Despidiendo el año

9:22 pm December 31st, 2008

Aquí estamos, como dice el título, despidiendo el año, para mí un año complicado, complejo, del que uno tiene ganas de desembarazarse rápidamente, como si el cambio de numeración pudiera tener un efecto mágico sobre los hechos, que pesan demasiado y tienen la molesta costumbre de no desaparecer de acuerdo con nuestros deseos. Todos esperamos del futuro lo que el pasado no nos ha concedido y lo que no podemos vislumbrar en el presente, pero el futuro es puro humo, una gran ventana abierta hacia un paisaje desconocido. Hace varias semanas que no he escrito en el blog. Han sido unas semanas complicadas por cuestiones personales y porque necesitaba centrarme en la finalización de mis proyectos estrictamente literarios: la novela que estoy revisando y una nueva novela cuyo tema se me ha impuesto mentalmente y de la que he escrito 50 páginas. Pero eso no significa que haya abandonado el blog. Simplemente, en ocasiones, por falta de tiempo o de necesidad, alguno de los medios de expresión debe “descansar”.

Hace poco más de un año, todo Occidente estaba inmerso en una gran fiebre llamada “opulencia aparente”. El dinero parecía fluir sin posible final en las cuentas virtuales de las ganancias en las Bolsas. La economía occidental parecía poder expandirse indefinidamente, como un gran globo que poseyera una piel de elasticidad infinita. Entretanto, el Tercer Mundo seguía inmerso en las mismas hambrunas, las mismas guerras, la misma ausencia de futuro en la que se le ha mantenido durante siglos. Pero todo ello no importaba, sucedía en otro planeta, otra galaxia, otra dimensión. La brutal crisis que nos acaba de golpear nos ha abierto los ojos a la gran fragilidad de nuestro sistema económico: un pequeño virus introducido en un producto financiero dudoso de los Estados Unidos ha terminado contagiando el cuerpo entero de la economía mundial. Colapsado el crédito, los consumidores no pueden comprar, los fabricantes no pueden vender y deben despedir a sus empleados, que engrosan las listas del paro y no pueden comprar, con lo que habrá menos crédito, los fabricantes no podrán vender y deberán despedir a más personas que… Una china en el engranaje económico ha bastado para romper el sueño del crecimiento infinito y devolvernos a la realidad de la finitud: la finitud del crecimiento, la finitud de los recursos, la finitud de la riqueza y, en fin, la finitud del planeta y de nosotros mismos. Hace más de 30 años (concretamente en 1972), el Club de Roma publicó el informe “Los límites del crecimiento”, en el que ya llamó la atención sobre los límites que no podemos superar en un planeta que no es infinito. La primera crisis del petróleo fue el primer aviso de que aquel informe no era mero papel mojado. Posteriormente, el Club de Roma ha publicado varios estudios más sobre el tema ayudando a instaurar el concepto de “crecimiento sostenible” que nos es familiar desde hace más de una década, pero ahora hemos tenido que convencernos todos, incluso aquellos que no querían ver, de que el cambio de mentalidad es una necesidad ineludible, pero ¿seremos capaces de instaurarlo? ¿Serán capaces los políticos actuales de reconocer lo imperioso de los desafíos a los que nos enfrentamos?

Tengo mis dudas, pero es absolutamente cierto que debemos empezar a trabajar seriamente si queremos evitar la catástrofe. No quiero terminar este post de fin de año en tonos negros. El cambio necesario debe partir de nosotros mismos. No existen recetas ni tiempos mágicos, pero este fin de año en el que nos desembarazamos simbólicamente del pasado debe ser el trampolín para el cambio futuro. No es casualidad que el lema político del año: “Yes we can” evoque la necesidad de tomar las riendas de nuestro propio porvenir. Desde mi pequeña atalaya, quiero seguir apostando el año próximo por el arte, en forma de literatura principalmente, entendido como minúscula enzima del futuro.

Como pequeño regalo de Navidad os dejo la voz evocadora de la nueva musa folk Lourdes Hernández (Russian Red) con Jairo Zabala (Depedro) en “Perfect time”, el tiempo perfecto que se avecina…

¡¡Feliz 2009!!

Archivo sonoro de la Biblioteca Británica

11:26 pm November 13th, 2008

Lo reconozco, esta clase de noticias hacen que se me caiga la baba. Será la pequeña tendencia fetichista que cada uno alberga en su corazoncito. Unos coleccionan camisetas de futbolistas, otros autógrafos de sus cantantes favoritos; por mi parte, yo me pirro por los testimonios de cualquier tipo de escritores famosos. Y acabo de ver la noticia de que la Biblioteca Británica ha publicado en dos manejables CD una serie de testimonios sonoros de escritores (y escritoras, claro) británicos y norteamericanos famosos como, por ejemplo:

  • Arthur Conan Doyle
  • Virginia Woolf
  • Tennessee Williams
  • Graham Greene
  • Aldous Huxley
  • Doris Lessing
  • John Steinbeck
  • Arthur Miller
  • Rudyard Kipling
  • Vladimir Nabokov

y un largo etcétera: un placer irresistible para gourmets literarios. Así que doy cuenta aquí de inmediato de esta novedad y pongo el link para poder escuchar alguna de estas delicatessen en la red y, por supuesto, voceo la recomendación de comprarlos en la primera librería disponible (no voy a dar pistas de las que los tienen seguro). De nada.

Este post es sólo un aperitivo, ya que estoy preparando varios temas con los que me gustaría generar un bonito debate. Veremos si lo consigo.

El Barack Obama escritor

12:24 am November 6th, 2008

Hoy, 5 de noviembre de 2008, sabemos ya que Barack Obama, el hombre tranquilo, el americano impasible y al mismo tiempo cálido, el intelectual y el líder cercano a los problemas sociales, ha triunfado en las elecciones y se convertirá el próximo enero en el 44º presidente de los Estados Unidos. Su nombre está en todas las portadas y es el protagonista del día. Se enfrenta a retos formidables que pondrán a prueba su temple y la verdad de sus palabras, de ese verbo privilegiado y esa campaña poética que le ha catapultado en pocos años por encima de todos sus demás rivales, tanto demócratas como republicanos. Se ha instalado en la cima del poder y ahora sólo cabe desearle la visión nítida de las prioridades y la voluntad firme de cambiar su país y el mundo que anunciaba ayer mismo.

En las últimas semanas, muchos foros y blogs han debatido sobre la realidad del fenómeno Obama; se han preguntado si se trata realmente de un político de otro calibre, del líder que necesita el mundo en estos momentos de grave crisis financiera y económica en los que se echa en falta en toda la política internacional la presencia de personalidades como Martin Luther King, Roosevelt o Kennedy. Se ha escrito que a comienzos del siglo XXI es ingenuo esperar que cualquier político tengo otra ambición que la de satisfacer su propia ansia de poder. Se ha dicho que incluso con la mejor de las voluntades poco puede cambiar en la política americana, pues los compromisos de todo presidente con muy diferentes grupos empresariales y de presión son tan estrechos que su margen de maniobra es mínimo. Se ha mencionado que sería deseable que no existiera la necesidad de que la humanidad dependiera de líderes carismáticos (que en el pasado se han mutado frecuentemente en dictadores sanguinarios o déspotas ambiciosos), sino que disfrutara de un sistema de participación profunda de todos en un entorno de democracia verdaderamente avanzada. No tengo respuesta a todos estos interrogantes, pero deseo que el entusiasmo y la esperanza que ha despertado esta elección sirva para iniciar ese cambio necesario en un mundo globalizado y de una complejidad casi paralizante. En cualquier caso, el mismo hecho de la elección de un presidente de origen afroamericano (no negro, sino representante en sí mismo de la mezcla de muy diversas culturas y procedencias: padre keniano, madre blanca norteamericana, criado en Indonesia y Hawai) representa la magnitud del cambio operado ya en la sociedad americana y en el mundo.

Sin embargo, lo que muchos desconocíamos es que Barack Obama es autor de dos libros muy interesantes que proporcionan un retrato del que va a ser el nuevo presidente del (aún) país más poderoso del mundo:

Obama. Los sueños de mi padre. Una historia de raza y herencia. Barack Obama. Traducción de Fernando Miranda López y Evaristo Páez Rasmussen. Almed Ediciones. Granada, 2008.

Barack Obama. La audacia de la esperanza. Cómo restaurar el sueño americano. Barack Obama. Traducción de Claudia Casanova y Juan Eloy Roca. Península. Barcelona, 2008.

L’audàcia de l’esperança. Barack Obama. Traducción de Esther Roig. Editorial Mina. Barcelona, 2008.

Estos libros, recién publicados en España, han obtenido un gran éxito en Estados Unidos y permiten conocer de un modo absolutamente inusual a un político de la talla de Obama. En el primer libro, escrito a los 33 años, Obama narra el proceso sentimental y de reflexión profunda acerca de sus orígenes que se desencadenó al recibir la llamada de su tía keniana comunicándole la muerte de su padre, que lo había abandonado a los 2 años. El segundo libro trata del proyecto político del entonces senador novato, en el que aboga por una forma diferente de hacer política, alejada del partidismo y basada en la fe, la participación y la “nobleza de espíritu” para construir una democracia verdadera.

La faceta de escritor (relativamente bueno, como se asegura) de Obama resulta una novedad quizás aún mayor que sus orígenes o su capacidad de diálogo y le diferencia un poco más de los políticos al uso, incapaces de escribir sus propios discursos y de articular siquiera sus ideas de modo coherente. Creo que el mejor ejercicio para intentar comprender quién es Barack Obama y qué posibilidades encierra su política es leer lo que ha escrito, empaparse de sus textos como si fuera un escritor más y no tuviera ninguna responsabilidad política. Un ejercicio de comprensión que quizás valga la pena y que debe ser simétrico del esfuerzo que el propio Obama dice estar dispuesto a realizar para comprender las necesidades de sus conciudadanos.

Esta lectura debería complementarse con un examen de su biografía. Ayer por la noche vi dos documentales simétricos de la NBC que proporcionaban un retrato doble de los dos candidatos: McCain y Obama. Después de examinar sus vidas, ambos salían reforzados, porque sus dos trayectorias parecían bastante coherentes, pero mostraban palpablemente las tremendas divergencias en su visión del mundo. McCain ha sido ante todo un militar blanco de buena familia, primero altanero y después torturado y llevado al borde de la muerte para convertirse en un político conservador y siempre independiente con una trayectoria conciliadora que contrasta con su dura campaña presidencial. Pero al fin y al cabo, se trata de un hombre del pasado. Obama, por el contrario, es un hombre de su tiempo, un innovador que no contempla las contradicciones de su época únicamente desde un punto de vista intelectual, sino que las ha experimentado en su propia carne. Yo destacaría que Obama no es un afroamericano típico, sino una mezcla perfecta de las razas y tendencias presentes en la sociedad americana. En mi opinión, es tan blanco como negro (la procedencia de sus padres lo demuestra claramente) y éste es precisamente su mayor activo. Clasificarle excluyentemente como afroamericano es desconocer la gran influencia que ejerció su abuela materna, recientemente fallecida, sobre él. Y como señala Lluis Bassets en el artículo que cito, su compromiso, su biografía es más radical que sus ideas. Y esto es una buena señal. No obstante, desde el punto de vista europeo, no debemos olvidar nunca que es el presidente de los Estados Unidos y que su primera misión es seguir defendiendo los intereses de su país. Y en segundo lugar, que las políticas del partido demócrata americano se sitúan a la derecha de la socialdemocracia europea.

Y ahora, dejémosle trabajar.

Cine: Woody Allen, Alejandro González Iñárritu, Ángeles González-Sinde y Christopher Nolan

6:37 pm November 3rd, 2008

Después del largo post anterior dedicado a la crítica, el cuerpo me pide hablar de algo más ligero: de cine (que no tiene por qué ser ligero o que puede ser ligero y también grave), aunque no de interpretaciones, sino de estrenos y de cuestiones algo periféricas. Tenemos nuevas películas (o nuevos proyectos) de varios directores que me gustan: Woody Allen, González Iñárritu, Ángeles González-Sinde y Christopher Nolan.

Hace una semana vi la última entrega anual que nos presenta con puntualidad suiza Woody Allen: “Vicky Christina Barcelona” y la verdad es que ha supuesto una desilusión en toda regla. Reconozco que siempre he sido un fan irredento de las películas de Allen (e incluso de sus libros hilarantes), pero ésta última no está ni muchos menos a la altura de sus grandes obras. La verdad es que me molesta cada vez más que en todas sus películas desde hace algunos años siempre retrate entornos de gente muy rica. No he visto ninguna referencia a este hecho, pero me parece significativo y bastante empobrecedor. Y además, también encuentro bastante sonrojante el retrato tan ligero, e incluso ignorante, que dedica a Barcelona y a la cultura catalana y española en general. Es grave que un director tan intelectual como Allen no se moleste en documentarse mínimamente sobre la cultura en la que inserta un film. Su retrato resulta así más bien un folleto turístico de Barcelona para turistas americanas en busca de “experiencias mediterráneas”, impresión que se refuerza con el desenlace. Me parece que muestra demasiados tópicos sobre España, aunque muy diluidos (el amor apasionado y también “peleado” de los dos personajes españoles, un poco a la italiana o a la Bodas de sangre), frente a la “madurez” de los personajes americanos, que al final, muy al final, recuperan la cordura, se dejan de pasiones mediterráneas descontroladas y se vuelven a Nueva York, a quedarse en su confortable hogar (sé que se trata de un resumen demasiado simplificador, pero creo que se trata del discurso de fondo imperante en la película). Entretanto, se nos ofrece una investigación del amor en clave de comedia que se me queda corta en demasiados momentos: por ejemplo, en el cambio de actitud de Christina al abandonar a Juan Antonio y María Elena, y en la resolución de la escena final, con María Elena disparando a diestro y siniestro para que Vicky se dé cuenta de que debe abandonar esa historia y volver a su casa. Respecto a los actores, Penelopé Cruz y Rebecca Hall están muy bien, sobre todo Penélope en un papel con muchos matices. Bardem y Johansson sólo están correctos. En resumen, un pequeño fracaso algo decepcionante, dado lo que se espera del autor.

A esta complejidad que se me antoja un poco vacía, en este caso, a este constructo que corre el peligro de derrumbarse se opone la sencillez de “Una palabra tuya”, que me ha sorprendido agradablemente (¿Por qué? - Pues porque no me esperaba que un tema tan aparentemente cotidiano pudiese dar el juego que da en la película de González-Sinde y también en la novela de Elvira Lindo - Un prejuicio, lo reconozco). El film me parece sólido en su retrato de dos mujeres jóvenes, dos chicas humildes “de barrio” que se enfrentan a sus muchas dificultades de modos muy diferentes. El personaje de Milagros (Esperanza Pedreño) es un hallazgo, por personal, original y además divertido. También resulta en ocasiones patético y refleja una personalidad con tendencia a actuar fuera de la realidad, pero por ello, también es humano y creíble. La labor de González-Sinde ha sido adaptar de forma admirable la historia de la novela situando la cámara con una discreción y sensibilidad destacables. Una lección que debería haber aprendido, precisamente, Allen. Quizás sólo pueda aducírsele que resulte un retrato limitado a las “pequeñas cosas, las “vidas cotidianas” de personajes que pasan muy anónimamente por la vida, pero esas personas forman la corriente mayoritaria de la vida y, sin embargo, existe el perjuicio de que sus peripecias no tienen interés para las obras de arte. Elvira Lindo ha demostrado que no no tiene por qué ser así.

Otra noticia, una buena noticia, viene a complementar mi post sobre Guillermo Arriaga y “The burning plain”, su último trabajo. Entonces me felicitaba por que Arriaga, después de su tumultuoso divorcio artístico de González Iñárritu, volviese a crear. Ahora quiero hacer lo mismo con Iñárritu. Acaba de anunciar el rodaje de un nuevo film, titulado “Biutiful”, con Javier Bardem como protagonista. Espero que Iñárritu también consiga superar esta separación sin pasar por una crisis creativa y que nos regale una obra a la altura de “Babel”. Además, será muy interesante comparar ambas obras a la luz de la trilogía conjunta (”Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”) y emprender el ejercicio de analizar los elementos que podrían corresponder (siempre será una actividad condicional) a cada uno de los autores: guionista y director. Esta clase de juegos siempre resultan muy esclarecedores. No se trata de un juego sin sentido (aunque bien pensado, ¿por qué no jugar simplemente por placer, sin buscarle necesariamente el trasfondo?), sino de encontrar las claves de una colaboración, las reglas ocultas de una creatividad compartida. Seguiremos esperando a las obras.

Por último, no quería dejar de comentar la noticia de que Christopher Nolan no filmará una tercera parte de Batman si no tiene un buen guión, según sus propias palabras. No puedo estar más de acuerdo con esta actitud hacia el cine. Sus guiones para la saga de Batman han renovado el personaje y demostrado que se puede hacer un cine de superhéroes con buenas ideas y un sentido que vaya más allá de los mitos modernos de buenos buenísimos y malos malísimos que dirimen sus diferencias a golpe de rascacielos. Eso asegurará que si hay una tercera parte, no sea un bodrio comercial.

“Derrumbe” de Ricardo Menéndez Salmón: horror, horror…

12:16 am October 29th, 2008

'Derrumbe' de Ricardo Menéndez SalmónTuve la primera referencia de Ricardo Menéndez Salmón en un artículo de prensa a principios de este año y no conocía su obra hasta hace unos pocos meses. Por acumulación de lecturas pendientes, por simple adormecimiento de mis antenas receptivas, no leí en su día La ofensa, que supuso la consagración de Menéndez Salmón a nivel nacional. Como señala Rafael Conte en su reseña de Derrumbe, los comienzos de RMS, algo confinado en círculos regionales asturianos, fueron laboriosos y no era muy conocido a pesar de haber publicado ya en aquel momento media docena de libros. En junio adquirí su novela Derrumbe y tuve un breve encuentro con él en la Feria del Libro, experiencia que acabo de repetir tras su intervención en el Hay Festival de Segovia el mes pasado. Me interesó su propuesta narrativa y su actividad editorial, además de los aspectos comunes de nuestra formación y cierta preferencia por la cultura centroeuropea, concretamente alemana, lo que no significa, en ninguno de los dos casos, que seamos simplemente “germanófilos”. El verano lleno de lecturas atrasadas y el trabajo en mi propia novela han retrasado hasta ahora que dedique un merecido post a Derrumbe, cosa que hago ahora, una vez leídas ambas novelas.

Cumplo con mi promesa con el mayor de los placeres, porque Derrumbe me parece una novela notable, un texto literariamente valioso y una obra de arte con vocación de pervivencia.  Ya se han publicado muchas reseñas del libro en todos los suplementos culturales y también en la blogosfera, por lo que no voy a repetir lo que ya se ha comentado acerca del lenguaje cinematográfico del relato, la utilización de escenas breves que proporcionan una serie de instantáneas al lector, el uso de frases cortas y descripciones impactantes, las diferencias entre las tres partes de la novela, etc.

Lo que me interesa aquí es, sobre todo, el planteamiento global de la novela, el análisis del tema que nos propone el texto, el modo en que dicho texto lo resuelve y las reflexiones a las que me ha inducido, personalmente como ser humano y también como escritor interesado en algunos temas similares, aunque también en otros bastante diferentes.

* * *

El Mal (y el mal)

Se ha señalado en otras reseñas que el tema del libro es el Mal (en la pág. 34 el propio RMS emplea el término Mal con mayúscula haciendo referencia, en mi opinión, tanto a la categoría moral como a la ontológica. Yo añado que la novela también trata del mal, sin categoría moral sobrevenida, como aquello que está mal hecho, mal constituido, mal conformado). Más tarde analizaré con más detenimiento esta dicotomía. Pero además, la novela, dentro de su brevedad, dentro de su concentración, pretende trazar un inventario de “l’état des choses”, de la situación actual de nuestra sociedad, de nuestra civilización, en la que el Mal (y el mal) es protagonista indiscutible.

Al mismo tiempo, otra gran línea temática que recorre la novela sería la investigación dubitativa acerca de la naturaleza humana, tratando de responder a la pregunta de si ese Mal es un elemento constituyente de la misma o no. La novela no emite respuestas definitivas (¿cómo podría?) pero de ella se desprende un estado anímico de profundo pesimismo que sugiere que el Mal es, efectiva y desgraciadamente, un elemento fundamental de la naturaleza humana. Por otro lado, como acabo de señalar, la novela también trata del mal con minúscula, es decir, del mundo, la sociedad, como aquello que está, definitivamente, mal hecho, o contrahecho de modo que sea capaz incluso, probablemente, de deformar lo bueno que existe dentro de los seres humanos (este interesante aspecto no se encuentra de modo evidente en Derrumbe, pero sí me parece central en La ofensa, dadas las reacciones extremas, corporeizadas y somatizadas, y el destino final de Kurt, su protagonista. Como veremos, esta característica apunta a una de las influencias literarias de RMS: Joseph Conrad).

Esta investigación sobre el Mal se desarrolla no de un modo general, en forma de gran fresco humano, con muchos personajes, sino en el retrato preciso (los contornos de este retrato me recuerdan a un daguerrotipo en intenso claroscuro en blanco y negro) de unos pocos personajes: Mortenblau, Manila y Mara, de un lado, y Menezes, Valdivia y Vera, del otro. Se trata de dos triángulos complementarios formados por personajes que giran imperceptiblemente alrededor del mismo complejo de preguntas sin posible respuesta, dos hombres y una mujer, en los que los hombres constituyen teóricamente los polos del Mal y del Bien, y la mujer oscila entre ambos. En un caso, nos encontramos ante un personaje de Esposa y en el otro de Hija, lo que introduce un matiz que necesitaría un análisis más profundo. Pero el texto nos proporciona muchos ejemplos de que la asignación del Mal y del Bien puede ser, al menos, mucho menos invariable de lo que pueda parecer, ya que Manila también recibe (pág. 38 y 45), aunque en un principio sólo sea simbólicamente, rasgos malignos que anuncian el contradictorio final de la novela. Para todo ello, RMS utiliza en toda su extensión su estilo, la poderosa herramienta de su escritura, para hacer que todo el contenido temático y filosófico de sus novelas llegue hasta nosotros con toda su fuerza sismológica intacta. Esta conjunción de temática “verdadera” y gran estilo es lo que distingue a un escritor con verdadero talento como RMS.

* * *

El terror (y el horror)

Otro aspecto, no ya filosófico como los anteriores, sino emocional, humano en un sentido elemental, es la capacidad que posee el Mal para generar miedo, terror. Desde la cita liminar de Dostoievski: “El terror es la maldición del hombre” es obvio que el tema de la novela es, como se ha señalado ya, el Mal en sí, pero también el terror, el Mal como generador de terror, diría yo. Este aspecto tiene su expresión cabal, por ejemplo, en los personajes de Manila y Mara con respecto a Mortenblau, y del mismo Mortenblau con respecto a la figura del “león” fantasmal que le persigue y que sería la personificación del Mal primario, procedente del exterior, casi impuesto también a Mortenblau como categoría ontológica. Así, en la constelación del Mal que genera un terror ineludible en los seres humanos tenemos diferentes niveles que parecen recorrer la novela en líneas de fuerza que parten de ese Mal como un ser independiente.

El terror funciona también como una estrategia narrativa en la novela, pues Mortenblau personificará más tarde el miedo que siente Manila de perder a su esposa (pág. 24) y la propia Mara siente miedo del desconocido que terminará por atraerla irresistiblemente (pág. 28 y 53-55). Como una infección, el desarrollo de la novela nos muestra cómo el Mal, con mayúsculas, va extendiéndose como una pandemia por el mundo, acrecentando su imperfección (Valdivia, Menezes y Vera, al igual que entidades que teóricamente deberían estar por encima de él, como la policía, participan así mismo del Mal en diferentes grados, pero ninguno se verá libre de su ataque certero). Es aquí donde se evidencia un punto de vista similar a otras influencias literarias que se han mencionado: Dostoievski, sugerido por el propio autor, y el Conrad de El corazón de las tinieblas (o Corazón de oscuridad, como quizás debería haberse traducido, según señala muy acertadamente Dámaso López García en su edición publicada en Valdemar). En efecto, el corazón humano, parece decirnos RMS, apoyándose en los grandes maestros, es un corazón de oscuridad, de profundas tinieblas. En él reinan, a la vez, el Mal y el horror.

* * *

La sociedad nihilista

En Derrumbe se nos describe un mundo en el que el Mal se ha extendido y ha generado una sociedad cada vez más nihilista, en la que los únicos valores seguros son el dinero y el hiperconsumo, que han generado una civilización que ya se ha convertido en un simulacro de sí misma, en la que la realidad ha sido sustituida por un parque temático que, paradójicamente, habría conseguido ahora la categoría prevaleciente que correspondería a la idea según la teoría idealista clásica de Platón. Como ya hemos descrito, el Mal actúa como una idea platónica a la que se le otorga una categoría de realidad mayor que la de los seres y cosas malignos (véase el pasaje de las pág. 72-74 sobre el parque temático, su categoría de simulacro que, paradójicamente, está sustituyendo ya a la propia realidad; más tarde, también encontramos estas ideas en la pág. 170, aunque en su vertiente nominalista, por así decir, enfatizando el problema del lenguaje: “hoy el discurso crea la realidad” y “la realidad es la sombra de la palabra, no a la inversa”). Toda esta constelación apunta a la conclusión de que ya vivimos en el “fin de los tiempos”, envueltos en una melancolía crepuscular que puede engendrar, no obstante, exabruptos de violencia inaudita. Este parece ser el caldo de cultivo en el que surgen los Arrancadores, dirigidos por el liderazgo intelectual de Menezes, mensajero extraño de un nihilismo catastrófico.

Este nihilismo, que podríamos llamar postcapitalista, aparece con fuerza en muchas obras de arte actuales. Hace un tiempo, escribí en este mismo blog que el personaje del último Joker en El caballero oscuro, interpretado por Heath Ledger, “resulta especialmente aterrador por su nihilismo, porque es un villano que avanza un paso más en la falta de sentido, en el absurdo radical, en la tendencia maníaca a la destrucción, o en lenguaje psicoanalítico, hacia la pulsión de muerte, hacia el tánatos”. Una de las formas modernas de esta figura de oscuras pulsiones autodestructivas sería el terrorista suicida, que ha sido ahora adoptado sobre todo por los islamistas. Pero tenemos la misma constelación en los cientos de personas que matan suicidándose o que matan y después se suicidan, como los maltratadores y los autores de las masacres en institutos, universidades o centros de trabajo. En puridad, esto no es nuevo, pues sus precursores son los kamikazes japoneses de la Segunda Guerra Mundial y esta clase de pulsión de muerte sin sentido ha existido siempre, pero lo que a los occidentales opulentos actuales, sobre todo no acostumbrados a ver la muerte de cerca, nos asusta es su extensión y su aparición imprevisible. Este es precisamente el germen del terror o del horror (citando ahora al Kurtz agonizante de Conrad que lanza una mirada alucinada y, al mismo tiempo, omnisciente sobre la humanidad).

Aparte de esta inspiración basada en la sociedad real, la novela toma numerosas influencias y se inspira en precursores artísticos mayores. Para mí, uno de los más característicos, y que no se han mencionado, sería el personaje de Alex Delarge, creado por Stanley Kubrick y Anthony Burgess en La naranja mecánica, que anticipa la ultraviolencia gratuita y sin sentido en personajes inteligentes, depravados y cultos, como es precisamente Mortenblau, figura de esteta exquisito dentro de la mente de un asesino. Tenemos ejemplos más modernos que se han citado en otras reseñas (véase la de Vicente Luis Mora en Diario de lecturas), como el Anton Chigurh de No es país para viejos que, de forma característica, fue creado por Cormac McCarthy, uno de los herederos más ilustres de Faulkner, y después llevado al cine por los hermanos Cohen, y también el personaje de Hannibal Lecter de El silencio de los corderos de Jonathan Demme y sus secuelas. No obstante, el modelo de Kubrick me parece el precursor de todos los personajes de filiación nihilista que han surgido más tarde y que tienen poco que ver con los terroristas de inspiración nacionalista o religiosa.

* * *

La filosofía ante el Mal

Ante este estado de cosas, ¿qué puede hacer la filosofía? En Derrumbe, RMS (de formación filosófica) se plantea este problema desde el principio, siguiendo la estela de sus obras anteriores, y su respuesta no puede ser más desconsoladora: el texto va destilando la certeza de que la filosofía ya no es capaz de proporcionar ningún consuelo al hombre inmerso en las contradicciones de la sociedad hipercapitalista y tecnológica actual. Es más, creo que todo en la obra de RMS parece indicar que tampoco nos ofrece ya ninguna explicación realmente válida de la voluntad humana de hacer el Mal y de la omnipresencia de la violencia y el mal en el mundo. Además, en estrecha relación con esta función de la filosofía, RMS incide poderosamente en otro tema filosófico muy debatido en el oscuro siglo XX: ¿Puede la filosofía, la cultura, es decir la educación, mejorar el espíritu humano y reducir la violencia? Las respuestas y experiencias del siglo XX parecen ir en contra de esta posibilidad: el siglo de dos Guerras Mundiales terribles, con el nazismo, el Holocausto, el Gulag, los genocidios en Ruanda y Bosnia ha desembocado en un principio de siglo XXI sin valores claros ni un objetivo de progreso cierto hacia el que dirigirnos más allá de la pura dialéctica interna de la tecnología (esta línea ideológica parece sugerirla el propio RMS en diversos artículos, como el dedicado a “Vientos amargos” que he comentado hace poco en este mismo blog). RMS parece dar la razón en su obra a la visión pesimista de Horkheimer y Adorno en Dialéctica de la ilustración. La razón ilustrada, pervertida por las relaciones de poder y su destrucción de la diferencia creativa ha creado definitivamente su contrario, generando la barbarie paradójica del nazismo. Es característico que aquella teoría surgiera inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, pero también resulta sorprendente que su pesimismo pueda aplicarse sin apenas cambios al principio del nuevo milenio. Erigidos sobre las cenizas y ante las evidencias de que un pueblo tan culto como el alemán había podido generar dentro de sí la barbarie increíble del nazismo, Horkheimer y Adorno no podían sino constatar que los ideales de la Ilustración no se habían cumplido: la educación no bastaba para erradicar el mal, es más, la exquisita educación, la inteligencia superior sólo servían para agravar la barbarie y hacerla más sofisticada hasta extremos hasta entonces desconocidos.

RMS nos ofrece abundantes referencias a esta inutilidad de la filosofía y la educación para alejar a los seres humanos del Mal ontológico. Su mención (pág. 77-78) de La condición humana, como lectura emblemática de los Arrancadores, parece apuntar así más a Hannah Arendt y a su teoría acerca de la “banalidad del mal” que tan brillantemente desarrolló en Eichmann en Jerusalén. Mortenblau también ejerce el mal banalmente, enlazándolo sin solución de continuidad con actos tan naturales como comer, fornicar o defecar.

Así, el ejemplo vivo de la inutilidad de la filosofía y la cultura para evitar el mal es el mismo Mortenblau, que lee a Montaigne, Huysmans y Kafka (pág. 45-46) sin poder evitar la victoria final de sus impulsos asesinos. En el otro polo, Manila cree, con la misma resignación y reconocimiento de su derrota, en la Ilustración, Kant, Rousseau, Hubble, en los avances tecnológicos (pág. 47-48) y en Hobbes (”El día que vine al mundo, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”, pág. 43). Ante la inutilidad de la filosofía y la cultura, la conclusión no puede ser más sombría.

* * *

La destrucción de la civilización

Por esta razón, todo apunta al derrumbe que anuncia su título y parece vaticinar la decadencia, la destrucción colosal y estrepitosa de una civilización entera, pero no ya por la inconsistencia o incapacidad de sus instituciones y sistemas políticos o económicos (de rabiosa actualidad en estos momentos y que se demuestra por el desencanto ante la verdadera capacidad de las democracias modernas), sino esencialmente porque el ser humano, de modo intrínseco, es incapaz de construir nada mejor, es malo por naturaleza, tiene el Mal incardinado como un demonio en su carne, de ahí su cita liminar. En la segunda parte, al describir el atentado megalómano de los Arrancadores a Corporama, RMS da rienda suelta a esa visión catastrófica de un fin del mundo posible, provocado por el Mal omnipresente y por su capacidad para haber generado una realidad que es una ilusión, un simulacro de sí misma.

* * *

Arte de la elipsis

Tras este análisis de contenido, no quisiera terminar mi lectura de Derrumbe sin mencionar dos principios narrativos que destacan especialmente en la estructura de la novela. El primer principio es la utilización magistral de la elipsis que se evidencia sobre todo en las últimas páginas de la primera parte (pag. 60-66). Esta estrategia permite que RMS mantenga la tensión narrativa al mismo tiempo que se concentra en los episodios centrales, eliminando todo contenido superfluo y permitiéndole narrar también con lo que no dice. Se trata de un arte que pocos escritores dominan, obsesionados quizás con tratar de decirlo todo, lo que les parece implicar la acumulación de texto. El mérito de RMS se evidencia en que dice todo lo que tiene que decir con el menor número posible de palabras, al mismo tiempo que incrementa el efecto de las palabras que sí dice en el lector.

RMS es un autor de aliento clásico en su estilo, pero que utiliza con habilidad el fragmento característico de las narrativas mutantes postmodernas. Creo que no se trata de ninguna contradicción, ya que el uso de fragmentos resulta paradigmático en autores tan clásicos como Borges o Rulfo, por ejemplo, y también es magistral en un autor tan importante, aunque ahora algo más olvidado, como Cortázar. Resulta sorprendente que algunas reseñas pongan esta estrategia narrativa y la fragmentación de los episodios en el debe del autor. En mi opinión, como acabo de explicar, se trata de todo lo contrario y es uno de los aciertos de la primera parte de la novela.

* * *

El final circular

Por último, el segundo rasgo estilítico destacado es el final circular, al que RMS tiene un apego especial, puesto que ya lo ha utilizado en novelas anteriores. Para mí es especialmente significativo que las mismas palabras que se han utilizado para describir el primer asesinato de Mortenblau sirvan al final para relatar su muerte a manos de Manila. Una posible interpretación sería que el Mal está tan omnipresente que el policía, representante teórico de la justicia, también se deja seducir por la violencia en sí misma como respuesta visceral y contradictoria frente al Mal. Yo creo que este sentido está implícito en cierta desesperanza de fondo que deja translucir la novela (la cultura no ofrece consuelo para el magma de pulsiones que desgarran al ser humano y a las que sucumbirá más tarde o más temprano). Pero también existe otro sentido posible que, aunque sea una contradicción en sí mismo por el uso de la violencia para reparar lo irreparable que ha cometido Mortenblau, introduzca la única solución posible a la injusticia, una especie de justicia poética en el mundo: asesinar al asesino, igual que robar al ladrón, siempre tendrá cien años de perdón.

Este desenlace no es sólo un final circular que sugiere el reinicio, la circularidad del tiempo, la repetición infinita que alude a Nietzsche, sino que también implica la identificación de los dos protagonistas que cometen su primer asesinato (recordémoslo) del mismo modo y con las mismas palabras. Pero el desenlace remite de nuevo al tema del lenguaje como generador de realidad (las frases ya citadas de la pág. 170), e inversamente, al modo en que las mismas palabras pueden expresar cosas absolutamente distintas, describiendo dos hechos aparentemente idénticos, pero esencialmente diferentes e incluso antagónicos, ya que la única esperanza que parece traslucir la novela es la posibilidad de que esta última muerte sea en cierto modo la restitución del orden correcto del mundo, signo de una especie de última resurrección. Esta lectura parece refrendarla el propio autor en su comentario a la reseña que le dedicó Vicente Luis Mora en su Diario de lecturas.

Con este final, RMS consigue mantener al lector preso y fascinado en el círculo de su novela. Enrique Vila-Matas expresa cabalmente la fascinación que genera en los lectores atentos la lectura de Ricardo Menéndez Salmón en un artículo que se refiere a La ofensa y Gritar: el escritor asturiano, señala, está aquejado del mal de los constructores, “el mal de los que quieren decirlo todo, el mal de los que tan alejados están de los falsos escritores.” Lo verdaderamente notable de Menéndez Salmón es que sea capaz de decir todo lo que quiere decir con tal concentración, con tal sentido de lo verdaderamente importante, con tal capacidad de síntesis.

El misterio Clarice Lispector

11:52 pm October 23rd, 2008

Una referencia de Félix Romeo me puso sobre la pista de Clarice Lispector en la red. Hasta ahora no se me había ocurrido la posibilidad de encontrar algún testimonio videográfico de ella en Internet, pero ahí está: una larga entrevista en la televisión brasileña que se puede ver gratis en YouTube, una de las ventajas de nuestro mundo interconectado. Ver esta joya hace tan sólo unos años habría sido una tarea ímproba. Probablemente habría sido necesario viajar a Brasil e investigar en bibliotecas, hemerotecas o filmotecas para encontrarla.

La importancia del documento es mayor por varias circunstancias. Clarice Lispector nunca fue dada a las entrevistas, siempre guardó su intimidad como algo precioso. Y además, la entrevista, concedida a Junio Lerner para el programa “Panorama”, fue emitida el 1 de febrero de 1977, pocos meses antes de que muriera, prematuramente de un cáncer, con tan sólo 57 años. La entrevista está dividida en varias partes. Cuelgo aquí sólo la primera parte, las demás aparecerán como sugerencias al terminar de verla. No soy mitómano, creo, pero su expresión en este documento me impresiona: posee la mirada hierática y directa de alguien acostumbrado a contemplar abismos, aunque sean interiores y lo parezcan menos. También afecta, conociendo su belleza (impresionante en su juventud, a mí me parece casi imposible que una escritora tan solitaria haya sido tan bella, si bien es cierto que no existe ninguna contradicción necesaria entre ambas características), constatar las huellas del cansancio y la enfermedad que la estaban minando sin que se diera cuenta o, tal vez, dándose cuenta pero tratando de obviarlo hasta el momento final. Pero, sobre todo, lo que queda flotando poderosamente después de verla es el tono, al mismo tiempo firme e imbuido de humildad, de sus palabras.

Clarice Lispector no se consideraba una escritora profesional, a pesar de haber publicado bastantes novelas, libros de relatos e incluso libros para niños. Pero se definía como una amateur porque deseaba, ante todo, mantener la libertad de escribir o de no escribir. Esta actitud fundamental explica su relación de amor voluntario con la escritura. Para ella, escribir era una necesidad a la que, paradójicamente, podía renunciar. Pero, al mismo tiempo, en las largas épocas en las que dice no sentirse capaz de escribir, en los tiempos en los que la vida le resulta demasiado dura, siente que está muerta. Porque, desde muy pequeña, pensaba que vivía en una especie de historia interminable. Clarice reconoce que esta relación suya con la actividad de narrar es muy complicada y que no puede explicarla cabalmente. Pero tiene la conciencia nítida de que empezó a escribir desde que aprendió a leer. Más tarde, durante la adolescencia, reconoce que era muy caótica y que vivía completamente fuera de la realidad. Puedo identificarme fácilmente con ese estado de conciencia.

Como complemento a las palabras de Lispector, el programa que rescata la entrevista nos ofrece las declaraciones de su biógrafa, Nádia Battela Gotlib. Me quedo con su observación de que los personajes de Lispector son una cosa y a la vez la contraria. Añado que sus escritos están plenos de dicotomías amor-odio, de contradicciones tan abstrusas que acaban desembocando en síntesis imposibles o en negaciones que nos colocan ante la tesitura de volver a empezar, de sentir y reflexionar de nuevo todas las emociones para intentar desentrañar la verdad última de todo lo accesorio. Tarea imposible, agotadora, pero necesaria. Intento de desentrañar el mundo desde la individualidad más íntima. Y también me deslumbra que, dentro de las dicotomías en las que parecía desenvolverse, Lispector siempre mantiene una extraña y particular posición como lectora de sus propias obras. Muchos escritores se desvinculan de su obra cuando ya está publicada, porque ya no les pertenece, pero Clarice parecía leer sus obras con extrañeza y en ocasiones no comprendía lo que ella misma había escrito anteriormente. En la entrevista menciona expresamente el caso de “El huevo y la gallina”, un cuento (perteneciente a su colección “Felicidad clandestina”) que seguía intrigándola poco antes de su propia muerte y del que admite abiertamente no saber en último término qué quería decir con él. Una frase suya lo resume bien:

“O bom de escrever é que nao sei o que vou escrever na proxima linha. Eu queria saber o que pretendem de mim os meus livros…”

Esta sensación de profunda extrañeza, unida a la certeza de encontrarme ante una obra excepcional, es la que también ha prevalecido siempre en mí al leerla. Es como si el lector se viera obligado a duplicar el desconcierto de la propia autora, envuelto en una escritura que lo zarandea con su no-estilo. Es quizás uno de los escritores, hombre o mujeres, que menos he podido comprender, dándose la paradoja que la mayor lección que podamos extraer de ella es precisamente la imposibilidad de comprender, al mismo tiempo que hemos de reconocer el inmenso talento de su arte. Como muestra ínfima y pequeño homenaje, recuerdo especialmente un pasaje de “Cerca del corazón salvaje” que ilustra de modo ejemplar la lucha intrínseca de ideas contrapuestas o incluso contradictorias en ella:

“Recostó la cabeza en su pecho, y allí latía un corazón. Pensó: incluso así, a pesar de la muerte, algún día le dejaré. Conocía bien el pensamiento que podría llegarle, fortaleciéndola, si antes de dejarlo se conmoviera: ‘Arrojé todo lo que podría tener. No le odio, no le desprecio. ¿Por qué buscarle, aunque lo ame? No me gusto hasta el punto de que me gusten las cosas que me gustan. Amo más lo que quiero que a mí misma’. Sin embargo, sabía que la verdad podía estar igualmente en lo contrario de lo que pensaba.” (”Cerca del corazón salvaje”, traducción de Basilio Losada, ediciones Siruela).

“The rest is silence”…

El paso del tiempo

1:09 pm October 18th, 2008

Desde hace algún tiempo estoy teniendo una conciencia intensa del paso del tiempo, mayor de la habitual en mí, que ya está bastante desarrollada. Uno de los signos de esta sensibilidad creciente puede ser la sensación de pérdida que experimento cuando leo muchos libros, artículos, o contemplo gran cantidad de cuadros, fotografías, películas y percibo la imposibilidad de dar cuenta de la excitación que me producen en mi escritura: en el blog o en mi obra propia. Esto me ha ocurrido en las últimas semanas en que he leído o releído libros importantes y me ha resultado imposible comentarlos en detalle en esta bitácora abierta. Pero a pesar de ello, quiero dejar constancia de esas impresiones que tienen mucho que ver, en mi opinión, con el estado mental necesario para ser creativo, para generar dentro de sí mismo la capacidad de crear nuevas obras, ya sean literarias, plásticas o de cualquier otro tipo.

Como en un río, en mi mente se mezclan ahora los artículos leídos en magazines literarios, como el titulado “Lágrimas” de Andrés Ibañez, acerca de sus sentimientos con respecto a su hija, o aquel otro titulado “Carmen”, dedicado a una amiga, pero que no habla sólo de ella, sino del paso del tiempo (precisamente) y de la extrañeza que puede provocar, u otro artículo de Ricardo Menéndez Salmón: “Kaurismaki y Coetze” (todos ellos en ABCD), cuando desea en su columna la conjunción exitosa de estos dos grandes creadores, cineasta uno y novelista el otro, para ofrecernos una obra de arte total, y entonces surgen los vínculos curiosos, como que yo hablara en este blog hace poco de la conjunción ya quizás imposible de Guillermo Arriaga y Alejandro González Iñárritu y que leyera “Desgracia” de Coetzee con maravillamiento creciente y me acordara de nuevo de “Derrumbe” de Menéndez Salmón, que he leído hace dos meses y de la que tengo pendiente una reseña en esta bitácora, y volviera a leer “El corazón de las tinieblas” (o quizás mejor, como  señala el editor y traductor Dámaso López García en su prólogo (editorial Valdemar) “Corazón de oscuridad”, con todas sus connotaciones, con la idea de que el mismo corazón “es” la oscuridad) y leyera después la reseña de “Derrumbe” en la bitácora de Vicente Luis Mora poniendo todo estos nombres en relación y pensara en mi novela y en los temas relacionados de que trata. Y a continuación pensara en la curiosa coincidencia (o quizás no tenga nada de casualidad) de que ambos títulos sean dos palabras de 3 sílabas que empiecen por D y aludan a significados tan ominosos. Y después leo su último post del 13 de octubre y me encuentro con esto:

Tomo un avión en Michoacán, México. En la sala de espera estamos apenas quince personas, absolutamente rotos de cansancio. Son las cuatro de la mañana. No hemos dormido, no hemos desayunado y aquí estamos, destrozados, esperando. En ese momento, abro un libro de filosofía. Un complicado ensayo sobre el sujeto entendido como vacío ontológico y sobre la aniquilación de la identidad en la máscara espectacular de lo económico. Alguno pensará que hay que tener estómago para abrir un libro como ése después de haber dormido tres horas, sin ni siquiera un café en el cuerpo.

Pero es precisamente la filosofía lo que me defiende del horror. Mientras todos los demás viajeros suspiran, removiéndose en los duros asientos de plástico, rogando que acabe de una maldita vez la espera y puedan retomar el sueño a bordo, aquí sucede algo diferente: algunas frases magistrales, algunos párrafos mayúsculos, convierten la pesadilla en acontecimiento. A la media hora estoy despierto, feliz, agradecido, absolutamente pleno. El amanecer en el aeropuerto de Morelia como una de las formas de la felicidad. Los libros no sólo nos salvan del horror del viaje, también del horror de la existencia.

Y entonces pienso en la coincidencia de pareceres o de sensibilidades que se produce a través de la escritura, de la conjunción seriada de palabras generalmente negras sobre una hoja de papel blanco y en el modo misterioso en que aquellas palabras seriadas evocan en nuestras mentes ideas en ocasiones placenteras o a veces horriblemente dolorosas, y en cómo, simétricamente, las palabras del libro de filosofía desconocido le han provocado a Vicente consuelo en su espera y a mí las suyas confirmación de mi estado de comunicación a través de esa escritura dispersa ya en tantos medios que forma una tupida red alrededor nuestro que nos envuelve y acuna. Y que su post sobre el tema del consuelo por la filosofía incluya la palabra “horror”, que es central en “El corazón de las tinieblas” y aluda de nuevo así mismo a “Derrumbe” y a “Desgracia” y vuelva a sumergirme en la red de redes y en la tupida malla de las relaciones de las palabras y en la comunicación y las relaciones a través de ellas. Más tarde, en el ABCD de esta misma semana leo la última columna de Menéndez Salmón sobre la muerte de David Foster Wallace y veo que su homenaje tiene otros interesantes puntos de contacto con mi post de hace un par de semanas sobre el mismo Wallace, en el que me preguntaba acerca de esa infelicidad que le llevó a ejercer esa “violencia de la soga” sobre sí mismo.

Algún tiempo después me sumergo en los artículos de Manuel Rodríguez Rivero y de pronto veo que me dan ganas de decirle que le comprendo perfectamente cuando hablaba de Madrid en agosto y de cómo se siente en las noches demasiado calurosas acompañadas de lecturas y de música que puede ser de Billie Holiday o Ella Fitzgerald o de alguna de esas voces que parecen un guante sedoso sobre nuestra piel. Y entonces uno tenga la sensación de que muchas veces muchos de los diálogos importantes de su vida se desarrollen a distancia, a través de la escritura y la lectura con sus contemporáneos artistas o amantes de la literatura. Pero ese diálogo a distancia e interruptus también se da con la mayor intensidad con todos aquellos autores del presente que nos maravillan y que acabamos de leer, como el ya citado Coetzee en “Desgracia” o “Vida y época de Michael K.” o Ian McEwan en “Chesil Beach” o Richard Ford en “Acción de Gracias” o Haruki Murakami en “Kafka en la orilla” o Vasili Grossman en “Vida y destino”.

Y entonces también tenemos conciencia de la deuda que arrastramos con los autores del pasado que ya están muertos y que no pueden escuchar nuestro agradecimiento por todas las horas que han poblado nuestras vidas con un estremecimiento desconocido, como Kafka, al que nos surge la necesidad imperiosa de preguntarle cómo se le ocurrió la idea de convertirse literariamente en insecto en “La metamorfosis” (o “La transformación, si traducimos exactamente el término alemán “Verwandlung”) o Robert Walser y sus “Hermanos Tanner”, que leí por primera vez hace más de diez años y que veo ahora en multitud de ediciones españolas y extranjeras en múltiples idiomas en una fotografía de la biblioteca de Enrique Vila-Matas, y pienso en cómo Vila-Matas lo cita una y otra vez en “Bartleby y compañía” y pone el acento en la declaración básica que parece definir la personalidad de antiprotagonista de Walser: su rabioso deseo de “ser un cero a la izquierda”. O el mismo Conrad, al que deseamos interrogar sobre su viaje al Congo y esa paulatina toma de conciencia del horror, el horror que relata su protagonista y que él experimentó al darse cuenta de que impregnaba los dos lados, el de los salvajes y el de los supuestos civilizados, tal vez con aún mayor intensidad en el lado de la civilización, que no ha demostrado ser sino un modo de enmascarar débilmente e intensificar con los prodigios de la técnica toda la capacidad inaudita de destrucción de otros seres humanos. O preguntar a Stanley Kubrick cómo concibió la idea de “2001: Una odisea del espacio” leyendo el relato “El centinela” de Arthur C. Clarke y cómo se le ocurrió mezclar la idea del progreso de la raza humana y su soledad y su afán de saber con la presencia inquietante de Hal y la música de Penderecki y Strauss y con una orgía visual como la del último viaje interestelar del astronauta. Y a continuación, preguntarle a Ridley Scott qué sintió al leer por primera vez el libro de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y qué le indujo a transformarlo o reescribirlo o hacerle un comentario artístico grandioso en “Blade runner” y por qué cambió el final de su película y preguntarle a Ingmar Bergmann cuánto de su propia experiencia tiene el personaje de Alexander en su impresionante “Fanny y Alexander” y cuál es la historia de la versión larga y la corta (mejor dicho, menos larga). Oir todo esto de sus propios labios y agradecerles personalmente todas las horas, días, semanas que me han acompañado y me han curado del mal de la realidad, que es demasiado punzante y araña y duele. O hablar a través de los siglos con Albrecht Dürer (nuestro Durero) y decirle la impresión que siempre me han causado sus dibujos y grabados, sus trazados precisos y perfectos y el aura poderosa y al mismo tiempo ominosa que surge de su “Melancolía”, o postrarme ante Leonardo da Vinci y expresarle mi rendida admiración por su capacidad para ser un sabio total (o renacentista), un hombre que fuera capaz de abarcar y dominar todas las disciplinas de su tiempo, algo que ya nos está definitivamente vedado a los hombres de nuestro tiempo. O hablar con Francis Bacon y escuchar de su boca la ya imposible confesión de su soledad que nos asalta y nos incomoda tanto en sus cuadros de hombres despedazados como sorprendidos tras la explosión de una bomba a su lado.

Es así como la red de palabras va a ampliarse con un texto más que incorporo ahora a la malla mundial y pienso en la forma decisiva en que las bitácoras van a cambiar (y de hecho han cambiado ya el modo en que los textos escritos van a relacionarse a partir de ahora) y lanzo mis palabras esperando que continúen el gran juego de comunicación interrupta pero continua a través del tiempo que me persigue y sólo me queda expresar que espero que todas estas impresiones artísticas, todos estos maravillamientos y emociones puedan reflejarse de forma cumplida en mis propias obras para que pueda devolver a todos estos artistas una ínfima fracción del placer que me han proporcionado.

Habemus Nobel: ¡Le Clézio!

6:37 pm October 9th, 2008

Je sors du fond de mon esprit mes racines françaises (qui ne sont “que” linguistiques et culturelles) pour me féliciter du décernement du Prix Nobel de Littérature à Jean-Marie Gustave Le Clézio. J’en suis heureux!!

Jean-Marie Gustave Le ClézioBueno, pues ya lo he dicho en francés. Pero para francés musical, poético, envolvente, susurrante, el de las novelas y relatos de Le Clézio, un autor no muy conocido en España, me parece, fuera de círculos literarios muy concretos. Me alegro de que se reconozca su talento, sus muchos años de carrera literaria, que comenzó a los 23 años ganando el Renaudot y que sigue hasta el presente con su último libro: “Ritournelle de la faim” (Estribillo del hambre, aún no traducido). No voy a repetir sus libros más conocidos ni los demás premios que se le han concedido. Sólo destacaré que me parece reseñable que Le Clézio viva precisamente en los Estados Unidos (en Albuquerque, donde enseña) y que haya sido un viajero permanente por muchos países, sobre todo del llamado Tercer Mundo, para intentar descubrir lo que hay más allá de la civilización occidental dominante. Es seguro que sus experiencias tempranas (su padre fue cirujano en Nigeria, su familia vivió en las Islas Mauricio y su esposa es de origen saharaui) han formado una curiosa visión periférica (es decir desde la periferia hacia el centro) en un individuo que siempre ha formado parte a la vez de ambos mundos.

Después de la polémica protagonizada hace pocos días por uno de los miembros de la Academia Sueca, cuyas razones para juzgar duramente a los escritores norteamericanos habría que atribuirlas más bien, en mi opinión, al país en su conjunto, a una mayoría dormida de personas que lo habitan, más que a sus intelectuales o artistas, estaba claro que todas las apuestas se dirigían hacia un europeo. En España no había sonado mucho el nombre de Le Clézio como posible laureable, pero naturalmente sí en Francia, donde Le Clézio forma parte de la “lista restringida” desde hace años y se le considera, probablemente, el mayor escritor francés vivo. Hacía mucho tiempo, desde Claude Simon en 1985, que un francés no obtenía el Nobel de Literatura. Y me gusta este premio porque me parece que puede ser un buen candidato a Nobel que no caduque en la Historia, alguien que pueda compensar los fallos y salidas de tono de los Académicos Suecos (no hace falta más que recordar los casos de Borges o Cortázar, candidatos eternos, o Cela, Nobel nuestro claro candidato al olvido de la Historia). En este contexto, no está de más escuchar la respuesta del propio Le Clézio en una entrevista concedida pocas horas antes de la concesión a France Inter (ver vídeo), en la que relativiza en su justa medida y con fina ironía el significado y la importancia del premio, de cualquier premio, aunque no deje de reconocer que le gusta recibirlos (como a todos, incluso los que hacen el gran gesto histriónico de rechazarlos).

Ver la entrevista en France Inter.

Cita de su rueda de prensa improvisada que suscribo totalmente:

“Écrire ce n’est pas seulement être sur sa table et se livrer à soi-même, mais écrire c’est aussi écouter le bruit du monde”.

*************************************************************

NOTA FINAL: Acabo de recorrer periódicos y otros sitios de Internet para ver cómo se había acogido la noticia y me tropiezo con comentarios bastante bochornosos de desconocimiento supino incluso en las páginas culturales. En primer lugar, parece que el autor era mucho más desconocido en España de lo que yo pensaba y, en segundo lugar, es descorazonador ver cómo uno de los peores defectos de nuestra cultura sale a relucir a la mínima ocasión: la incultura que se regodea en ello y se permite despreciar lo que no conoce por puro despecho ignorante. ¡¡Lamentable!!

La correspondencia Bachmann-Celan, la (nueva) traducción alemana del Quijote y Peter Schneider

12:00 pm October 7th, 2008

El prolijo título de este post relaciona tres temas que no tienen nada que ver literariamente entre sí, pero que pertenecen a la misma cultura e informan de novedades editoriales y eventos culturales importantes en Alemania.

La primera se refiere a la reciente publicación de la correspondencia amorosa de dos gigantes de la literatura alemana del siglo XX: Ingeborg Bachmann y Paul Celan (por supuesto, teniendo en cuenta la lentitud editorial en estos casos, supongo que no disfrutaremos de una traducción al español probablemente durante muchos años, aunque daría lo que fuera por equivocarme). Una historia de amor tremendamente complejo que casi no había trascendido hasta hace relativamente poco tiempo. Como se ha comentado en Alemania, es una verdadera suerte que los herederos hayan permitido su publicación 15 años antes de la fecha prevista en un principio. Una correspondencia que posee un gran interés por la relación en sí misma y, por supuesto, también por las huellas que dejó en la obra de ambos. No he podido leerla todavía, pero las reseñas en Alemania no dejan lugar a dudas acerca de la importancia del libro (en total unas 400 páginas). El encuentro y primera etapa amorosa tuvo lugar en la Viena de la posguerra en 1948, entre una estudiante de doctorado aún desconocida y un poeta ya reconocido. Esta, por así decir, asimetría de estatus se iría invirtiendo poco a poco y haría evolucionar el primer y breve encuentro hacia una amistad (durante la cual Celan se casó en París y Bachmann tuvo otras relaciones) para desembocar en un resurgir amoroso en 1957 y el posterior distanciamiento definitivo en 1961. Esta correspondencia que ilustra una relación oscilante entre amor y amistad, con otras personas implicadas en relaciones con ambos, es una joya única. Además de la información que nos revelan las cartas acerca de las obras de ambos, génesis y desarrollo pero también episodios que se incorporarían, literariamente deformados, en ambas obras, también tenemos testimonios acerca de sucesos importantes del mundo literario alemán, como las reacciones hipersensibles de Celan a las críticas severas (por ejemplo, de Günter Blöcker o el famoso “affaire Goll”). Como decía, espero equivocarme sobre la traducción, pero yo no voy a esperar…

El segundo tema es la larga entrevista a Susanne Lange en el FAZ ([Frankfurter Allgemeine Zeitung, realizada por Paul Ingendaay], gracias a Der Umblätterer por la referencia), la traductora de la nueva edición alemana del Quijote editada en Hanser Verlag. Se trata de un trabajo que ha durado cinco largos años y que ha podido realizarse gracias a una beca suiza (Zuger Übersetzerstipendium). Este trabajo era necesario porque las traducciones alemanas disponibles del Quijote, con una sola excepción, databan del siglo XIX. La entrevista relata con detalle la complejidad de una tarea que tenía que salvar la cuestión de cómo verter el lenguaje del siglo XVII al alemán del XXI, que debía distinguir los niveles estilísticos y lingüísticos del original (el habla de Sancho Panza en contraposición al estilo de Don Quijote) y que ha tenido que inventar incluso nuevos refranes para traducir de algún modo la querencia de Sancho por los dichos. Susanne Lange pone un ejemplo de sus reflexiones al traducir “el caballero de la triste figura”:

„Ein kleines Beispiel“, sagt sie: „Es versteht sich durchaus nicht von selbst, was ‚triste figura‘ genau bedeutet. Traurige Gestalt, würde ich sagen. Aber nicht alle haben es so übersetzt. ‚Figura‘ kann nämlich auch ‚Gesicht‘ bedeuten. Und es wäre nicht falsch, ‚triste‘ mit ‚jämmerlich‘ oder ‚kläglich‘ zu übersetzen. Der Begriff ‚traurig‘ scheint mir aber repräsentativ für die doppelte Sichtweise des ganzen Romans zu sein, denn die Außenwelt sieht Don Quijote auf die eine, er selbst sich auf eine andere Weise. Vor sich selbst ist der Ritter von der traurigen Gestalt ein nobler Melancholiker.“

Se trata sólo de un ejemplo de las dificultades que ha resuelto esta traductora que reside en Sabadell. Mis felicitaciones por haber vivido para contarlo y seguir soñando todavía con la novela.

Tercera parte del título: vuelvo a Peter Schneider y el Hay Festival de Segovia. Manuel Rodríguez Rivero da en su última columna semanal un interesante giro (y proporciona una nueva perspectiva) al encuentro con Schneider. Recuerda la, digámoslo suavemente, modesta suerte de sus libros en España. A su excelente novela Lenz (publicada en 1976 por una aún embrionaria Anagrama) no le siguieron grandes éxitos en España. Rodríguez Rivero se queja del relativo abandono del autor por parte de los editores sucesivos, quizás por no ser un autor excesivamente mediático ni conseguir unas ventas sobresalientes. Pero la obra de Schneider documenta magistralmente una época de la historia alemana (los años de plomo desde finales de los 60 hasta finales de los setenta en que una gran parte de la izquierda radical alemana abrazó la lucha armada y la Baader-Meinhoff mantuvo en vilo a la entonces aparentemente modélica democracia federal. Todo esto está, por cierto, de actualidad en Alemania por el film Der Baader-Meinhoff-Komplex). Su última aproximación, el ensayo autobiográfico Rebellion und Wahn (no sé si la traducción propuesta “Rebelión y quimera”, es aquí la más adecuada) merecería, desde luego, mucha mejor suerte. Señores editores, tomo el testigo y les envío una recomendación desinteresada…

Hay Festival en Segovia

11:51 pm October 1st, 2008

Hay Festival Segovia 2008Acabo de volver de Segovia de un fin de semana completa y exclusivamente literario y aterrizo en el tráfico de Madrid y las terribles noticias económicas. El contraste es brutal y por ello tengo la necesidad de inmortalizar en un post algunos de los aspectos más destacables del fin de semana.

El Hay Festival de Segovia se está convirtiendo poco a poco en una novedosa tradición de arraigo intelectual (y también popular). En los pocos años que lleva celebrándose (dos, según creo) ha sido un éxito de público y asistencia de escritores con puntos de vista, trayectorias y perspectivas muy diferentes. Creo que una de las fórmulas de su éxito está en combinar la presencia de escritores de larga trayectoria, muy mediáticos y respetados, con otros mucho más jóvenes y menos conocidos, pero que hayan demostrado ya que poseen una obra de suficiente calado, calidad y con promesas de futuro.

Por otro lado, es un acierto combinar la narrativa: novela y relatos, con la ya tradicional gala de poesía y la presencia de músicos de gran originalidad. Curiosamente, el único género literario que casi no ha tenido cabida en las dos ediciones del festival de Segovia a las que he asistido es el teatro. Resulta enriquecedor poder conocer en tres apretados días las perspectivas de escritores procedentes de literaturas muy diferentes: españoles, ingleses, iberoamericanos, africanos, árabes, asiáticos. En la programación de estos dos últimos años podemos ver claramente la riqueza de esa combinación única. Más que ver eventos concretos, lo más fructífero es tratar de asistir, como en una gran representación continua de 12 horas al día, a los eventos situados en diferentes lugares de la ciudad, bellas iglesias románicas o salas de conferencias, corriendo de un lado a otro en una maratón de locales, literaturas y perspectivas para ver, por ejemplo, a Aminatta Forna o los participantes en el proyecto Bogotá39.

De toda esta riqueza, voy a subrayar sólo un par de eventos que seguí con especial interés. Por un lado, la presencia del escritor alemán Peter Schneider, autor de la novela de culto Lenz, libro que expresó el desencanto surgido tras la revolución de mayo del ’68 y de otras obras que reflejan el destino de esa generación, en conversación con Manuel Rodríguez Rivero. La presencia alemana se completó con la proyección del documental “Corazón a la izquierda” (Das Herz sitzt links), dirigido por Margit Knapp y Arpad Bondy, que retrata a Klaus Wagenbach, comprometido editor de izquierdas. La vida de Wagenbach es símbolo de una etapa cultural crucial para la República Federal de Alemania.

El otro evento que destacaría personalmente fue el encuentro del editor Malcolm Otero Barral con los jóvenes escritores Cristina Grande, autora de Naturaleza Infiel, Javier Argüello, escritor de origen argentino afincado en Barcelona y autor de Siete cuentos imposibles y El mar de todos los muertos (2008), y Ricardo Menéndez Salmón, que destacó en 2007 con La ofensa, y ha publicado este año Derrumbe, la novela que le ha consagrado. El año pasado, este encuentro con los nuevos narradores en español tuvo como protagonistas a los novelistas Lolita Bosch o Agustín Fernández Mallo. En el debate que mantuvieron estos dos escritores se evidenciaban dos de las posiciones teóricas de los nuevos narradores: una de ellas es la que podríamos llamar una perspectiva “mutante”, hostil en principio a la tradición, rupturista con la novela española de las últimas décadas (con su punto de vista realista y su insistencia en la trama). La narrativa “mutante” reivindica un estilo fragmentario, la ausencia de trama, la ruptura cronológica, la irrupción del azar en la narración, la importancia del saber científico y de las nuevas tecnologías, sobre todo Internet y las posibilidades de superación del hilo discursivo unidireccional que ofrece. La otra posición, partiendo desde la necesidad de renovación y la búsqueda de nuevos caminos narrativos, no ataca frontalmente la tradición, sino que trata de incorporar sus aspectos positivos.

Este año, ninguno de los nuevos narradores presentes se ha caracterizado por una visión, podríamos decir, tan radical (sin que el término suponga ningún juicio de valor). Cristina Grande,  Javier Argüello y Ricardo Menéndez Salmón son autores de obras que no niegan en absoluto la narratividad discursiva, sino que buscan nuevos caminos para la narrativa en otros aspectos de la misma. Sobre el fondo de la polémica que se desarrolló hace unos meses a raíz de la publicación del decálogo de Vicente Verdú en el que detallaba las características que, a su juicio, debía tener la novela del futuro, la primera conclusión que se nos ocurre puede ser que sigue sin existir un camino único a la creatividad y que ambas perspectivas (y otras menos publicitadas) han sido capaces de construir obras muy prometedoras. Espero con fruición las siguientes obras de estos autores.