Las sorpresas de la correspondencia (León Tolstói y Rilke)
Lo acabo de leer y no puedo resistirme. Dentro de pocos días se pone a la venta la Correspondencia del gran Tolstói en España (editorial Acantilado NOTA 1) y en un artículo de Abel Grau y otro de Carles Geli leo las sorpresas que nos depara la lectura de este volumen (contiene 387 cartas de las aproximadamente 10.000 que se han conservado). Estoy seguro de que la lectura de esas cartas merece la pena de principio a fin del volumen, pero en los dos artículos se han destacado algunos pasajes que sorprenden a los amantes de la literatura, o incluso les provocan un desagradable sobresalto a su sensible corazoncito.
Tolstói escribe en una carta a su tía Alexandra Andréyevna Tolstaia, en febrero de 1873:
“No piense que no fui sincero cuando le dije que en este momento Guerra y paz me resulta repugnante. Hace unos días tuve que echarle una mirada para decidir si debo hacer correcciones para la nueva edición, y soy incapaz de transmitirle el arrepentimiento y vergüenza que sentí al revisar muchos de los pasajes. Era un sentimiento semejante al que experimenta una persona cuando ve las huellas de una orgía en la que participó” NOTA 2
Y dos años después, escribe a Nikolái Strájov acerca de Anna Karénina:
“Ahora me voy a poner a la aburrida y trivial Anna Karénina y le ruego a Dios que me conceda la fuerza que necesito para sacármela de encima lo más rápidamente posible”
Con tanta literatura de medio pelo editada en el mundo en tantos siglos, tantos volúmenes de best-sellers nefastos e infumables y va uno de los genios de la literatura universal y defenestra en dos palabras sus propias obras maestras. Ver para creer. ¿Qué pasaba por la mente de Tolstói para renegar así de la literatura? Según nos cuenta la editora y traductora del volumen, Selma Ancira, Tolstói ya había abandonado prácticamente la literatura y sólo se dedicaba a la pedagogía y a servir de referente moral, empezando por sí mismo y todos los que le rodeaban, haciendo gala de un ascetismo espartano. Tolstói intentaba por todos los medios cambiar la situación del campesinado ruso con diversas iniciativas y se permitía regañar a George Bernard Shaw por ser demasiado irónico o dar consejos acerca de la no violencia al mismísimo Gandhi. A los literatos o amantes de la literatura nos desagrada esta postura, pero hay que reconocer que Tolstói no hace más que llevar hasta sus últimas consecuencias sus convicciones más profundas. Lo que nos resulta desolador es que un genio de la literatura termine por tenerla en tan baja estima, aunque no le falten razones para declarar su inutilidad o incluso su impudicia y muchos escritores hayan mantenido una postura ambivalente respecto a sus obras a lo largo de la historia, pero la actitud de Tolstói sigue sorprendiendo por su radicalismo. Abandonó la literatura como lo hizo Rimbaud, por suerte sólo mucho después de haber escrito todo lo que su talento le permitió.
Esta noticia me ha recordado mi primer encuentro con Tolstói en la adolescencia, cuando leí La muerte de Ivan Illich, antes que ninguna otra de sus obras. Aquel breve relato de una agonía me impresionó profundamente. Por ello, durante el tiempo que más tarde dediqué a estudiar a Rilke, sentí gran curiosidad al encontrar en la correspondencia de Rilke una carta en la que describía su encuentro con Tolstói en su retiro de Yásnaia Poliana, durante el segundo viaje de Rilke a Rusia, y creo que viene a cuento traerla a colación ahora.
En esa carta del 20 de mayo de 1900, escrita en Tula a Sofia Nicolaievna Schill, Rilke relata su encuentro con el novelista ruso, acompañado de su compañera Lou Andreas-Salomé. Aquella carta nos descubre a un Rilke aún tímido e inseguro que encara su visita al gran pope con angustia y expectación. Allí descubrimos al Tolstói que ya había renegado hacía mucho tiempo de toda su obra, retirado al campo y ejerciendo de referente moral universal. Sin embargo, las dificultades del encuentro, mediatizado por los problemas familiares y domésticos del “conde”, como le llama Rilke, siempre tan atento a los títulos nobiliarios, no impiden un paseo de los dos visitantes con Tolstói que Rilke relata con estas palabras:
“Das Gespräch geht über viele Dinge. Aber alle Worte gehen nicht vorn an ihnen vorüber, an den Äußerlichkeiten, sie drängen sich hinter den Dingen im Dunkel durch. Und der tiefe Wert von jedem ist nicht seine Farbe im Licht, sondern das Gefühl, dass es aus den Dunkelheiten und Geheimnissen kommt, aus denen wir alle leben. Und jedesmal, wenn in dem Klange des Gesprächs das Nichtgemeinsame bemerkbar wurde, ging irgendwo ein Ausblick auf auf helle Hintergründe tiefer Einigkeit.”
Mi traducción:
“La conversación trata de muchas cosas. Pero ninguna de las palabras pasa por delante de ellas, de las menudencias, sino que se abre paso por detrás de las cosas en la oscuridad. Y el valor profundo de cada una no es su color a la luz, sino la sensación de que procede de las tinieblas y los secretos de los que todos nosotros vivimos. Y cada vez, cuando en el sonido de la conversación se hacía patente lo no común, una perspectiva se elevaba en algún lugar hacia claros motivos de profundo acuerdo.”
Pequeño homenaje de una correspondencia a otra. Y mis felicitaciones a Selma Ancira por este trabajo. Editar y traducir estas cartas, de las que muchas suponen una novedad mundial por hacerse directamente de los originales conservados en el Museo Tolstói y sin las tachaduras de la censura, es una tarea ímproba y, como ya he comentado en otras ocasiones, no siempre bien valorada ni remunerada.
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NOTA 1: No tengo inconveniente en hacer publicidad de esta editorial independiente, que dirige Jaume Vallcorba y que se avala por sí misma con los títulos de su excelente catálogo. Véase, por ejemplo, su edición de los Ensayos de Montaigne o las Conversaciones con Goethe, de Eckermann, por poner sólo unos pocos ejemplos. No tengo el placer de conocer a Vallcorba y no recibo nada por este post.
NOTA 2: Por cierto, el título del artículo induce a confusión y no refleja con precisión el punto de vista de Tolstói. No se trata de que Tolstói se sintiera como después de una orgía al LEER Guerra y paz, sino que la novela le resulta repugnante como “las huellas de una orgía en la que participó”.