontrado. Breno Mello, viniendo de un ambiente extremadamente humilde, lo tuvo un día todo: éxito, dinero, mujeres, amigos famosos, pero fue perdiendo todo lo que había ganado, dilapidando alegremente todos esos capitales, para terminar viviendo en una pobre casucha con la pensión mínima del gobierno brasileño. No sé si él estaría triste por ello (quizás estarían más tristes o pudo hacer más infelices a su mujer y a sus hijos, que soportaron sus escapadas y no tuvieron el dinero necesario para llevar una existencia mejor), o si Breno pensaría que en su vida disfrutó de todo mientras estaba a su alcance y que lo importante para él fue el hecho mismo de tener la posibilidad de disfrutarlo.

No podemos saberlo con certeza. Pero aparte de la vida extraordinaria, en muchos sentidos, de Mello, su papel en el film Orfeo Negro ya justificaría su ingreso en la memoria del arte. Vi la película por primera vez en televisión hace casi 20 años, creo que en aquel programa de La 2 llamado Cine Club y (yo era muy joven) aquel film me impresionó mucho y fue el acicate para que empezara a ver las películas de todos los grandes maestros de la Nouvelle Vague (aunque Camus no perteneciera nunca a esa corriente artística, ya que fue algo anterior). Camus actualizó en aquella película, desgraciadamente algo olvidada y que, después de volver a verla, sigue igual de fresca y emocionante, el mito clásico de Orfeo y Eurídice. Su versión, plena de valores artísticos y éticos, como su visión, en mi opinión, bastante libre de prejuicios de los barrios negros y pobres de Río, se inspiró en la obra “Orfeo da Conceiçao” de Vinicius de Moraes, conocido por su música, pero que en realidad fue el gran pope de un tipo de literatura brasileña a mediados del siglo XX. Esta película supuso, además, la introducción de la samba y la bossa nova en Europa y en todo el mundo. A partir de ese momento, los nombres de Antonio Carlos Jobim, Luiz Bonfa o Vinicius de Moraes se hicieron famosos y pasearon la música brasileña por todos los escenarios.

En este vídeo se resumen algunos de los momentos más destacados del film:

Uno de los aspectos que más me impresionan de esta película es la capacidad de Camus para extraer la expresividad natural de actores no profesionales, como el propio Mello, y de todos los extras que proporcionan el verdadero ambiente al film. Por otro lado, la ciudad de Río se convierte en un personaje más, presente con su Carnaval luminoso y sus barrios ricos y pobres, hermanados en un continuo de baile y música. Toda la alegría del carnaval está, sin embargo, embebida de una gran tristeza (como nos muestra uno de los temas más famosos “A felicidade”) y de la presencia de la muerte, que alcanzará al final a Eurídice y Orfeo. Una historia de amor eterno perseguido por la muerte implacable, imbuida de una atmósfera de una melancolía de extrema belleza.

Las malas traducciones (de libros)

9:09 pm July 25th, 2008

Realicé mi primera traducción de un texto literario en 1995 (se editó en la revista Hora de Poesía), después publiqué una traducción de un texto teatral (Tatar Titus de Albert Ostermaier), un libro de poemas de Peter Huchel (Carreteras, carreteras), una recopilación de Cuentos del Antiguo Egipto realizada por la egiptóloga alemana Emma Brunner-Traut y posteriormente las cartas del Comité Secreto formado por Sigmund Freud y sus más cercanos seguidores. Esta última traducción se publicó en 2002 (aquí puede verse la lista). Desde entonces no he publicado ninguna otra traducción en ninguna editorial. Existen varias razones posibles para ello: es posible que la calidad de mis traducciones fuese mala o quizás que la remuneración de las mismas no me pareciese adecuada (o tal vez apropiada para vivir dignamente de ella). Dejo al lector adivinar cuál de estas dos razones es la correcta. Una pista: ser mal traductor no es impedimento suficiente para publicar traducciones en muchas editoriales españolas.

Esta introducción, escrita, como diría mi admirado Manuel Rodríguez Rivero, con bastante mala leche, debe servir para poner en antecedentes, en “ambiente”, a los lectores de este post. Precisamente Rodríguez Rivero acaba de publicar en su columna semanal Sillón de orejas en El País del 12 de julio una alusión que me viene al pelo para entrar en materia:

“Siempre he considerado que el buen traductor es el coautor del libro en la lengua de llegada, lo que conlleva dos enormes responsabilidades: la del propio traductor y la del editor que lo contrata. En este país contamos con excelentes traductores, pero el intrusismo y la hipertrofia de la oferta han producido cierta trivialización del oficio entre los menos escrupulosos de ambas partes. Salvo excepciones, el salario de los traductores ha permanecido próximo a la congelación en las últimas dos décadas: las tarifas que algunos editores ofrecen a los traductores de inglés o francés no están muy lejos de las que se pagaban en la década de los noventa. Claro que si un buen traductor rechaza aceptar sueldos de miseria o ridículos derechos de traducción, el editor oportunista levanta la correspondiente piedra y -¡sapristi!- aparece una docena de aficionados dispuestos a decir que sí a esas mismas condiciones con tan desbordante entusiasmo como (en general) escasa competencia. Por eso uno se encuentra a veces con traducciones que venga Dios y las lea (y que nadie en la editorial se ha tomado la molestia de revisar). El darwinismo del mercado editorial ha provocado que los traductores sean, de todos los profesionales de la cadena del libro, los que menos han disfrutado del crecimiento de la tarta en años pasados: incluso algunos de los mejores han terminado desertando, cansados de esperar reconocimiento tangible para su trabajo. Recuerdo que una excelente traductora de Henry James me decía hace tiempo que ganaba más traduciendo un folleto para una multinacional que una novela de mediana extensión para una editorial importante.”

No puedo suscribir con mayor entusiasmo este fragmento, además de subrayar mi total acuerdo con la “excelente traductora de Henry James”, cuyas experiencias en el mundo profesional he compartido y sigo compartiendo. Lo que dice es tan cierto como que somos unos seres perplejos y perdidos en el universo. Anteriormente también Javier Marías, entre otras figuras destacadas, ha expresado con bastante ironía (o debo decir causticidad) sus opiniones a este respecto en bastantes ocasiones, no hace falta que repita ahora yo sus quejas más que justificadas.

Y como yo también sigo leyendo libros traducidos, en ocasiones me encuentro con lamentables desaguisados publicados por editoriales de primer nivel. Por ejemplo, me viene ahora a la memoria la tremenda dificultad que ha representado para mí la lectura de la biografía de Adolf Hitler publicada por uno de los grupos editoriales más importantes de este país. Para que no se pueda decir que quiero hacer sangre gratuitamente, no voy a decir ni quién es el traductor, ni en qué editorial está publicada, ni quién es el autor original (ni siquiera si es o no alemán). Pero sí voy a explicar con algunos detalles los efectos desastrosos que produce una mala (pésima) traducción de un libro que, creo, es lo bastante importante para la historiografía como para merecer un mejor tratamiento, máxime, como decía, si está publicado en un importantísimo grupo editorial.

  • Los errores repetidos de sintaxis hacen que en muchas ocasiones una frase resulte completamente ininteligible.
  • La traducción deficiente, o francamente incorrecta, de términos clave de un texto produce la extraña sensación de “flotación del sentido” en el lector. A la larga, a medida que el lector avanza en la lectura de un libro tan voluminoso (más de 1.000 páginas), el efecto es una perplejidad creciente que, por supuesto, se achaca al autor, que es quien a fin de cuentas (para el lector español medio) ha escrito el libro.
  • Las consecuencias para el lector son la relectura constante para poder comprender el texto (un traductor o alguien que conozca bien el idioma original puede intentar traducir a la inversa para extraer el sentido original). El lector empieza a sentir la lectura como una pérdida de tiempo, como un ejercicio confuso que le produce una animadversión creciente contra el texto, hasta que quizás lo deje a un lado, harto de luchar contra él.

Esto me produce una tremenda tristeza. En mi caso, después de más de 400 páginas de auténtico sufrimiento (ya que el tema me interesaba), decidí tirar el libro, literalmente, a la papelera en un ataque de ira y comprar el original alemán para enterarme de verdad de las opiniones del autor (otros 25 euros del ala). Sinceramente, creo que no hay derecho. Del mismo modo que los efectos de una buena traducción pueden traducirse en el incremento de las ventas de un libro (lo cual, dicho sea de paso, nunca revierte en beneficio del traductor), el efecto de una mala traducción en un libro puede ser nefasto. ¿Es posible que muchas editoriales, con su bastante generalizada política de reducir costes empezando por el eslabón más débil de la cadena, no se den cuenta del mal que hacen, a largo plazo, a la cultura en general? Debo decir que aunque me duela, la respuesta que tengo a estas preguntas es, por el momento, absolutamente negativa. He desesperado de que se vaya a producir algún cambio positivo en el futuro inmediato. Como siempre, el traductor será el primer perjudicado, porque su remuneración no se corresponde con su trabajo y su formación, y el lector será el siguiente damnificado, sobre todo si se ve obligado a “tragarse” un tocho de más de mil páginas “reescrito” por algún malabarista de las palabras.

En fin, dejo aquí constancia de mi opinión y suplico de Vuecencia un cambio de tendencia (con ripio incluido).