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	<title>Artificios &#187; Novela</title>
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	<description>Blog de literatura, cultura y traducción</description>
	<pubDate>Fri, 02 Jan 2009 18:22:23 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>
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		<title>&#8220;Derrumbe&#8221; de Ricardo Menéndez Salmón: horror, horror&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 22:16:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>

		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Novela]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.pablo-villadangos.com/images/derrumbe_menendez_salmon.jpg" alt="'Derrumbe' de Ricardo Menéndez Salmón" />Tuve la primera referencia de Ricardo Menéndez Salmón en un artículo de prensa a principios de este año y no conocía su obra hasta hace unos pocos meses. Por acumulación de lecturas pendientes, por simple adormecimiento de mis antenas receptivas, no leí en su día <em>La ofensa</em>, que supuso la consagración de Menéndez Salmón a nivel nacional. Como señala <a href="http://www.elpais.com/articulo/narrativa/terrorismo/globalizado/elpepuculbab/20080607elpbabnar_11/Tes" target="_blank">Rafael Conte en su reseña de <em>Derrumbe</em></a>, los comienzos de RMS, algo confinado en círculos regionales asturianos, fueron laboriosos y no era muy conocido a pesar de haber publicado ya en aquel momento media docena de libros. En junio adquirí su novela <em>Derrumbe </em>y tuve un breve encuentro con él en la Feria del Libro, experiencia que acabo de repetir tras su intervención en el Hay Festival de Segovia el mes pasado. Me interesó su propuesta narrativa y su actividad editorial, además de los aspectos comunes de nuestra formación y cierta preferencia por la cultura centroeuropea, concretamente alemana, lo que no significa, en ninguno de los dos casos, que seamos simplemente &#8220;germanófilos&#8221;. El verano lleno de lecturas atrasadas y el trabajo en mi propia novela han retrasado hasta ahora que dedique un merecido post a <em>Derrumbe</em>, cosa que hago ahora, una vez leídas ambas novelas.</p>
<p>Cumplo con mi promesa con el mayor de los placeres, porque <em>Derrumbe </em>me parece una novela notable, un texto literariamente valioso y una obra de arte con vocación de pervivencia.  Ya se han publicado muchas reseñas del libro en todos los suplementos culturales y también en la blogosfera, por lo que no voy a repetir lo que ya se ha comentado acerca del lenguaje cinematográfico del relato, la utilización de escenas breves que proporcionan una serie de instantáneas al lector, el uso de frases cortas y descripciones impactantes, las diferencias entre las tres partes de la novela, etc.</p>
<p>Lo que me interesa aquí es, sobre todo, el planteamiento global de la novela, el análisis del tema que nos propone el texto, el modo en que dicho texto lo resuelve y las reflexiones a las que me ha inducido, personalmente como ser humano y también como escritor interesado en algunos temas similares, aunque también en otros bastante diferentes.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3 style="text-align: left;">El Mal (y el mal)</h3>
<p>Se ha señalado en otras reseñas que el tema del libro es el Mal (en la pág. 34 el propio RMS emplea el término Mal con mayúscula haciendo referencia, en mi opinión, tanto a la categoría moral como a la ontológica. Yo añado que la novela también trata del mal, sin categoría moral sobrevenida, como aquello que está mal hecho, mal constituido, mal conformado). Más tarde analizaré con más detenimiento esta dicotomía. Pero además, la novela, dentro de su brevedad, dentro de su concentración, pretende trazar un inventario de &#8220;l&#8217;état des choses&#8221;, de la situación actual de nuestra sociedad, de nuestra civilización, en la que el Mal (y el mal) es protagonista indiscutible.</p>
<p>Al mismo tiempo, otra gran línea temática que recorre la novela sería la investigación dubitativa acerca de la naturaleza humana, tratando de responder a la pregunta de si ese Mal es un elemento constituyente de la misma o no. La novela no emite respuestas definitivas (¿cómo podría?) pero de ella se desprende un estado anímico de profundo pesimismo que sugiere que el Mal es, efectiva y desgraciadamente, un elemento fundamental de la naturaleza humana. Por otro lado, como acabo de señalar, la novela también trata del mal con minúscula, es decir, del mundo, la sociedad, como aquello que está, definitivamente, mal hecho, o contrahecho de modo que sea capaz incluso, probablemente, de deformar lo bueno que existe dentro de los seres humanos (este interesante aspecto no se encuentra de modo evidente en <em>Derrumbe</em>, pero sí me parece central en <em>La ofensa</em>, dadas las reacciones extremas, corporeizadas y somatizadas, y el destino final de Kurt, su protagonista. Como veremos, esta característica apunta a una de las influencias literarias de RMS: Joseph Conrad).</p>
<p>Esta investigación sobre el Mal se desarrolla no de un modo general, en forma de gran fresco humano, con muchos personajes, sino en el retrato preciso (los contornos de este retrato me recuerdan a un daguerrotipo en intenso claroscuro en blanco y negro) de unos pocos personajes: Mortenblau, Manila y Mara, de un lado, y Menezes, Valdivia y Vera, del otro. Se trata de dos triángulos complementarios formados por personajes que giran imperceptiblemente alrededor del mismo complejo de preguntas sin posible respuesta, dos hombres y una mujer, en los que los hombres constituyen teóricamente los polos del Mal y del Bien, y la mujer oscila entre ambos. En un caso, nos encontramos ante un personaje de Esposa y en el otro de Hija, lo que introduce un matiz que necesitaría un análisis más profundo. Pero el texto nos proporciona muchos ejemplos de que la asignación del Mal y del Bien puede ser, al menos, mucho menos invariable de lo que pueda parecer, ya que Manila también recibe (pág. 38 y 45), aunque en un principio sólo sea simbólicamente, rasgos malignos que anuncian el contradictorio final de la novela. Para todo ello, RMS utiliza en toda su extensión su estilo, la poderosa herramienta de su escritura, para hacer que todo el contenido temático y filosófico de sus novelas llegue hasta nosotros con toda su fuerza sismológica intacta. Esta conjunción de temática &#8220;verdadera&#8221; y gran estilo es lo que distingue a un escritor con verdadero talento como RMS.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>El terror (y el horror)</h3>
<p>Otro aspecto, no ya filosófico como los anteriores, sino emocional, humano en un sentido elemental, es la capacidad que posee el Mal para generar miedo, terror. Desde la cita liminar de Dostoievski: &#8220;El terror es la maldición del hombre&#8221; es obvio que el tema de la novela es, como se ha señalado ya, el Mal en sí, pero también el terror, el Mal como generador de terror, diría yo. Este aspecto tiene su expresión cabal, por ejemplo, en los personajes de Manila y Mara con respecto a Mortenblau, y del mismo Mortenblau con respecto a la figura del &#8220;león&#8221; fantasmal que le persigue y que sería la personificación del Mal primario, procedente del exterior, casi impuesto también a Mortenblau como categoría ontológica. Así, en la constelación del Mal que genera un terror ineludible en los seres humanos tenemos diferentes niveles que parecen recorrer la novela en líneas de fuerza que parten de ese Mal como un ser independiente.</p>
<p>El terror funciona también como una estrategia narrativa en la novela, pues Mortenblau personificará más tarde el miedo que siente Manila de perder a su esposa (pág. 24) y la propia Mara siente miedo del desconocido que terminará por atraerla irresistiblemente (pág. 28 y 53-55). Como una infección, el desarrollo de la novela nos muestra cómo el Mal, con mayúsculas, va extendiéndose como una pandemia por el mundo, acrecentando su imperfección (Valdivia, Menezes y Vera, al igual que entidades que teóricamente deberían estar por encima de él, como la policía, participan así mismo del Mal en diferentes grados, pero ninguno se verá libre de su ataque certero). Es aquí donde se evidencia un punto de vista similar a otras influencias literarias que se han mencionado: Dostoievski, sugerido por el propio autor, y el Conrad de <em>El corazón de las tinieblas </em>(o <em>Corazón de oscuridad</em>, como quizás debería haberse traducido, según señala muy acertadamente Dámaso López García en su edición publicada en Valdemar). En efecto, el corazón humano, parece decirnos RMS, apoyándose en los grandes maestros, es un corazón de oscuridad, de profundas tinieblas. En él reinan, a la vez, el Mal y el horror.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>La sociedad nihilista</h3>
<p>En <em>Derrumbe </em>se nos describe un mundo en el que el Mal se ha extendido y ha generado una sociedad cada vez más nihilista, en la que los únicos valores seguros son el dinero y el hiperconsumo, que han generado una civilización que ya se ha convertido en un simulacro de sí misma, en la que la realidad ha sido sustituida por un parque temático que, paradójicamente, habría conseguido ahora la categoría prevaleciente que correspondería a la idea según la teoría idealista clásica de Platón. Como ya hemos descrito, el Mal actúa como una idea platónica a la que se le otorga una categoría de realidad mayor que la de los seres y cosas malignos (véase el pasaje de las pág. 72-74 sobre el parque temático, su categoría de simulacro que, paradójicamente, está sustituyendo ya a la propia realidad; más tarde, también encontramos estas ideas en la pág. 170, aunque en su vertiente nominalista, por así decir, enfatizando el problema del lenguaje: &#8220;hoy el discurso crea la realidad&#8221; y &#8220;la realidad es la sombra de la palabra, no a la inversa&#8221;). Toda esta constelación apunta a la conclusión de que ya vivimos en el &#8220;fin de los tiempos&#8221;, envueltos en una melancolía crepuscular que puede engendrar, no obstante, exabruptos de violencia inaudita. Este parece ser el caldo de cultivo en el que surgen los Arrancadores, dirigidos por el liderazgo intelectual de Menezes, mensajero extraño de un nihilismo catastrófico.</p>
<p>Este nihilismo, que podríamos llamar postcapitalista, aparece con fuerza en muchas obras de arte actuales. Hace un tiempo, escribí <a href="http://pablo-villadangos.com/blog/2008/08/27/los-nuevos-villanos-del-arte/" target="_blank">en este mismo blog</a> que el personaje del último Joker en <em>El caballero oscuro</em>, interpretado por Heath Ledger, &#8220;resulta especialmente aterrador por su nihilismo, porque es un villano que avanza un paso más en la falta de sentido, en el absurdo radical, en la tendencia maníaca a la destrucción, o en lenguaje psicoanalítico, hacia la pulsión de muerte, hacia el tánatos&#8221;. Una de las formas modernas de esta figura de oscuras pulsiones autodestructivas sería el terrorista suicida, que ha sido ahora adoptado sobre todo por los islamistas. Pero tenemos la misma constelación en los cientos de personas que matan suicidándose o que matan y después se suicidan, como los maltratadores y los autores de las masacres en institutos, universidades o centros de trabajo. En puridad, esto no es nuevo, pues sus precursores son los kamikazes japoneses de la Segunda Guerra Mundial y esta clase de pulsión de muerte sin sentido ha existido siempre, pero lo que a los occidentales opulentos actuales, sobre todo no acostumbrados a ver la muerte de cerca, nos asusta es su extensión y su aparición imprevisible. Este es precisamente el germen del terror o del horror (citando ahora al Kurtz agonizante de Conrad que lanza una mirada alucinada y, al mismo tiempo, omnisciente sobre la humanidad).</p>
<p>Aparte de esta inspiración basada en la sociedad real, la novela toma numerosas influencias y se inspira en precursores artísticos mayores. Para mí, uno de los más característicos, y que no se han mencionado, sería el personaje de Alex Delarge,  creado por Stanley Kubrick y Anthony Burgess en <em>La naranja mecánica</em>, que anticipa la ultraviolencia gratuita y sin sentido en personajes inteligentes, depravados y cultos, como es precisamente Mortenblau, figura de esteta exquisito dentro de la mente de un asesino. Tenemos ejemplos más modernos que se han citado en otras reseñas (véase la de Vicente Luis Mora en <a href="http://vicenteluismora.blogspot.com/2008/05/ricardo-menndez-salmn-el-monstruo-est.html" target="_blank"><em>Diario de lecturas</em></a>), como el Anton Chigurh de <em>No es país para viejos</em> que, de forma característica, fue creado por Cormac McCarthy, uno de los herederos más ilustres de Faulkner, y después llevado al cine por los hermanos Cohen, y también el personaje de Hannibal Lecter de <em>El silencio de los corderos</em> de Jonathan Demme y sus secuelas. No obstante, el modelo de Kubrick me parece el precursor de todos los personajes de filiación nihilista que han surgido más tarde y que tienen poco que ver con los terroristas de inspiración nacionalista o religiosa.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>La filosofía ante el Mal</h3>
<p>Ante este estado de cosas, ¿qué puede hacer la filosofía? En <em>Derrumbe</em>, RMS (de formación filosófica) se plantea este problema desde el principio, siguiendo la estela de sus obras anteriores, y su respuesta no puede ser más desconsoladora: el texto va destilando la certeza de que la filosofía ya no es capaz de proporcionar ningún consuelo al hombre inmerso en las contradicciones de la sociedad hipercapitalista y tecnológica actual. Es más, creo que todo en la obra de RMS parece indicar que tampoco nos ofrece ya ninguna <em><strong>explicación </strong></em>realmente válida de la voluntad humana de hacer el Mal y de la omnipresencia de la violencia y el mal en el mundo. Además, en estrecha relación con esta función de la filosofía, RMS incide poderosamente en otro tema filosófico muy debatido en el oscuro siglo XX: ¿Puede la filosofía, la cultura, es decir la <em><strong>educación</strong></em>, mejorar el espíritu humano y reducir la violencia? Las respuestas y experiencias del siglo XX parecen ir en contra de esta posibilidad: el siglo de dos Guerras Mundiales terribles, con el nazismo, el Holocausto, el Gulag, los genocidios en Ruanda y Bosnia ha desembocado en un principio de siglo XXI sin valores claros ni un objetivo de progreso cierto hacia el que dirigirnos más allá de la pura dialéctica interna de la tecnología (esta línea ideológica parece sugerirla el propio RMS en diversos artículos, como <a href="http://pablo-villadangos.com/blog/2008/07/21/ricardo-menendez-salmon-y-vientos-amargos" target="_blank">el dedicado a &#8220;Vientos amargos&#8221; que he comentado hace poco</a> en este mismo blog). RMS parece dar la razón en su obra a la visión pesimista de Horkheimer y Adorno en <em>Dialéctica de la ilustración</em>. La razón ilustrada, pervertida por las relaciones de poder y su destrucción de la diferencia creativa ha creado definitivamente su contrario, generando la barbarie paradójica del nazismo. Es característico que aquella teoría surgiera inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, pero también resulta sorprendente que su pesimismo pueda aplicarse sin apenas cambios al principio del nuevo milenio. Erigidos sobre las cenizas y ante las evidencias de que un pueblo tan culto como el alemán había podido generar dentro de sí la barbarie increíble del nazismo, Horkheimer y Adorno no podían sino constatar que los ideales de la Ilustración no se habían cumplido: la educación no bastaba para erradicar el mal, es más, la exquisita educación, la inteligencia superior sólo servían para agravar la barbarie y hacerla más sofisticada hasta extremos hasta entonces desconocidos.</p>
<p>RMS nos ofrece abundantes referencias a esta inutilidad de la filosofía y la educación para alejar a los seres humanos del Mal ontológico. Su mención (pág. 77-78) de <em>La condición humana</em>, como lectura emblemática de los Arrancadores, parece apuntar así más a Hannah Arendt y a su teoría acerca de la &#8220;banalidad del mal&#8221; que tan brillantemente desarrolló en <em>Eichmann en Jerusalén</em>. Mortenblau también ejerce el mal banalmente, enlazándolo sin solución de continuidad con actos tan naturales como comer, fornicar o defecar.</p>
<p>Así, el ejemplo vivo de la inutilidad de la filosofía y la cultura para evitar el mal es el mismo Mortenblau, que lee a Montaigne, Huysmans y Kafka (pág. 45-46) sin poder evitar la victoria final de sus impulsos asesinos. En el otro polo, Manila cree, con la misma resignación y reconocimiento de su derrota, en la Ilustración, Kant, Rousseau, Hubble, en los avances tecnológicos (pág. 47-48) y en Hobbes (&#8221;El día que vine al mundo, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo&#8221;, pág. 43). Ante la inutilidad de la filosofía y la cultura, la conclusión no puede ser más sombría.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>La destrucción de la civilización</h3>
<p>Por esta razón, todo apunta al derrumbe que anuncia su título y parece vaticinar la decadencia, la destrucción colosal y estrepitosa de una civilización entera, pero no ya por la inconsistencia o incapacidad de sus instituciones y sistemas políticos o económicos (de rabiosa actualidad en estos momentos y que se demuestra por el desencanto ante la verdadera capacidad de las democracias modernas), sino esencialmente porque el ser humano, de modo intrínseco, es incapaz de construir nada mejor, es malo por naturaleza, tiene el Mal incardinado como un demonio en su carne, de ahí su cita liminar. En la segunda parte, al describir el atentado megalómano de los Arrancadores a Corporama, RMS da rienda suelta a esa visión catastrófica de un fin del mundo posible, provocado por el Mal omnipresente y por su capacidad para haber generado una realidad que es una ilusión, un simulacro de sí misma.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>Arte de la elipsis</h3>
<p>Tras este análisis de contenido, no quisiera terminar mi lectura de <em>Derrumbe </em>sin mencionar dos principios narrativos que destacan especialmente en la estructura de la novela. El primer principio es la utilización magistral de la elipsis que se evidencia sobre todo en las últimas páginas de la primera parte (pag. 60-66). Esta estrategia permite que RMS mantenga la tensión narrativa al mismo tiempo que se concentra en los episodios centrales, eliminando todo contenido superfluo y permitiéndole narrar <strong><span style="text-decoration: underline;">también</span> </strong>con lo que no dice. Se trata de un arte que pocos escritores dominan, obsesionados quizás con tratar de decirlo todo, lo que les parece implicar la acumulación de texto. El mérito de RMS se evidencia en que dice todo lo que tiene que decir con el menor número posible de palabras, al mismo tiempo que incrementa el efecto de las palabras que sí dice en el lector.</p>
<p>RMS es un autor de aliento clásico en su estilo, pero que utiliza con habilidad el fragmento característico de las narrativas mutantes postmodernas. Creo que no se trata de ninguna contradicción, ya que el uso de fragmentos resulta paradigmático en autores tan clásicos como Borges o Rulfo, por ejemplo, y también es magistral en un autor tan importante, aunque ahora algo más olvidado, como Cortázar. Resulta sorprendente que algunas reseñas pongan esta estrategia narrativa y la fragmentación de los episodios en el debe del autor. En mi opinión, como acabo de explicar, se trata de todo lo contrario y es uno de los aciertos de la primera parte de la novela.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<h3>El final circular</h3>
<p>Por último, el segundo rasgo estilítico destacado es el final circular, al que RMS tiene un apego especial, puesto que ya lo ha utilizado en novelas anteriores. Para mí es especialmente significativo que las mismas palabras que se han utilizado para describir el primer asesinato de Mortenblau sirvan al final para relatar su muerte a manos de Manila. Una posible interpretación sería que el Mal está tan omnipresente que el policía, representante teórico de la justicia, también se deja seducir por la violencia en sí misma como respuesta visceral y contradictoria frente al Mal. Yo creo que este sentido está implícito en cierta desesperanza de fondo que deja translucir la novela (la cultura no ofrece consuelo para el magma de pulsiones que desgarran al ser humano y a las que sucumbirá más tarde o más temprano). Pero también existe otro sentido posible que, aunque sea una contradicción en sí mismo por el uso de la violencia para reparar lo irreparable que ha cometido Mortenblau, introduzca la única solución posible a la injusticia, una especie de justicia poética en el mundo: asesinar al asesino, igual que robar al ladrón, siempre tendrá cien años de perdón.</p>
<p>Este desenlace no es sólo un final circular que sugiere el reinicio, la circularidad del tiempo, la repetición infinita que alude a Nietzsche, sino que también implica la identificación de los dos protagonistas que cometen su primer asesinato (recordémoslo) del mismo modo y con las mismas palabras. Pero el desenlace remite de nuevo al tema del lenguaje como generador de realidad (las frases ya citadas de la pág. 170), e inversamente, al modo en que las mismas palabras pueden expresar cosas absolutamente distintas, describiendo dos hechos aparentemente idénticos, pero esencialmente diferentes e incluso antagónicos, ya que la única esperanza que parece traslucir la novela es la posibilidad de que esta última muerte sea en cierto modo la restitución del orden correcto del mundo, signo de una especie de última resurrección. Esta lectura parece refrendarla el propio autor en su comentario a la reseña que le dedicó Vicente Luis Mora en su <a href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=36905558&amp;postID=6256386447285052282&amp;page=1" target="_blank"><em>Diario de lecturas</em></a>.</p>
<p>Con este final, RMS consigue mantener al lector preso y fascinado en el círculo de su novela. Enrique Vila-Matas expresa cabalmente la fascinación que genera en los lectores atentos la lectura de Ricardo Menéndez Salmón <a href="http://www.elpais.com/articulo/cataluna/Decirlo/todo/elpepiespcat/20080113elpcat_4/Tes" target="_blank">en un artículo que se refiere a <em>La ofensa </em>y <em>Gritar</em></a>: el escritor asturiano, señala, está aquejado del <em>mal de los constructores</em>, &#8220;el mal de los que quieren decirlo todo, el mal de los que tan alejados están de los falsos escritores.&#8221; Lo verdaderamente notable de Menéndez Salmón es que sea capaz de decir todo lo que quiere decir con tal concentración, con tal sentido de lo verdaderamente importante, con tal capacidad de síntesis.</p>
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		<title>El misterio Clarice Lispector</title>
		<link>http://pablo-villadangos.com/blog/2008/10/23/el-misterio-clarice-lispector/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Oct 2008 21:52:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>

		<category><![CDATA[Internet]]></category>

		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Novela]]></category>

		<category><![CDATA[Clarice Lispector]]></category>

		<category><![CDATA[Félix Romeo]]></category>

		<category><![CDATA[Nádia Battela Gotlib]]></category>

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		<description><![CDATA[Una referencia de Félix Romeo me puso sobre la pista de Clarice Lispector en la red. Hasta ahora no se me había ocurrido la posibilidad de encontrar algún testimonio videográfico de ella en Internet, pero ahí está: una larga entrevista en la televisión brasileña que se puede ver gratis en YouTube, una de las ventajas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una referencia de Félix Romeo me puso sobre la pista de Clarice Lispector en la red. Hasta ahora no se me había ocurrido la posibilidad de encontrar algún testimonio videográfico de ella en Internet, pero ahí está: una larga entrevista en la televisión brasileña que se puede ver gratis en YouTube, una de las ventajas de nuestro mundo interconectado. Ver esta joya hace tan sólo unos años habría sido una tarea ímproba. Probablemente habría sido necesario viajar a Brasil e investigar en bibliotecas, hemerotecas o filmotecas para encontrarla.</p>
<p>La importancia del documento es mayor por varias circunstancias. Clarice Lispector nunca fue dada a las entrevistas, siempre guardó su intimidad como algo precioso. Y además, la entrevista, concedida a Junio Lerner para el programa &#8220;Panorama&#8221;, fue emitida el 1 de febrero de 1977, pocos meses antes de que muriera, prematuramente de un cáncer, con tan sólo 57 años. La entrevista está dividida en varias partes. Cuelgo aquí sólo la primera parte, las demás aparecerán como sugerencias al terminar de verla. No soy mitómano, creo, pero su expresión en este documento me impresiona: posee la mirada hierática y directa de alguien acostumbrado a contemplar abismos, aunque sean interiores y lo parezcan menos. También afecta, conociendo su belleza (impresionante en su juventud, a mí me parece casi imposible que una escritora tan solitaria haya sido tan bella, si bien es cierto que no existe ninguna contradicción necesaria entre ambas características), constatar las huellas del cansancio y la enfermedad que la estaban minando sin que se diera cuenta o, tal vez, dándose cuenta pero tratando de obviarlo hasta el momento final. Pero, sobre todo, lo que queda flotando poderosamente después de verla es el tono, al mismo tiempo firme e imbuido de humildad, de sus palabras.</p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="425" height="344" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/9ad7b6kqyok&amp;hl=es&amp;fs=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344" src="http://www.youtube.com/v/9ad7b6kqyok&amp;hl=es&amp;fs=1" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Clarice Lispector no se consideraba una escritora profesional, a pesar de haber publicado bastantes novelas, libros de relatos e incluso libros para niños. Pero se definía como una amateur porque deseaba, ante todo, mantener la libertad de escribir o de no escribir. Esta actitud fundamental explica su relación de amor voluntario con la escritura. Para ella, escribir era una necesidad a la que, paradójicamente, podía renunciar. Pero, al mismo tiempo, en las largas épocas en las que dice no sentirse capaz de escribir, en los tiempos en los que la vida le resulta demasiado dura, siente que está muerta. Porque, desde muy pequeña, pensaba que vivía en una especie de historia interminable. Clarice reconoce que esta relación suya con la actividad de narrar es muy complicada y que no puede explicarla cabalmente. Pero tiene la conciencia nítida de que empezó a escribir desde que aprendió a leer. Más tarde, durante la adolescencia, reconoce que era muy caótica y que vivía completamente fuera de la realidad. Puedo identificarme fácilmente con ese estado de conciencia.</p>
<p>Como complemento a las palabras de Lispector, el programa que rescata la entrevista nos ofrece las declaraciones de su biógrafa, Nádia Battela Gotlib. Me quedo con su observación de que los personajes de Lispector son una cosa y a la vez la contraria. Añado que sus escritos están plenos de dicotomías amor-odio, de contradicciones tan abstrusas que acaban desembocando en síntesis imposibles o en negaciones que nos colocan ante la tesitura de volver a empezar, de sentir y reflexionar de nuevo todas las emociones para intentar desentrañar la verdad última de todo lo accesorio. Tarea imposible, agotadora, pero necesaria. Intento de desentrañar el mundo desde la individualidad más íntima. Y también me deslumbra que, dentro de las dicotomías en las que parecía desenvolverse, Lispector siempre mantiene una extraña y particular posición como lectora de sus propias obras. Muchos escritores se desvinculan de su obra cuando ya está publicada, porque ya no les pertenece, pero Clarice parecía leer sus obras con extrañeza y en ocasiones no comprendía lo que ella misma había escrito anteriormente. En la entrevista menciona expresamente el caso de &#8220;El huevo y la gallina&#8221;, un cuento (perteneciente a su colección &#8220;Felicidad clandestina&#8221;) que seguía intrigándola poco antes de su propia muerte y del que admite abiertamente no saber en último término qué quería decir con él. Una frase suya lo resume bien:</p>
<blockquote><p>&#8220;O bom de escrever é que nao sei o que vou escrever na proxima linha. Eu queria saber o que pretendem de mim os meus livros&#8230;&#8221;</p></blockquote>
<p>Esta sensación de profunda extrañeza, unida a la certeza de encontrarme ante una obra excepcional, es la que también ha prevalecido siempre en mí al leerla. Es como si el lector se viera obligado a duplicar el desconcierto de la propia autora, envuelto en una escritura que lo zarandea con su no-estilo. Es quizás uno de los escritores, hombre o mujeres, que menos he podido comprender, dándose la paradoja que la mayor lección que podamos extraer de ella es precisamente la imposibilidad de comprender, al mismo tiempo que hemos de reconocer el inmenso talento de su arte. Como muestra ínfima y pequeño homenaje, recuerdo especialmente un pasaje de &#8220;Cerca del corazón salvaje&#8221; que ilustra de modo ejemplar la lucha intrínseca de ideas contrapuestas o incluso contradictorias en ella:</p>
<blockquote><p>&#8220;Recostó la cabeza en su pecho, y allí latía un corazón. Pensó: incluso así, a pesar de la muerte, algún día le dejaré. Conocía bien el pensamiento que podría llegarle, fortaleciéndola, si antes de dejarlo se conmoviera: &#8216;Arrojé todo lo que podría tener. No le odio, no le desprecio. ¿Por qué buscarle, aunque lo ame? No me gusto hasta el punto de que me gusten las cosas que me gustan. Amo más lo que quiero que a mí misma&#8217;. Sin embargo, sabía que la verdad podía estar igualmente en lo contrario de lo que pensaba.&#8221; (&#8221;Cerca del corazón salvaje&#8221;, traducción de Basilio Losada, ediciones Siruela).</p></blockquote>
<p>&#8220;The rest is silence&#8221;&#8230;</p>
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		<title>Habemus Nobel: ¡Le Clézio!</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Oct 2008 16:37:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Novela]]></category>

		<category><![CDATA[Jean-Marie Gustave Le Clézio]]></category>

		<category><![CDATA[Premio Nobel]]></category>

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		<description><![CDATA[Je sors du fond de mon esprit mes racines françaises (qui ne sont &#8220;que&#8221; linguistiques et culturelles) pour me féliciter du décernement du Prix Nobel de Littérature à Jean-Marie Gustave Le Clézio. J&#8217;en suis heureux!!
Bueno, pues ya lo he dicho en francés. Pero para francés musical, poético, envolvente, susurrante, el de las novelas y relatos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Je sors du fond de mon esprit mes racines françaises (qui ne sont &#8220;que&#8221; linguistiques et culturelles) pour me féliciter du décernement du Prix Nobel de Littérature à Jean-Marie Gustave Le Clézio. J&#8217;en suis heureux!!</strong></p>
<p><img class="alignleft" src="http://www.pablo-villadangos.com/images/Le_Clezio_peq.jpg" alt="Jean-Marie Gustave Le Clézio" />Bueno, pues ya lo he dicho en francés. Pero para francés musical, poético, envolvente, susurrante, el de las novelas y relatos de Le Clézio, un autor no muy conocido en España, me parece, fuera de círculos literarios muy concretos. Me alegro de que se reconozca su talento, sus muchos años de carrera literaria, que comenzó a los 23 años ganando el Renaudot y que sigue hasta el presente con su último libro: &#8220;Ritournelle de la faim&#8221; (Estribillo del hambre, aún no traducido). No voy a repetir sus libros más conocidos ni los demás premios que se le han concedido. Sólo destacaré que me parece reseñable que Le Clézio viva precisamente en los Estados Unidos (en Albuquerque, donde enseña) y que haya sido un viajero permanente por muchos países, sobre todo del llamado Tercer Mundo, para intentar descubrir lo que hay más allá de la civilización occidental dominante. Es seguro que sus experiencias tempranas (su padre fue cirujano en Nigeria, su familia vivió en las Islas Mauricio y su esposa es de origen saharaui) han formado una curiosa visión periférica (es decir desde la periferia hacia el centro) en un individuo que siempre ha formado parte a la vez de ambos mundos.</p>
<p>Después de la polémica protagonizada hace pocos días por uno de los miembros de la Academia Sueca, cuyas razones para juzgar duramente a los escritores norteamericanos habría que atribuirlas más bien, en mi opinión, al país en su conjunto, a una mayoría dormida de personas que lo habitan, más que a sus intelectuales o artistas, estaba claro que todas las apuestas se dirigían hacia un europeo. En España no había sonado mucho el nombre de Le Clézio como posible laureable, pero naturalmente sí en Francia, donde Le Clézio forma parte de la &#8220;lista restringida&#8221; desde hace años y se le considera, probablemente, el mayor escritor francés vivo. Hacía mucho tiempo, desde Claude Simon en 1985, que un francés no obtenía el Nobel de Literatura. Y me gusta este premio porque me parece que puede ser un buen candidato a Nobel que no caduque en la Historia, alguien que pueda compensar los fallos y salidas de tono de los Académicos Suecos (no hace falta más que recordar los casos de Borges o Cortázar, candidatos eternos, o Cela, Nobel nuestro claro candidato al olvido de la Historia). En este contexto, no está de más escuchar la respuesta del propio Le Clézio en una entrevista concedida pocas horas antes de la concesión a France Inter (ver vídeo), en la que relativiza en su justa medida y con fina ironía el significado y la importancia del premio, de cualquier premio, aunque no deje de reconocer que le gusta recibirlos (como a todos, incluso los que hacen el gran gesto histriónico de rechazarlos).</p>
<p><strong>Ver la <a href="http://www.dailymotion.com/video/x70igg_jmg-le-clezio-nobel-de-litterature_news" target="_blank">entrevista en France Inter</a>.</strong></p>
<p><strong>Cita de su rueda de prensa </strong>improvisada que suscribo totalmente:</p>
<blockquote><p>&#8220;Écrire ce n&#8217;est pas seulement être sur sa table et se livrer à soi-même, mais écrire c&#8217;est aussi écouter le bruit du monde&#8221;.</p></blockquote>
<p style="text-align: center;"><strong>*************************************************************</strong></p>
<p><strong>NOTA FINAL: </strong>Acabo de recorrer periódicos y otros sitios de Internet para ver cómo se había acogido la noticia y me tropiezo con comentarios bastante bochornosos de desconocimiento supino incluso en las páginas culturales. En primer lugar, parece que el autor era mucho más desconocido en España de lo que yo pensaba y, en segundo lugar, es descorazonador ver cómo uno de los peores defectos de nuestra cultura sale a relucir a la mínima ocasión: la incultura que se regodea en ello y se permite despreciar lo que no conoce por puro despecho ignorante. ¡¡Lamentable!!</p>
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		<title>David Foster Wallace, in memoriam</title>
		<link>http://pablo-villadangos.com/blog/2008/09/20/david-foster-wallace-in-memoriam/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Sep 2008 19:34:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>

		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Novela]]></category>

		<category><![CDATA[David Foster Wallace]]></category>

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		<description><![CDATA[Leí en todos los diarios acerca de la muerte de David Foster Wallace el día 15. Ha sido un suicidio y al enterarme me embargó un sentimiento de profunda tristeza. Pensando en su vida y su obra, me duele especialmente ser consciente de que un escritor con el talento de Wallace no vaya a seguir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leí en todos los diarios acerca de la muerte de David Foster Wallace el día 15. Ha sido un suicidio y al enterarme me embargó un sentimiento de profunda tristeza. Pensando en su vida y su obra, me duele especialmente ser consciente de que un escritor con el talento de Wallace no vaya a seguir regalándonos nunca más con sus novelas. Recuerdo <em>La broma infinita </em>(Infinite Jest) y su retrato de ese dolor inasible, de ese malestar indefinible que se ha convertido en el santo y seña de las personas que habitan en las sociedades opulentas de Occidente. Wallace lo diagnosticó ya en 1996, cuando yo vivía en Michigan y podía palpar cada día la realidad americana, porque aquellos signos preocupantes, aquel &#8220;malestar de la cultura&#8221; occidental se empezó a manifestar en primer lugar en la muy rica, pero al mismo tiempo muy contradictoria, muy heterogénea, y ahora ya muy desestructurada sociedad estadounidense. En Europa, aquellos signos tardaron algo más en llegar, aunque actualmente todo lo que Wallace sentía, aquella soledad infinita que era como una inmensa broma del peor gusto, se sienta casi en cada vivienda, sobre todo urbana, de cualquier ciudad europea. PERO NADIE ha sido capaz de contarlo, de relatarlo como él.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.pablo-villadangos.com/images/David_Foster_Wallace.jpg" alt="David Foster Wallace" />Foto de Marion Ettlinger</p>
<p>Quizás ante todo eso, o tal vez por razones estrictamente personales, asociadas a su infancia, a su vida, a sus expectativas, Wallace no encontró ninguna otra salida que &#8220;quitarse la vida&#8221; (extraña expresión ésta, cómo puede uno imaginarse que sea posible quitarse eso, cómo hemos de comprender el sentido de este sintagma), que ceder finalmente a una pulsión de muerte contra la que llevaba años luchando. Como muchos otros lectores, me sorprendió en un principio saber que él, el autor cáustico, irónico y francamente divertido Wallace, luchase desde hacía tiempo contra esa fuerza oscura que pretendía succionarle, una potencia que se ocultaba en su propia mente y que ha terminado absorbiéndolo antes de tiempo, mucho antes de lo que desearíamos. Eligió la horca, la soga. Me invade un pudor extraño al evocar esa elección, hacer referencia a las muertes oscuras en celdas, a las muertes públicas en el Salvaje Oeste, pero este método de acabar con la propia vida me parece que tiene mucho que ver con el grado de auténtica desesperación que debía experimentar Wallace en los últimos tiempos y, al mismo tiempo, es algo profundamente norteamericano. Por otro lado, la elección del método de suicidio está estrechamente relacionada con el grado de violencia que se desee ejercer contra uno mismo.</p>
<p>En Estados Unidos, esta muerte sorpresiva ha generado una gran conmoción colectiva, pero los artículos, necrológicas o posts dolientes se han multiplicado en todo Occidente y, en menor medida, en todo el mundo.</p>
<p>Sirva este post como pequeño homenaje desde mi atalaya a este gran autor. Incluyo una selección de vínculos a blogs y a artículos que merecen una visita.</p>
<h3>Pequeña selección de links</h3>
<p>Obituario de <a href="http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/David/Foster/Wallace/mejor/cronista/malestar/EE/UU/elpepinec/20080915elpepinec_1/Tes" target="_blank">Eduardo Lago</a> en El País</p>
<p>Obituario de <a href="http://www.abc.es/20080915/opinion-firmas/muerto-david-foster-wallace-20080915.html" target="_blank">Andrés Ibáñez </a>en ABC</p>
<p>Obituario en <a href="http://www.latimes.com/news/obituaries/la-me-wallace14-2008sep14,0,246155.story" target="_blank">Los Angeles Times</a></p>
<p>Blog <a href="http://vicenteluismora.blogspot.com/2008/09/david-foster-wallace.html" target="_blank">Diario de lecturas</a> de Vicente Luis Mora</p>
<p>Blog <a href="http://lalibreria.blogspot.com/2008/09/la-muerte-de-david-foster-wallace.html" target="_blank">La librería</a></p>
<p>Blog <a href="http://elojofisgon.blogspot.com/2008/09/la-muerte-de-david-foster-wallace-y-un.html" target="_blank">El ojo fisgón</a></p>
<p>Blog <a href="http://masacreenlosjardines.wordpress.com/2008/09/15/un-mundo-interminable-david-foster-wallace-1962-2008/" target="_blank">Masacre en los jardines </a>de Alvy Singer</p>
<p>Blog <a href="http://elrinconalvysinger.blogspot.com/2008/09/obituario-david-foster-wallace-1962.html" target="_blank">El rincón de Alvy Singer</a></p>
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		<title>Haruki Murakami: &#8220;La literatura del jazz&#8221;</title>
		<link>http://pablo-villadangos.com/blog/2008/05/04/haruki-murakami-la-literatura-del-jazz/</link>
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		<pubDate>Sun, 04 May 2008 18:57:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Música]]></category>

		<category><![CDATA[Novela]]></category>

		<category><![CDATA[creación]]></category>

		<category><![CDATA[estilo]]></category>

		<category><![CDATA[Haruki Murakami]]></category>

		<category><![CDATA[jazz]]></category>

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		<description><![CDATA[Este es mi primer post “real” sobre literatura. Elijo un autor de culto en estos momentos. Elijo un autor al que no he leído… o casi1, pues hace poco cayó en mis manos un bello artículo suyo titulado &#8220;La literatura del jazz”, publicado en el suplemento cultural ABCD del 26 de enero de este año.

Copyright [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este es mi primer post “real” sobre literatura. Elijo un autor de culto en estos momentos. Elijo un autor al que no he leído… o casi1, pues hace poco cayó en mis manos un bello artículo suyo titulado &#8220;La literatura del jazz”, publicado en el suplemento cultural <a href="http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=8907&amp;sec=31&amp;num=834" target="_blank">ABCD del 26 de enero</a> de este año.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.pablo-villadangos.com/images/murakami5_peq.jpg" alt="Haruki Murakami" /></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center;">Copyright Elena Seibert</p>
<p class="MsoNormal">Murakami desvela allí algo que desconocía y que me parece especialmente significativo: hasta los 29 años nunca había querido ser novelista. Su gran pasión desde la niñez siempre había sido la música, sobre todo, a partir de cierto momento, la de jazz. He de decir que esto, sin que suponga ningún mérito añadido para mi autoridad al escribir sobre él, es una característica que nos une. Por supuesto, Murakami siempre había sido un lector voraz, pero su pasión por la música de jazz era tal que fundó un club de jazz en Tokio, que regentó durante 7 años, sólo porque, según nos dice, “me permitía escuchar jazz de la mañana a la noche”.</p>
<p class="MsoNormal">A esto puede llamársele una verdadera pasión. También relata Murakami su primer encuentro con el jazz, un concierto de Art Blakey and The Jazz Messengers al que asistió en Tokio cuando tenía 15 años. Aquel concierto le cautivó. Esto me recuerda a mi primera audición de Art Blakey y sus Messengers, hace menos años de los que querría, porque a pesar de ser ya completamente adulto cuando los descubrí, estoy completamente de acuerdo con la gran calidad de su música y la fascinación que también crearon en mí. Resulta curioso que un grupo de tan profunda calidad tímbrica fuera fundado por un batería, cuando la tradición siempre ha sido que lo hicieran los pianistas, saxos o trompetas.2</p>
<p class="MsoNormal">En su artículo, Murakami revela que su estilo de escritura surge en aquel momento, mucho más que de sus lecturas de Dostoievski, Kafka o Balzac, del ritmo musical del jazz y de su intento de modular una escritura que siguiese un &#8220;buen ritmo&#8221;. En su concepción, tras el ritmo vendría la &#8220;melodía&#8221;, después la &#8220;armonía&#8221; y, por último, la parte que más le gusta: la &#8220;improvisación libre”. Murakami afirma que probablemente no habría sido novelista de no estar tan obsesionado con la música. Y cita a propósito una respuesta del gran Thelonious Monk a una pregunta sobre cómo lograba extraer ese sonido especial del piano:</p>
<blockquote>
<p class="MsoNormal">“No puede ser una nota nueva. Si te fijas en el teclado, todas las notas están ahí. Pero si deseas expresar esa nota lo suficiente, sonará distinta. ¡Debes elegir las notas que realmente quieras expresar!&#8221;</p>
</blockquote>
<p class="MsoNormal">La cita de Monk, puesta en boca de Murakami, me parece especialmente bella. Y en realidad, con la literatura también ocurre lo mismo. Las palabras están todas allí, en el diccionario, en nuestro acervo cultural, en las historias que nos han contado, pero lo verdaderamente importante para crear una obra de arte con palabras, una novela o una poesía, es elegir las palabras que uno quiera realmente expresar y darles el énfasis necesario. En apariencia, una tarea fútil, pero precisamente ahí reside el verdadero secreto insondable de la creación: en que elijamos las palabras justas, mediante otras palabras que las rodeen convenientemente, que se rodeen entre sí y se apoyen y se sustenten adecuadamente para que expresen lo que realmente queremos expresar. Para mí, además de la música, y muy especialmente la de jazz, también representa ese papel de inspirador el cine. Y esto se verá sin duda en este blog.</p>
<p class="MsoNormal">Quisiera que los textos que yo escribo también estuvieran permanentemente animados por ese mismo espíritu de necesidad en la expresión. Sin que sea posible explicar la inefable búsqueda de las palabras adecuadas, que se transforman en un estilo, una entonación, unos personajes o una voz narrativa, adiestrar a la sensibilidad del escritor a encontrar las palabras que realmente quiere expresar puede ser una manera mucho más sencilla de encontrar la expresión idónea. Y como colofón, debería ser el camino más certero hacia la obra de arte, conocida o desconocida (y aquí debemos acordarnos de Balzac).</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">NOTAS<br />
1 Aunque acabo de comprar su novela &#8220;Kafka en la orilla&#8221;, por supuesto, para leerla en cuanto disponga de un poco de tiempo y haya podido leer los demás libros que llevan haciendo cola en mi mesilla.</p>
<p class="MsoNormal">2 Para mí, el descubrimiento del jazz vino primero por la música de Miles Davis y sus famosos conciertos europeos en el festival de Montreux. En aquella época, yo vivía en Ginebra y era un pobre estudiante de filología alemana, por lo que mi situación financiera no me permitía asistir a los caros conciertos de Montreux, pero escuché en varias ocasiones retransmisiones radiofónicas (y creo que también emisiones de alguno de aquellos conciertos míticos en TV) y después compré una recopilación completa de sus años en la CBS, creo recordar. Aquel fue mi descubrimiento de la música de jazz, que ya no me ha abandonado después. En algún otro post explicaré con mayor detalle mi afición por el jazz.</p>
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