Ricardo Menéndez Salmón y “Vientos amargos”
Leo en el número 854 de ABCD del 14 de junio el artículo de Ricardo Menéndez Salmón Vientos amargos, acerca de la obra homónima de Harry Wu y Carolyn Wakeman, libro de 1994 publicado en España recientemente por la editorial Libros del Asteroide.
Menéndez Salmón demuestra su interés por el problema del mal, que tan bien ha tratado en su última novela Derrumbe, de la que prometo una reseña en breve, relacionando el libro de Wu con la excelente novela de Romain Gary Las raíces del cielo (por la que obtuvo el Premio Goncourt en 1956). Mientras Gary relata el modo en que su personaje Morel burla los límites de su encierro en un campo de concentración alemán, el personaje Chen Ming de Wu asiste a la horrible pesadilla de ser troceado y cocinado vivo. Desde una extraña forma de vida tras ser devorado desea probar un pedazo de sí mismo para ver a qué sabía. Ming es uno de los pobladores del Laogai, la red china de campos de trabajo en la que se reeducaba, antes, durante y después de la Revolución Cultural, a los disidentes chinos. Lo que me interesa son las relaciones que establece Menéndez Salmón entre esas obras que extienden hacia el Este, es decir, ahora ya a todo el mundo (recordemos América Latina, Oriente Medio, Europa, la URSS y ahora China o Camboya) y Memorias de la casa muerta de Dostoievski, como obra fundadora de la literatura concentracionaria. En esa saga me vienen también a la memoria (aunque bastante de estas obras no tengan como tema central los campos de concentración) obras como Matadero número 5 de Kurt Vonnegut, por supuesto Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn, Si esto es un hombre de Primo Levi, Vida y destino de Vassily Grossman o, de modo mucho más sutil los relatos de escritores tan densos como Kafka (en tanto que precursor de toda la literatura del terror anómico), o como Thomas Bernhard o Ingeborg Bachmann acerca de la evolución de la sociedad austriaca tras la caída del nazismo. Estas obras trazan un retrato desolador y espeluznante del totalitarismo rampante del siglo XX. Como dice Menéndez Salmón:
[...] Un mundo en el que el absurdo se ha convertido en norma y en el que las categorías de la realidad han quedado abolidas; un mundo cuya existencia devuelve a la literatura su ancestral valor como testimonio y que consagra Vientos amargos como un libro dolorosamente necesario.
Hay dos temas especialmente importantes en el artículo, y por extensión, en las obras que comenta Menéndez Salmón, que me parecen de particular relevancia para la creación literaria actual. El primero que menciona es el del absurdo como norma en el que la realidad queda abolida. Los métodos dictatoriales descritos en Vientos amargos son la cristalización de los terrores que Kafka predijo indirectamente en sus obras más oscuramente simbólicas, como El proceso o El castillo. Lo que en Solzhenitsyn o Grossman se convierte en un retrato hiperrealista y desolador, en Kafka era una metáfora posible y en Bachmann era el relato de las consecuencias psicológicas de la represión feroz de un mal cometido y no purgado, y de las consecuencias sociales para una sociedad que nunca se ha enfrentado a su pasado más oscuro. La literatura actual, desde la perspectiva de una pérdida de sentido galopante, debe encontrar una nueva manera de mantener el recuerdo terrible de las guerras y dictaduras del siglo XX.
Esto lleva necesariamente al segundo tema que menciona Menéndez Salmón: la literatura como testimonio. En contra del famoso adagio de Adorno que afirmaba que no había literatura posible tras Auschwitz, la literatura está obligada a ser testigo activo del terror y actualizarlo constantemente en la conciencia del mundo. Un tema diferente es cuál es hoy en día el método y el estilo adecuado para prestar ese testimonio. Otro tema sería la capacidad real de la literatura para provocar un cambio en la conciencia del mundo. Pero estos serán temas para otro post.
October 29th, 2008 at 10:48 am
[...] la tecnología (esta línea ideológica parece sugerirla el propio RMS en diversos artículos, como el dedicado a “Vientos amargos” que he comentado hace poco en este mismo blog). RMS parece dar la razón en su obra a la visión pesimista de Horkheimer y [...]