El Barack Obama escritor
Hoy, 5 de noviembre de 2008, sabemos ya que Barack Obama, el hombre tranquilo, el americano impasible y al mismo tiempo cálido, el intelectual y el líder cercano a los problemas sociales, ha triunfado en las elecciones y se convertirá el próximo enero en el 44º presidente de los Estados Unidos. Su nombre está en todas las portadas y es el protagonista del día. Se enfrenta a retos formidables que pondrán a prueba su temple y la verdad de sus palabras, de ese verbo privilegiado y esa campaña poética que le ha catapultado en pocos años por encima de todos sus demás rivales, tanto demócratas como republicanos. Se ha instalado en la cima del poder y ahora sólo cabe desearle la visión nítida de las prioridades y la voluntad firme de cambiar su país y el mundo que anunciaba ayer mismo.
En las últimas semanas, muchos foros y blogs han debatido sobre la realidad del fenómeno Obama; se han preguntado si se trata realmente de un político de otro calibre, del líder que necesita el mundo en estos momentos de grave crisis financiera y económica en los que se echa en falta en toda la política internacional la presencia de personalidades como Martin Luther King, Roosevelt o Kennedy. Se ha escrito que a comienzos del siglo XXI es ingenuo esperar que cualquier político tengo otra ambición que la de satisfacer su propia ansia de poder. Se ha dicho que incluso con la mejor de las voluntades poco puede cambiar en la política americana, pues los compromisos de todo presidente con muy diferentes grupos empresariales y de presión son tan estrechos que su margen de maniobra es mínimo. Se ha mencionado que sería deseable que no existiera la necesidad de que la humanidad dependiera de líderes carismáticos (que en el pasado se han mutado frecuentemente en dictadores sanguinarios o déspotas ambiciosos), sino que disfrutara de un sistema de participación profunda de todos en un entorno de democracia verdaderamente avanzada. No tengo respuesta a todos estos interrogantes, pero deseo que el entusiasmo y la esperanza que ha despertado esta elección sirva para iniciar ese cambio necesario en un mundo globalizado y de una complejidad casi paralizante. En cualquier caso, el mismo hecho de la elección de un presidente de origen afroamericano (no negro, sino representante en sí mismo de la mezcla de muy diversas culturas y procedencias: padre keniano, madre blanca norteamericana, criado en Indonesia y Hawai) representa la magnitud del cambio operado ya en la sociedad americana y en el mundo.
Sin embargo, lo que muchos desconocíamos es que Barack Obama es autor de dos libros muy interesantes que proporcionan un retrato del que va a ser el nuevo presidente del (aún) país más poderoso del mundo:
Obama. Los sueños de mi padre. Una historia de raza y herencia. Barack Obama. Traducción de Fernando Miranda López y Evaristo Páez Rasmussen. Almed Ediciones. Granada, 2008.
Barack Obama. La audacia de la esperanza. Cómo restaurar el sueño americano. Barack Obama. Traducción de Claudia Casanova y Juan Eloy Roca. Península. Barcelona, 2008.
L’audàcia de l’esperança. Barack Obama. Traducción de Esther Roig. Editorial Mina. Barcelona, 2008.


Estos libros, recién publicados en España, han obtenido un gran éxito en Estados Unidos y permiten conocer de un modo absolutamente inusual a un político de la talla de Obama. En el primer libro, escrito a los 33 años, Obama narra el proceso sentimental y de reflexión profunda acerca de sus orígenes que se desencadenó al recibir la llamada de su tía keniana comunicándole la muerte de su padre, que lo había abandonado a los 2 años. El segundo libro trata del proyecto político del entonces senador novato, en el que aboga por una forma diferente de hacer política, alejada del partidismo y basada en la fe, la participación y la “nobleza de espíritu” para construir una democracia verdadera.
La faceta de escritor (relativamente bueno, como se asegura) de Obama resulta una novedad quizás aún mayor que sus orígenes o su capacidad de diálogo y le diferencia un poco más de los políticos al uso, incapaces de escribir sus propios discursos y de articular siquiera sus ideas de modo coherente. Creo que el mejor ejercicio para intentar comprender quién es Barack Obama y qué posibilidades encierra su política es leer lo que ha escrito, empaparse de sus textos como si fuera un escritor más y no tuviera ninguna responsabilidad política. Un ejercicio de comprensión que quizás valga la pena y que debe ser simétrico del esfuerzo que el propio Obama dice estar dispuesto a realizar para comprender las necesidades de sus conciudadanos.
Esta lectura debería complementarse con un examen de su biografía. Ayer por la noche vi dos documentales simétricos de la NBC que proporcionaban un retrato doble de los dos candidatos: McCain y Obama. Después de examinar sus vidas, ambos salían reforzados, porque sus dos trayectorias parecían bastante coherentes, pero mostraban palpablemente las tremendas divergencias en su visión del mundo. McCain ha sido ante todo un militar blanco de buena familia, primero altanero y después torturado y llevado al borde de la muerte para convertirse en un político conservador y siempre independiente con una trayectoria conciliadora que contrasta con su dura campaña presidencial. Pero al fin y al cabo, se trata de un hombre del pasado. Obama, por el contrario, es un hombre de su tiempo, un innovador que no contempla las contradicciones de su época únicamente desde un punto de vista intelectual, sino que las ha experimentado en su propia carne. Yo destacaría que Obama no es un afroamericano típico, sino una mezcla perfecta de las razas y tendencias presentes en la sociedad americana. En mi opinión, es tan blanco como negro (la procedencia de sus padres lo demuestra claramente) y éste es precisamente su mayor activo. Clasificarle excluyentemente como afroamericano es desconocer la gran influencia que ejerció su abuela materna, recientemente fallecida, sobre él. Y como señala Lluis Bassets en el artículo que cito, su compromiso, su biografía es más radical que sus ideas. Y esto es una buena señal. No obstante, desde el punto de vista europeo, no debemos olvidar nunca que es el presidente de los Estados Unidos y que su primera misión es seguir defendiendo los intereses de su país. Y en segundo lugar, que las políticas del partido demócrata americano se sitúan a la derecha de la socialdemocracia europea.
Y ahora, dejémosle trabajar.