La ambición de los científicos (Craig Venter, James Watson y otros)
Como este blog no se limita al ámbito literario, también tienen cabida aquí temas científicos que afectan a la sociedad y la cultura en general. He leído con gran interés el artículo “El reino de Einstein y la patria de Venter” de José Manuel Sánchez Ron en El País del 30-8-2008.
Sánchez Ron, uno de nuestros más eminentes historiadores de la ciencia, introduce su perspectiva con una cita de 1918 de… Albert Einstein!!!:
“En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento.”
Como bien señala el autor, esta idea de Einstein sorprende por su idealismo, en un sentido llano, y no responde, salvo contadas excepciones en reductos rabiosamente aislados, a la realidad científica, ni en nuestros días, ni tampoco en los de Einstein. Pensando sobre ello, creo que quizás Einstein se vio liberado de los sinsabores de la lucha feroz en las universidades o centros de investigación mientras reflexionaba en bastante soledad acerca de los conceptos físicos que le llevaron a realizar sus primeros descubrimientos, que fueron capitales para el desarrollo de la teoría de la relatividad. Puedo imaginarme a Einstein, bien protegido en su aburrida oficina de patentes en Berna, reflexionando acerca de las paradojas no resueltas por la física del siglo XIX para encontrarles una solución. Quizás, para su personalidad tímida hubiera sido contraproducente haber empezado sus investigaciones en cualquier universidad alemana de su época. Así, resulta paradójico que sus años de existencia gris y anodina probablemente le protegieran de un modo que él nunca pudo sospechar. Posteriormente, cuando Einstein desarrolló su carrera en las mejores universidades americanas, ya era una figura indiscutible y accedió directamente a las cátedras más eminentes.
Este ideal perseguido por Einstein, contrasta, según relata Sánchez Ron con mano maestra, con los entresijos de la investigación científica actual y, en particular, con las trayectorias de Craig Venter, el padre de la secuenciación del genoma humano, y de James Watson y Francis Crick, codescubridores de la estructura del ADN. Venter participó desde muy pronto en el proyecto público del Genoma Humano, liderado entonces por sus otros dos colegas. Sin embargo, Venter se separó bastante pronto de aquel proyecto para empezar a trabajar con los fondos privados de fundaciones y empresas privadas antes de fundar su propia compañía, Celera Genomics, con la que conseguiría ser el líder de la secuenciación y terminarla antes que sus rivales. Venter, además de ser, sin duda, un gran científico, posee una habilidad sorprendente para moverse en el complejo mundo de las inversiones científicas y los patrocinadores y conseguir financiación para sus proyectos. Hace poco, Venter ha publicado su perspectiva sobre esta historia científica en su autobiografía: A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). Uno de los aspectos más sobresalientes de este libro es, probablemente, el relato de la “ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira” que achaca a sus rivales Watson y Crick. Como reconoce Sánchez Ron, se trata tan sólo de una parte de la historia, pero el simple relato, comparado además con el libro de Watson The Double Helix (La doble hélice), en el que salen a la luz tácticas poco limpias que le permitieron realizar el descubrimiento de la doble hélice del ADN, traza un retrato de la investigación científica que, para mí, resulta preocupante.
El descubrimiento de aquellos entresijos de la investigación también nos produce un escalofrío al pensar en las consecuencias que la investigación sobre el genoma puede tener en el futuro sobre la vida humana. Creo que tenemos que ser conscientes de que será inevitable que la investigación biológica siga avanzando hacia la creación de la vida artificial. Esto tendrá, con certeza, considerables consecuencias sobre la vida humana y cambiará de forma radical nuestro lugar en el planeta. Probablemente, no veremos aún en los próximos cien años la creación de vida artificial inteligente, pero el ser humano tiene la terrible cualidad de querer alcanzar siempre aquello que primero imagina y después desea. Ocurrió con algo tan normal hoy como la aviación, y también, en un sentido mucho más terrible, con la bomba atómica. Debemos pensar la ciencia y sus consecuencias sobre la sociedad desde este convencimiento imparable y aceptarlo. Pero sería deseable que la investigación estuviera siempre en manos de personas con una ética intachable y que fuera posible separar el dinero, la ambición personal y las pasiones humanas más bajas de las que habla Sánchez Ron de los fines y objetivos científicos en sí. Sin embargo, saber lo que ahora sabemos acerca de Watson, Venter y la investigación biológica nos hace temer que quizás, en contra del espíritu que refleja la cita de Einstein, esta perspectiva esté, cada vez más, en trance de desaparecer.