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	<title>Artificios &#187; Ciencia</title>
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	<description>Blog de literatura, cultura y traducción</description>
	<pubDate>Fri, 02 Jan 2009 18:22:23 +0000</pubDate>
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		<title>La ambición de los científicos (Craig Venter, James Watson y otros)</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 21:48:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>

		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>

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		<category><![CDATA[José Manuel Sánchez Ron]]></category>

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		<description><![CDATA[Como este blog no se limita al ámbito literario, también tienen cabida aquí temas científicos que afectan a la sociedad y la cultura en general. He leído con gran interés el artículo &#8220;El reino de Einstein y la patria de Venter&#8221; de José Manuel Sánchez Ron en El País del 30-8-2008.
Sánchez Ron, uno de nuestros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como este blog no se limita al ámbito literario, también tienen cabida aquí temas científicos que afectan a la sociedad y la cultura en general. He leído con gran interés el artículo <a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/reino/Einstein/patria/Venter/elpepiopi/20080830elpepiopi_12/Tes" target="_blank">&#8220;El reino de Einstein y la patria de Venter&#8221;</a> de José Manuel Sánchez Ron en El País del 30-8-2008.</p>
<p>Sánchez Ron, uno de nuestros más eminentes historiadores de la ciencia,  introduce su perspectiva con una cita de 1918 de&#8230; Albert Einstein!!!:</p>
<blockquote><p>&#8220;En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento.&#8221;</p></blockquote>
<p>Como bien señala el autor, esta idea de Einstein sorprende por su idealismo, en un sentido llano, y no responde, salvo contadas excepciones en reductos rabiosamente aislados, a la realidad científica, ni en nuestros días, ni tampoco en los de Einstein. Pensando sobre ello, creo que quizás Einstein se vio liberado de los sinsabores de la lucha feroz en las universidades o centros de investigación mientras reflexionaba en bastante soledad acerca de los conceptos físicos que le llevaron a realizar sus primeros descubrimientos, que fueron capitales para el desarrollo de la teoría de la relatividad. Puedo imaginarme a Einstein, bien protegido en su aburrida oficina de patentes en Berna, reflexionando acerca de las paradojas no resueltas por la física del siglo XIX para encontrarles una solución. Quizás, para su personalidad tímida hubiera sido contraproducente haber empezado sus investigaciones en cualquier universidad alemana de su época. Así, resulta paradójico que sus años de existencia gris y anodina probablemente le protegieran de un modo que él nunca pudo sospechar. Posteriormente, cuando Einstein desarrolló su carrera en las mejores universidades americanas, ya era una figura indiscutible y accedió directamente a las cátedras más eminentes.</p>
<p>Este ideal perseguido por Einstein, contrasta, según relata Sánchez Ron con mano maestra, con los entresijos de la investigación científica actual y, en particular, con las trayectorias de Craig Venter, el padre de la secuenciación del genoma humano, y de James Watson y Francis Crick, codescubridores de la estructura del ADN. Venter participó desde muy pronto en el proyecto público del Genoma Humano, liderado entonces por sus otros dos colegas. Sin embargo, Venter se separó bastante pronto de aquel proyecto para empezar a trabajar con los fondos privados de fundaciones y empresas privadas antes de fundar su propia compañía, Celera Genomics, con la que conseguiría ser el líder de la secuenciación y terminarla antes que sus rivales. Venter, además de ser, sin duda, un gran científico, posee una habilidad sorprendente para moverse en el complejo mundo de las inversiones científicas y los patrocinadores y conseguir financiación para sus proyectos. Hace poco, Venter ha publicado su perspectiva sobre esta historia científica en su autobiografía: <em>A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida)</em>. Uno de los aspectos más sobresalientes de este libro es, probablemente, el relato de la &#8220;ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira&#8221; que achaca a sus rivales Watson y Crick. Como reconoce Sánchez Ron, se trata tan sólo de una parte de la historia, pero el simple relato, comparado además con el libro de Watson <em>The Double Helix (La doble hélice), </em>en el que salen a la luz tácticas poco limpias que le permitieron realizar el descubrimiento de la doble hélice del ADN, traza un retrato de la investigación científica que, para mí, resulta preocupante.</p>
<p>El descubrimiento de aquellos entresijos de la investigación también nos produce un escalofrío al pensar en las consecuencias que la investigación sobre el genoma puede tener en el futuro sobre la vida humana. Creo que tenemos que ser conscientes de que será inevitable que la investigación biológica siga avanzando hacia la creación de la vida artificial. Esto tendrá, con certeza, considerables consecuencias sobre la vida humana y cambiará de forma radical nuestro lugar en el planeta. Probablemente, no veremos aún en los próximos cien años la creación de vida artificial inteligente, pero el ser humano tiene la terrible cualidad de querer alcanzar siempre aquello que primero imagina y después desea. Ocurrió con algo tan normal hoy como la aviación, y también, en un sentido mucho más terrible, con la bomba atómica. Debemos pensar la ciencia y sus consecuencias sobre la sociedad desde este convencimiento imparable y aceptarlo. Pero sería deseable que la investigación estuviera siempre en manos de personas con una ética intachable y que fuera posible separar el dinero, la ambición personal y las pasiones humanas más bajas de las que habla Sánchez Ron de los fines y objetivos científicos en sí. Sin embargo, saber lo que ahora sabemos acerca de Watson, Venter y la investigación biológica nos hace temer que quizás, en contra del espíritu que refleja la cita de Einstein, esta perspectiva esté, cada vez más, en trance de desaparecer.</p>
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		<title>Albert Einstein, la religión y las amantes</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2008 21:33:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>

		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>

		<category><![CDATA[Cultura]]></category>

		<category><![CDATA[Albert Einstein]]></category>

		<category><![CDATA[ética]]></category>

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		<category><![CDATA[religión]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante estas últimas semanas se han publicado noticias variadas sobre Albert Einstein, en particular acerca de sus opiniones sobre la religión y en relación con las amantes que tuvo. Especial relevancia ha tenido una carta que escribió al filósofo Eric Gutkind en 1954 (recordemos: poco antes de su muerte en 1955), en la que Einstein [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante estas últimas semanas se han publicado <a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Dios/creo/hombre/hombre/creo/Dios/elpepusoc/20080520elpepisoc_1/Tes" target="_blank">noticias variadas sobre Albert Einstein</a>, en particular acerca de sus opiniones sobre la religión y en relación con las amantes que tuvo. Especial relevancia ha tenido una carta que escribió al filósofo Eric Gutkind en 1954 (recordemos: poco antes de su muerte en 1955), en la que Einstein escribe lo siguiente (véase la publicación original en el <a href="http://www.guardian.co.uk/science/2008/may/12/peopleinscience.religion" target="_blank">diario <em>The Guardian</em></a>):</p>
<blockquote><p>La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso (para mí). Tales interpretaciones sutiles son muy variadas en naturaleza, y no tienen prácticamente nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que me alegro de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene ninguna cualidad diferente, para mí, a las de los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, si bien están protegidos de los peores cánceres porque no poseen ningún poder. Aparte de eso, no puedo ver que tengan nada de <em>escogidos</em>. Me duele que usted reivindique una posición de privilegio y trate de defenderla con dos muros de orgullo, uno externo, como hombre, y otro interno, como judío. Como hombre reivindica, por así decir, estar exento de una causalidad que por lo demás acepta, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció de manera incisiva, seguramente antes que nadie. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros sólo podemos alcanzar a engañarnos (&#8230;) a nosotros mismos, pero nuestros esfuerzos morales no salen beneficiados. Al contrario (&#8230;).</p></blockquote>
<p>La argumentación de Einstein es meridianamente clara y no ofrece lugar a dudas. Merece especial atención su concepto de la religión como una superstición infantil y su opinión acerca de la igualdad esencial del pueblo judío con respecto a los demás, siendo él mismo un significado judío. En el libro canónico acerca del tema de la religión escrito por Max Jammer: <em>Einstein and Religion</em> se mantenía con matices que Einstein mantuvo una relación algo ambivalente con la religión y, es cierto que existen pasajes de sus escritos o declaraciones en las que parece considerar el fenómeno religioso desde una perspectiva global y espiritual, aunque siempre crítica respecto a las religiones oficiales (la católica y la judía formaron parte de su formación). Sin embargo, la postura de la carta a Gutkind me recuerda a la visión de Freud en sus ensayos <em>El malestar en la cultura</em> y             <em>El porvenir de una ilusión</em>, en los que descalificaba decididamente la religión. Estas cartas iluminan con una nueva luz las opiniones íntimas de Einstein y parecen confirmar, aunque quizás no de forma definitiva, su escepticismo frente a la religión en su madurez.</p>
<p><img class="alignnone" src="http://www.pablo-villadangos.com/images/einstein.jpg" alt="Albert Einstein en 1953" /></p>
<p><strong>***************************************************************************</strong></p>
<p>Otro apartado antes relativamente desconocido en la vida de Einstein es el que concierne a sus relaciones extramatrimoniales, bastante abundantes, según parece. Esta nueva visión del genial físico se basa en 1.400 cartas que la Universidad Hebrea de Jerusalén <a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/amantes/Albert/Einstein/elpepucul/20060712elpepucul_4/Tes" target="_blank">publicó hace dos años</a>. El estudio de estas cartas ha suscitado la publicación este mismo año de dos ensayos biográficos dedicados a los aspectos personales del físico:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><span id="lblContenido" class="edpNoticiaContenido"><em>Einstein, a biography</em>, del escritor alemán Jurgen Neffe, y<br />
<em> Einstein, his life and the universe</em>, del periodista y antiguo directivo de Time Walter Isaacson</span></p>
<p>Acerca de este tema, véase el interesante artículo de Luis Miguel Ariza: &#8220;<a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Einstein/era/relativo/elpepusoceps/20080504elpepspor_3/Tes" target="_blank">También Einstein era relativo</a>&#8220;.</p>
<p>Resulta curioso que un hombre al que se suponía ensimismado en sus teorías físicas universales y no especialmente agraciado físicamente, pudiera desarrollar una vida amorosa tan intensa como se ha descubierto recientemente. Las últimas biografías nos presentan a un Einstein peor padre y esposo de lo que uno esperaría de un genio ético amante de la paz que, sin embargo, escribió una carta al presidente de los Estados Unidos para aconsejar la fabricación de la bomba atómica. Einstein se arrepintió de ello posteriormente, pero durante la Segunda Guerra Mundial consideró que debía evitarse a toda costa que la Alemania nazi desarrollara la bomba antes que los países democráticos aliados.</p>
<p>Recuerdo bien la biografía, ya bastante anticuada, de Desiderio Papp, <em>Einstein: Historia de un espíritu</em>, publicada en Espasa Calpe, que leí durante mi adolescencia y que forjó en mí una imagen idealizada del gran científico, del genio inmarcesible e impoluto. Es cierto que después iría descubriendo casos como la relación de Sartre y De Beauvoir, sobre los que se desató una gran polémica en los 90 al publicarse testimonios de antiguas amantes de ambos. Y son multitud los casos de grandes artistas o científicos con vidas personales de muy dudosa moral. Dentro de todos los casos conocidos, la figura de Einstein se erige con una calidad humana no tan excelente como se creía, aunque quizá tampoco tan deficiente como parece sugerirse ahora. Actuó como un hombre poseído por pasiones como la lujuria, los celos, la soberbia o la ambición. No tengo un juicio definitivo sobre él, pero me sigue pareciendo admirable en muchos aspectos.</p>
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