Cine: Woody Allen, Alejandro González Iñárritu, Ángeles González-Sinde y Christopher Nolan

Después del largo post anterior dedicado a la crítica, el cuerpo me pide hablar de algo más ligero: de cine (que no tiene por qué ser ligero o que puede ser ligero y también grave), aunque no de interpretaciones, sino de estrenos y de cuestiones algo periféricas. Tenemos nuevas películas (o nuevos proyectos) de varios directores que me gustan: Woody Allen, González Iñárritu, Ángeles González-Sinde y Christopher Nolan.

Hace una semana vi la última entrega anual que nos presenta con puntualidad suiza Woody Allen: “Vicky Christina Barcelona” y la verdad es que ha supuesto una desilusión en toda regla. Reconozco que siempre he sido un fan irredento de las películas de Allen (e incluso de sus libros hilarantes), pero ésta última no está ni muchos menos a la altura de sus grandes obras. La verdad es que me molesta cada vez más que en todas sus películas desde hace algunos años siempre retrate entornos de gente muy rica. No he visto ninguna referencia a este hecho, pero me parece significativo y bastante empobrecedor. Y además, también encuentro bastante sonrojante el retrato tan ligero, e incluso ignorante, que dedica a Barcelona y a la cultura catalana y española en general. Es grave que un director tan intelectual como Allen no se moleste en documentarse mínimamente sobre la cultura en la que inserta un film. Su retrato resulta así más bien un folleto turístico de Barcelona para turistas americanas en busca de “experiencias mediterráneas”, impresión que se refuerza con el desenlace. Me parece que muestra demasiados tópicos sobre España, aunque muy diluidos (el amor apasionado y también “peleado” de los dos personajes españoles, un poco a la italiana o a la Bodas de sangre), frente a la “madurez” de los personajes americanos, que al final, muy al final, recuperan la cordura, se dejan de pasiones mediterráneas descontroladas y se vuelven a Nueva York, a quedarse en su confortable hogar (sé que se trata de un resumen demasiado simplificador, pero creo que se trata del discurso de fondo imperante en la película). Entretanto, se nos ofrece una investigación del amor en clave de comedia que se me queda corta en demasiados momentos: por ejemplo, en el cambio de actitud de Christina al abandonar a Juan Antonio y María Elena, y en la resolución de la escena final, con María Elena disparando a diestro y siniestro para que Vicky se dé cuenta de que debe abandonar esa historia y volver a su casa. Respecto a los actores, Penelopé Cruz y Rebecca Hall están muy bien, sobre todo Penélope en un papel con muchos matices. Bardem y Johansson sólo están correctos. En resumen, un pequeño fracaso algo decepcionante, dado lo que se espera del autor.

A esta complejidad que se me antoja un poco vacía, en este caso, a este constructo que corre el peligro de derrumbarse se opone la sencillez de “Una palabra tuya”, que me ha sorprendido agradablemente (¿Por qué? - Pues porque no me esperaba que un tema tan aparentemente cotidiano pudiese dar el juego que da en la película de González-Sinde y también en la novela de Elvira Lindo - Un prejuicio, lo reconozco). El film me parece sólido en su retrato de dos mujeres jóvenes, dos chicas humildes “de barrio” que se enfrentan a sus muchas dificultades de modos muy diferentes. El personaje de Milagros (Esperanza Pedreño) es un hallazgo, por personal, original y además divertido. También resulta en ocasiones patético y refleja una personalidad con tendencia a actuar fuera de la realidad, pero por ello, también es humano y creíble. La labor de González-Sinde ha sido adaptar de forma admirable la historia de la novela situando la cámara con una discreción y sensibilidad destacables. Una lección que debería haber aprendido, precisamente, Allen. Quizás sólo pueda aducírsele que resulte un retrato limitado a las “pequeñas cosas, las “vidas cotidianas” de personajes que pasan muy anónimamente por la vida, pero esas personas forman la corriente mayoritaria de la vida y, sin embargo, existe el perjuicio de que sus peripecias no tienen interés para las obras de arte. Elvira Lindo ha demostrado que no no tiene por qué ser así.

Otra noticia, una buena noticia, viene a complementar mi post sobre Guillermo Arriaga y “The burning plain”, su último trabajo. Entonces me felicitaba por que Arriaga, después de su tumultuoso divorcio artístico de González Iñárritu, volviese a crear. Ahora quiero hacer lo mismo con Iñárritu. Acaba de anunciar el rodaje de un nuevo film, titulado “Biutiful”, con Javier Bardem como protagonista. Espero que Iñárritu también consiga superar esta separación sin pasar por una crisis creativa y que nos regale una obra a la altura de “Babel”. Además, será muy interesante comparar ambas obras a la luz de la trilogía conjunta (”Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”) y emprender el ejercicio de analizar los elementos que podrían corresponder (siempre será una actividad condicional) a cada uno de los autores: guionista y director. Esta clase de juegos siempre resultan muy esclarecedores. No se trata de un juego sin sentido (aunque bien pensado, ¿por qué no jugar simplemente por placer, sin buscarle necesariamente el trasfondo?), sino de encontrar las claves de una colaboración, las reglas ocultas de una creatividad compartida. Seguiremos esperando a las obras.

Por último, no quería dejar de comentar la noticia de que Christopher Nolan no filmará una tercera parte de Batman si no tiene un buen guión, según sus propias palabras. No puedo estar más de acuerdo con esta actitud hacia el cine. Sus guiones para la saga de Batman han renovado el personaje y demostrado que se puede hacer un cine de superhéroes con buenas ideas y un sentido que vaya más allá de los mitos modernos de buenos buenísimos y malos malísimos que dirimen sus diferencias a golpe de rascacielos. Eso asegurará que si hay una tercera parte, no sea un bodrio comercial.

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